Y DESPUÉS DEL COVID-19…… (I)
La pandemia del Covid19 ha acelerado el proceso de cambio que, lentamente, se venía produciendo en el orden global. Estados Unidos (EEUU) llevaba tiempo mostrando señales de debilitamiento de su liderazgo mundial, entre otras causas, por el aislacionismo puesto en práctica por la administración Donald Trump. Como era de suponer, el espacio de poder que se ha ido abandonando por los EEUU no ha quedado huérfano y, en la gran mayoría de las ocasiones, ha sido China la que ha ocupado los huecos.
Desde la caída del Muro de Berlín, EEUU ha estado liderando ese orden global, aunque la existencia de otras potencias de primer orden entre las que estarían las pertenecientes al denominado G-7, con importantes capacidades materiales e inmateriales y la importancia de potencias medias como Austria, Dinamarca, Suecia, Holanda, Noruega, Israel, España y Corea del Sur y de potencias regionales como China, Unión Europea (UE), Rusia, India, Brasil, Pakistán, Irán, Méjico, Sudáfrica, Arabia Saudí, Argentina y Turquía le han dado a ese orden global un aspecto de fragmentación del poder. Las crisis del 2008 y de la actual pandemia, aunque han tenido efectos globales, han debilitado de forma especial, por una parte a las potencias medias, afectando a sus capacidades materiales, a sus procesos de modernización y a su influencia en el ámbito internacional y por otra parte a las potencias regionales, que van a atravesar un difícil periodo para poder mantener el nivel de sus capacidades materiales y por lo tanto de su potencial de influencia sobre la región de su interés geopolítico, además de que tampoco van a tener fácil progresar en lo que a sus capacidades inmateriales se refiere.
De esas potencias regionales solo China, que ya se destacaba antes de la crisis del Covid19, va a salir con ventaja, por delante de los países emergentes de la región asiática que en su conjunto parece que crecerán un 1% en el 2020. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé para China un crecimiento del PIB de 1,2%, por lo que se librará de la recesión que afectará a EEUU y a la eurozona, que contarán con decrementos del PIB del orden de 5,9% y 7,5% respectivamente. Otras potencias regionales, como Rusia, México o Brasil disminuirán sus PIB entre un 5 y un 6% aproximadamente. Por ello, a pesar de que la fragmentación del sistema internacional se pueda mantener más o menos, se va a hacer cada vez más patente el enfrentamiento entre EEUU, el hasta ahora el líder mundial y el aspirante a ocupar ese liderazgo, China. Puede que se vuelva a ver un mundo bipolarizado durante un periodo de tiempo, para terminar en una situación de hegemonía china, si otras potencias regionales como la UE, Rusia o el mismo EEUU no lo impiden. Aunque, por ejemplo, acciones emprendidas por cualquier potencia regional, con la finalidad de extender su territorio, podrían llevar a situaciones de máxima tensión a otras potencias regionales próximas que, viéndose incapaces de intervenir, se verían abocadas al descrédito, favoreciendo indirectamente la extensión del poder del gigante asiático.
Pero ¿está realmente China capacitada para ocupar esa posición? Y nos podemos preguntar también si China será un líder fiable.
En principio China cuenta con la ventaja de haber recuperado el 95 % de su capacidad productiva a los dos meses de haber iniciado el confinamiento de su población y lo ha hecho antes que otras potencias. Eso podría reforzar su posición como fabricante mundial de multitud de productos, en empresas de capital exclusivamente chino o deslocalizadas desde otros países con una, cada vez mayor, intervención china en su capital. Por otra parte, las potencias occidentales, afectadas por la recesión, se van a mirar al ombligo y van a intentar salir de la difícil situación como puedan, desatendiendo en gran parte sus áreas de interés geopolítico, en las que, poco a poco, irá penetrando China. Tampoco es probable que se dé una cooperación entre EEUU y la eurozona. En el caso norteamericano, porque la importante recesión que se prevé que pueda sufrir en 2020 le obligará a atender de manera prioritaria, sino única, a sus ciudadanos y al futuro económico de la nación. Y en el caso europeo, porque una recesión aún mayor que la estadounidense le obligará a mirar hacia dentro, además de que en el seno de la UE no parecen estar todos los países a una, más bien parecen estar afectados por una suerte de nacionalismos de diferentes calibres que pueden dejar muy heridas las bases cooperativas de la UE.
Al final China podría salir beneficiada de toda esta situación que supondría la pérdida de importancia del multilateralismo dado el debilitamiento de las potencias medias y regionales y, consecuentemente, la desatención de problemas globales como guerras, hambre, pobreza, sanidad, etc. China tendría entonces la ocasión de ir extendiendo su influencia y poder en todas esas áreas y situaciones, como de hecho ya ha comenzado a hacer, aprovechando la situación de la crisis sanitaria, reforzando relaciones económicas y políticas con diferentes naciones y estableciendo o reforzando rutas comerciales hacia África, Europa e Hispanoamérica.
A este posible panorama habría que añadir que el gigante asiático ha hecho una demostración de su capacidad tecnológica en el control de la pandemia, de igual manera que lo han hecho países con mayores rentas per cápita como Taiwán, Corea de Sur o Singapur. China ha apostado por la conectividad 5G y ha tomado claramente la delantera a EEUU y a otros países occidentales, con lo que ha alcanzado una situación privilegiada para extender su red de quinta generación (5G), ya que ni en Europa ni en EEUU se cuenta con empresa alguna que actualmente pueda rivalizar con Huawei (Figura 1, datos de noviembre de 2019).
