14 de abril de 2026 15:43

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

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NO NOS ENGAÑEIS, NO OS ENGAÑEIS

Aunque este domingo no tenía pensado a tratar este tema pues había previsto comenzar con lo que se viene llamando post-Covid19, no he podido sustraerme a la tentación de dar mi opinión sobre el asunto que estos últimos días ha escandalizado a una gran parte de los españoles y ha puesto en un peligroso estado de nervios a los políticos que dicen gobernar: la incomprensible destitución del coronel Pérez de los Cobos del mando de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, como consecuencia directa de su negativa a ser utilizado en una maniobra ilegal de intromisión del exjuez y hoy ministro Marlaska, en la labor de la juez que instruye el caso abierto contra el delegado del gobierno en Madrid y el doctor Simón.
La primera cuestión que me llama la atención es el motivo de la destitución: la pérdida de confianza. Para mi, burda excusa, ya que este coronel fue, desde 2006 y durante una larga temporada, asesor del que fuera Ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba, designado en 2011 Director del Gabinete de Coordinación de la Secretaría de Estado de Seguridad por el gobierno de Zapatero y confirmado en el cargo por el gobierno de Rajoy, encargado por este último gobierno de la coordinación del operativo policial durante el ilegal referéndum del 1 de octubre de 2017 en Cataluña y finalmente designado por el gobierno de Pedro Sánchez para el mando de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid. Independientemente de los primeros destinos de ese oficial y de su trayectoria en la lucha antiterrorista, los últimos e importantes cargos ocupados por ese oficial, con gobiernos de diferente signo político, demuestran su independencia, lealtad con sus superiores y respeto por la ley. Por todo ello, más me inclino a pensar que esta última característica ha sido la que ha provocado la “rabieta” del ministro Marlaska.









La segunda cuestión que ha provocado mi perplejidad ha sido la ofensiva de los voceros del gobierno y de los medios de comunicación subvencionados, contra el informe elaborado por la Unidad de Policía Judicial, equipo funcionalmente dependiente de la juez Carmen Rodríguez-Medel, quien decretó  “rigurosa reserva” sobre las investigaciones que ella dirigía, entonces cómo es posible que fuera conocido por aquellos que no lo han realizado sin haber quebrantado la ley. Ojalá la señora juez logre determinar cómo se produjo la fuga de información y actúe de oficio para defender la independencia del poder judicial. Pero también me ha dejado perplejo el desparpajo que han demostrado los políticos encargados de la ofensiva, al criticar la forma y el fondo del informe remitido a la juez, cuestión por otra parte del todo irrelevante en este asunto, cuando lo que hay que juzgar no es la calidad del informe, sino por qué se ha vulnerado el principio de no intromisión del poder ejecutivo en el judicial, al tratar de que un mando de la Guardia Civil revelara el contenido de una investigación sujeta a la “rigurosa reserva” y dirigida por una juez. Yo no conozco el contenido del informe, ni me preocupa en exceso, pero si me indigna que personajes con muy baja formación intelectual y de un calado cultural y ético tan poco profundo se permitan criticar un texto que quizás no puedan ni llegar a comprender.

La tercera cuestión que no solo me ha dejado perplejo, sino indignado, ha sido la campaña emprendida contra la juez Carmen Rodríguez-Medel. Una juez que, como el coronel Pérez de los Cobos ha demostrado su independencia y que, además, la ha emprendido contra los unos y los otros cuando ha habido que hacerlo, sin aspavientos ni vergüenza, sin considerar el color del presunto delincuente. Se le achaca ser familiar de guardias civiles, de tener preferencias por ese cuerpo y de unas cuantas estupideces más, acusaciones propias de peleas en los patios de los colegios a los que sus detractores fueron poco. La señora juez lleva una causa contra el delegado del gobierno en Madrid, el señor José Manuel Franco (vaya, ya salió Franco a relucir), como consecuencia de haber admitido a trámite una denuncia por presunta prevaricación y otros delitos. Menos mal que la instrucción judicial solo se lleva a cabo sobre la actuación del delegado del gobierno, imagínense que se llevara a cabo contra algún miembro del gobierno, ¿de qué calibre serían los infundios dirigidos contra la juez?

Y el caso es que, al final, el empeño de toda esa banda de desaliñados y sudorosos trabajadores de la desinformación y la mentira es tapar las vergüenzas de sus señores. Diga lo que diga el informe del equipo de Policía Judicial dependiente de la juez, lo tomen en consideración o no, los hechos objetivos son demoledores, no solo para el delegado Franco (pobrecillo llevar a cuestas ese apellido siendo del PSOE), lo son sobre todo para una buena parte del gobierno actual. Sí, los hechos son contundentes y para que la gente empecinada los entienda se pueden mostrar con “santos”, como en los inventos del TBO, que a mi parecer, pocos de ellos disfrutaron y entendieron. Por eso voy a volver a poner la gráfica de otras veces, un poco retocada para que puedan entender las señoras Lastra y Calvo y los señores Ábalos, Simón y Marlaska, entre otros, que la fecha clave fue el 8M y no porque las manifestaciones o mítines celebrados ese día fueran o no focos importantes para la propagación del virus, demostrar eso precisaría de una investigación casi imposible, sino porque hasta pasada esa fecha el gobierno no quiso tomar ninguna medida preventiva seria y eficaz, aun conociendo la peligrosidad de la situación que estaba siendo provocada por el coronavirus.

