MALDITA CRONOLOGÍA
El día 23 de octubre, miércoles, se dieron a conocer las primeras previsiones de la AEMET, acompañadas de notas informativas y avisos especiales que hacían referencia a una elevada probabilidad de “gota fría” en Murcia y Valencia, a partir del día 28 y llamando la atención especialmente sobre el martes 29. No obstante, esos avisos no contaban entonces con un nivel alto de certeza.
Llegado el lunes 28 de octubre, se repitió el aviso de la AEMET, advirtiendo de la gran cantidad de lluvia que se esperaba para el siguiente día. Así, el 29, sobre las 6.42 la agencia meteorológica emitió un aviso “naranja” en el que incluía a las zonas que luego resultaron arrasadas en la provincia de Valencia. Una hora después, sobre las 7.35, cuando ya llovía con gran intensidad en las poblaciones del interior, barrancos arriba, el nivel de alerta pasó a ser “rojo”, el más alto de los cuatro con los que trabaja la AEMET. La DANA (Depresión Aislada de Niveles Altos) ya se había desatado.
A las 9.48 se emite el aviso “rojo” a todo el litoral valenciano y, unos doce minutos más tarde, el Centro Coordinador de Emergencias de la Generalidad valenciana, dependiente de la Consejería de Justicia, declara la “alerta nivel rojo”. En la parte alta de los barrancos llevaba ya más de dos horas jarreando, tanto que sobre las 11.30 se desborda el barranco de Chiva, que aguas abajo, junto a las aportaciones de otros arroyos y ramblas, se une al barranco del Poyo. Antes de alcanzar Torrent el caudal de todas estas aportaciones hídricas alcanzaba los 2.230 m3/seg, una cifra muy superior a otras crecidas anteriores.
A las 12.20 el Centro Coordinador de Emergencias, como consecuencia de la información de la Confederación Hidrográfica del Júcar, emite la alerta hidrológica a las poblaciones del barrancos del Poyo o de Torrent. Sin embargo, sorpresivamente, a las 13,00 Carlos Mazón declara que la intensidad de la DANA va a ir disminuyendo, aunque en la parte alta de los barrancos no dejaba de llover y el barranco del Poyo estaba apunto del desbordamiento, cosa que sucede sobre las 18.30 de la tarde inundando violentamente las poblaciones por las que transcurre, desde Torrent a Catarroja.
A la gran cantidad de lluvia caída copiosa y reiteradamente, hay que añadir los perversos efectos de la ausencia de limpieza de los cauces, con lo que la maleza y diversos materiales arrastrados se fueron acumulando en los ojos de los puentes y en las pasarelas, produciendo la rotura de esas infraestructuras y el aumento de la, ya de por sí alta, presión de la ola de agua descendente y desbordada.
Asombrosamente, con decenas de miles de personas ya afectadas por la inundación, cuando ya flotaban los coches por las calles y los garajes, sótanos y bajos estaban inundados, a las 20.12, se lanza la alerta de Protección Civil mediante mensaje SMS, recomendando a la población no salir del domicilio ni hacer desplazamientos. En las poblaciones más próximas a la costa no había llovido todavía y, si no tenían noticia del desbordamiento de aguas arriba, ni de la salvaje riada que se les venía encima, no cayeron en tomar las medidas adecuadas.

MALDITA RATONERA
Cayeron en una maldita ratonera por la falta de responsabilidad de unos y la descoordinación de todos, por no tener adecuados los protocolos de actuación a la más que conocida realidad climatológica de la zona, por no mantener limpios los cauces de los cursos de agua, siguiendo los dictados de unos trasnochados y desnortados ecologistas de salón y por dejar construir en algunas zonas de alto riesgo de inundación.
Al parecer, tres de cada diez edificaciones de ese área metropolitana de Valencia están construidas en zonas previamente declaradas inundables. Por lo que se ve, la voracidad especulativa de algunos ayuntamientos no tiene límite, como ya se ha visto en otras ocasiones y en otras zonas de nuestro país. Que el control y la calificación de los suelos esté en manos de los ayuntamientos no está mal, en principio, pero que en un país como España, en el que tenemos que sufrir un exceso inexplicable de legislación, tanto de nivel estatal como autonómico, se dé ese nivel de descontrol y tolerancia en la calificación de los suelos por parte de los ayuntamientos es inexplicable, sino delictivo. Es una muestra más del mal común que afecta a casi todos los niveles de poder político: la corrupción. Una deshonestidad que en esta ocasión conlleva un resultado de muerte y desolación.
En adición a esas corruptelas tenemos, por lo visto en esa cronología, una evidente ineficacia y falta de responsabilidad de los dirigentes políticos y funcionarios de esa cadena de organismos autonómicos que debían haber tenido en cuenta los avisos y advertencias de la AEMET y la Confederación Hidrográfica del Júcar. Su actuación no se corresponde con lo que se podría esperar de alguien que se supone conoce su región y, entre otras cosas, las habituales “gotas frías” que repetidamente afectan a su litoral mediterráneo. Conocimiento que les debería haber movido a revisar, actualizar y difundir las medidas de alerta, actuación y reacción ante esos fenómenos tan habituales en su autonomía, incluso a realizar simulacros, instruir a la población y tener prevista la logística necesaria para poder responder a las necesidades básicas de la población en esas situaciones.
Posiblemente estén más ocupados en quedar bien ante ese lobby ecologista que, apoyado en la obediencia de la UE a la Agenda 2030, ha logrado que, tanto la limpieza de los ríos como la de los bosques, sean consideradas actividades delictivas. Despropósito que, no solo ha afectado negativamente a la vida de buena parte de nuestro mundo rural, sino que también ha incrementado la virulencia de las crecidas de los arroyos y ríos y las probabilidades de propagación de los incendios forestales.