Figura 1
En algunos campos de la tecnología todavía hay potencias occidentales que están, de momento, por delante de China como, por ejemplo, en inteligencia artificial o vehículos autónomos. Pero los cambios que la actual pandemia ha obligado a acometer en aspectos como las modalidades de trabajo, las comunicaciones, las relaciones interpersonales, las nuevas oportunidades y formas de negocio, el control de población contagiada y en cuarentena, ha evidenciado la necesidad de disponer de una red capaz de absorber el volumen y velocidad de comunicaciones y datos que todo ello precisa. Además, la posibilidad de que se vayan a producir nuevas pandemias obliga a una intensificación de los cambios ya iniciados e introducir otros nuevos en la automatización de cadenas de producción, en el control remoto de maquinaria y robots, en la asistencia sanitaria, en el comercio, en la banca, etc. También es previsible que se produzcan cambios en la estructura demográfica y urbanística actual, cambiando la actual tendencia a la concentración por la búsqueda de espacios más abiertos donde poder pasar con más comodidad y seguridad futuros confinamientos y ojalá ello suponga una distribución más racional de la densidad de población devolviendo vida al mundo rural . La actual pandemia ha demostrado que las denominadas Ciudades Inteligentes o “Smart Cites” (Figura 2) son entornos que han facilitado la contención de la pandemia y la gestión de la crisis sanitaria, tanto China, como Corea de Sur, Taiwán o Singapur han sido ejemplo de ello. Posiblemente, de ese esfuerzo tecnológico que supondrá la implantación de las Smart Cities, se puedan derivar avances en la conectividad de las poblaciones del entorno rural que repercutan en nuevas posibilidades de desarrollo de negocio y gestión de explotaciones agropecuarias. Para que todo este ecosistema digital, que deberá reunir diferentes tecnologías de vanguardia, sea eficiente, capaz y seguro requiere de una red 5G y por ahora es China la que está en condiciones de proveerla a través de su gigante Huawei, aunque con cierta competencia a cargo de Corea del Sur.
Fuente: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/05/una-oportunidad-para-redisenar-las-ciudades/
Figura 2
De lo dicho hasta ahora parece que el viento sopla a favor de China, pero ¿sería esta nación fiable como líder mundial? Se están alzando muchas voces que ponen en duda tal extremo. De un lado, la gestión de la crisis sanitaria en China parece tener su lado oscuro, no solo por la opacidad de la información y la dudosa veracidad de las estadísticas difundidas, ocultando las verdaderas dimensiones de la expansión del virus en su territorio, también porque las informaciones ofrecidas en lo referente a los aspectos médicos del control de la enfermedad no han sido ni oportunas en tiempo, ni suficientes, como para producir beneficio en otras naciones posteriormente afectadas. Por otro lado, el esfuerzo chino por aparentar que prestaba ayuda sanitaria a otras naciones gravemente afectadas por la expansión del virus queda disuelto como un azucarillo, cuando la realidad deja patente que su supuesto altruismo solo escondía una gran operación comercial de alto rendimiento, con materiales de dudosa calidad. Esta realidad y la evidencia de la dependencia de China en el abastecimiento de muchos productos que, en buena parte, resulto escaso y tardío, además de no contar con los requisitos de calidad necesarios, debería llevar a las naciones occidentales a revisar su concepción de la globalización y plantearse la relocalización de la producción que actualmente se realiza en China, aunque supusiera cierto esfuerzo económico porque, al fin y cabo, les facilitaría a esas naciones un mayor control de la producción, el almacenamiento en proximidad y una cierta garantía en la distribución y el control de calidad.
En definitiva, China puede que esté obteniendo ciertas ventajas en la carrera por el liderazgo mundial, incluso puede que su modelo de gobierno resulte atractivo para algunas naciones, sobre todo naciones en vías de desarrollo o naciones que ya están sometidas a gobiernos dudosamente democráticos. Pero independientemente de sus actuales capacidades productivas, que pueden verse afectadas por relocalizaciones industriales y de ciertas ventajas en la tecnología asociada a la 5G, que pueden ser absorbidas por naciones como Corea del Sur o quizás algún consorcio europeo y/o americano, su liderazgo moral y su forma de gobierno está en entredicho para gran parte del mundo y por lo tanto, le costará gran esfuerzo y muchos cambios ser reconocido como el líder del nuevo orden mundial.
Ahora, antes de que se repitan episodios pandémicos como el actual o parecidos, es momento de que los países de la UE se replanteen la situación y refuercen sus mecanismos de cooperación, incentiven la recuperación de las industrias deslocalizadas en China, volviendo a darle al factor trabajo la dignidad que perdió cuando se deslocalizaron las empresas en China y otros países del entorno y hagan un esfuerzo común para implantar la 5G, a ser posible sin dependencia de China, en ciudades y espacios rurales. A los EEUU, con ciertas ventajas respecto de la UE, en lo que a capacidades materiales se refiere y con algunas posibilidades en la carrera de la 5G, sobre todo en cooperación con Corea del Sur y/o Europa, le faltaría abandonar su posición aislacionista para constituir, junto a Europa, un freno a las pretensiones del gigante asiático.
Hay otra gran incógnita, Rusia, que podría destapar sus ansias expansivas, por ejemplo sobre Ucrania, o Moldavia, si el contrapeso de la UE no es lo suficientemente fuerte y creíble. Ya se verá como resuelven la situación nuestros políticos europeos. Si fuera por los que actualmente gobiernan nuestro solar patrio íbamos dados. Pero de eso hablaré la semana que viene.
LUIS BAILE ROY


2 comentarios en “Y DESPUÉS DEL COVID-19….”
Interesante publicación. "Sorprende" el liderazgo chino del mundo frente al debilitamiento de Usa y Europa sin que nadie profundice en los métodos y calidad de vida del trabajador. La sociedad está en un proceso de autoliquidación apoyada por plutocratas progres. ¿Dónde vamos?
Buen análisis de la situación. El mundo occidental está en declive