No se debería haber dado la ocasión de que nadie pusiera una denuncia contra nadie. Dados los resultados de su inacción, el gobierno en pleno debería de haber dimitido a final de marzo, cuando ya estaba claro que la situación se les había escapado de las manos por su tardía reacción. Pero claro eso es mucho pedir a este personal que ha llegado al poder de pura chiripa y a base de inconfesables y ocultos pactos, debido a los que, poco a poco, vamos a ir viendo cómo se da satisfacción a las aspiraciones de los separatismos más racistas y las de los nostálgicos de las dictaduras del proletariado, aprovechando cuanto antes la confusión de esta crisis.

Si, Pablo y compañía, eso es lo que añoráis tu y los que te «orientan», “la dictadura del proletariado” porque, como no habéis vivido en ninguna, no conoces nada de sus verdaderas ventajas, más que lo que te han contado en tu adoctrinamiento, en el que también te han enseñado que hay que aprovechar cualquier medio y ocasión para alcanzar el poder y desde él subvertir todos los fundamentos de la sociedad que quieres dominar. Pero no engañes Pablo, a ti lo del proletariado te la trae el pairo, tu lo que quieres es ser “el Gran Dictador”, cada día te vas pareciendo más al personaje de la película de Charles Chaplin. Entre tus palabras siempre se escapa tu aversión a la separación de poderes; en tu actitud siempre trasluce el chulo amenazador que llevas dentro, aunque lo intentes ocultar con caritas de cordero degollado y voz de salesiano jubilado; en tus actos se descubre el desprecio que sientes por la mayoría del género humano, mira sino el resultado de tu gestión, tan alegremente asumida, de las residencias de personas mayores de toda España. Solo esperas un tropezón de Pedro, tu pareja en los “Picapiedras”, para conseguir tu ilusión de llevarnos a la ruina y para enseñarnos entonces cuales son nuestras necesidades y racionar a tu gusto la satisfacción de las mismas, supongo que ya estarás pensando en una factoría de “troncomóviles” para que todos los españolitos vayamos de vacaciones a donde sea tu menester.

Es inimaginable esperar un gesto de vergüenza, no digamos de nobleza, de este personal que no reconocerá jamás sus errores y que justifica los mejores resultados de nuestro vecino Portugal porque está más al oeste. Por ello tiene que dedicar todos sus esfuerzos a tapar sus trapos sucios, controlando a las instituciones de la administración del Estado, del poder judicial o del legislativo, por los medios que sean, aunque fuesen ilegales. Y lo hacen de una manera tan natural y descarada que incluso podrían embaucar a los incautos, porque lo hacen como si estuvieran vendiendo en un mercadillo la mejor imitación de un bolso de cinco mil euros. Pero no lo hacen solos, sus desvergonzadas palabras son repetidas y repetidas por esos medios de comunicación a los que se han dedicado a pastorear durante años para sacarles ahora el rendimiento. Han llegado al poder y se han encontrado con una circunstancia que no esperaban, pero que les facilita ejercer el control social e institucional que necesitan para llevar a cabo su hoja de ruta, ¿será eso de la “nueva normalidad”? A mi lo de nueva normalidad me suena mal, mira por donde, es como si la normalidad tuviera que ser decretada y establecida por ellos, cuando lo normal surge y fluye con naturalidad desde y entre nosotros, la gente. Para que se meterán es contarnos lo que es y no normal.

Volviendo al principio, a lo que ha originado el interés por escribir estas letras, gestos como los del Teniente General Laurentino Ceña, del coronel Pérez de los Cobos y de la Juez Carmen Rodríguez-Medel infunden algo de esperanza, porque son demostración de que en España sigue habiendo personas con fuerza moral y con honor. No se si se van a seguir produciendo intrusiones en el poder judicial, tampoco estoy seguro de que el Ministro de Interior deje de recurrir a los ceses inexplicables. Todo puede esperarse de personajes de ese calibre, que son capaces de hacer coincidir descaradamente el ataque a la cabeza de una institución tan valorada como la Guardia Civil, con una escuálida subida de sueldo a los guardias civiles, con la esperanza de que con ello se calmarían las aguas. No se entera el Sr. Marlaska, no se entera el Sr. Sánchez, los guardias civiles se merecen esa subida y bastante más, porque trabajan más y son más leales que otros que se benefician de condiciones económicas “diferenciales”. Pero no solo se merecen un sueldo justo, necesitan mejores acuartelamientos y condiciones de vida, además de unos presupuestos acordes con la gran labor que desarrollan. No se engañen señores, no nos engañan.

LUIS BAILE ROY

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Luis Baile Roy

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