MALDITA OMISIÓN
Pero no se queda todo en el ámbito de la Comunidad valenciana. En una situación como la que se vivió en la zona inundada, arrasada, por la DANA que se produjo el día 29 de octubre, actuase como actuase el gobierno de la Generalidad, lo hiciera como lo hiciese, la situación exigía la reacción inmediata del Estado. Al día siguiente debían estar moviéndose hacia Valencia todos los medios, militares y civiles, necesarios para socorrer a toda esa población que sufría un desastre épico. No solo la famosa UME, también el Ejército, Policía, Guardia Civil, Bomberos, Protección Civil….
Sin embargo, al presidente se le ocurrió la idea feliz: “Si necesitan algo, que lo pidan”. ¡Que irresponsabilidad! ¡Que falta de empatía! ¡Que cinismo! Era como decirle a Mazón: espero que te estrelles y luego ya me cuentas. No nos engañas Pedro, tu eres tan incapaz como el presidente de la Comunidad valenciana, o más. Aún es más, tú y tu gobierno no habéis querido lidiar con una emergencia de ese calibre, ni siquiera os habéis querido poner a prueba, por eso habéis incumplido deliberadamente unas cuantas normativas legales con la finalidad de dejar a Mazón hundirse solo y lo habéis hecho con la vista puesta en las siguientes elecciones autonómicas, que es lo que podéis llegar alcanzar con vuestra miope mirada.
No habéis cumplido, ni ahora ni antes, con la Ley 17/2005 del Sistema Nacional de Protección Civil, al menos en lo que determina en los tres primeros apartados del artículo 3:
“Artículo 3. El Sistema Nacional de Protección Civil.
1. El Sistema Nacional de Protección Civil integra la actividad de protección civil de todas las Administraciones Públicas, en el ámbito de sus competencias, con el fin de garantizar una respuesta coordinada y eficiente mediante las siguientes actuaciones:
a) Prever los riesgos colectivos mediante acciones dirigidas a conocerlos anticipadamente y evitar que se produzcan o, en su caso, reducir los daños que de ellos puedan derivarse.
b) Planificar los medios y medidas necesarias para afrontar las situaciones de riesgo.
c) Llevar a cabo la intervención operativa de respuesta inmediata en caso de emergencia.”

Tampoco habéis actuado conforme a lo que determina su artículo 5:
“Artículo 5. Derecho a la protección en caso de catástrofe.
1. Todos los residentes en el territorio español tienen derecho a ser atendidos por las Administraciones públicas en caso de catástrofe, de conformidad con lo previsto en las leyes y sin más limitaciones que las impuestas por las propias condiciones peligrosas inherentes a tales situaciones y la disponibilidad de medios y recursos de intervención.
2. Los poderes públicos velarán por que la atención de los ciudadanos en caso de catástrofe sea equivalente cualquiera que sea el lugar de su residencia, de conformidad con lo establecido en el artículo 139.1 de la Constitución.”
De igual manera tampoco parece que os haya preocupado demasiado en cumplimiento de lo que establece esa misma Ley en sus artículos 6, 12, 28, 29, 30, 34 y 37, muchos de los cuales, si no todos, afectan directamente al Ministro del Interior, cargo que ocupa actualmente un personaje capaz de justificar cualquier cosa, pero incapaz de dar la cara en los momentos difíciles y que siempre sestea a la sombra de su señor con tal de no quemarse al sol de la cruda realidad.
Pero la cosa no queda ahí, el Gobierno ha impedido durante un tiempo decisivo, en unos momentos clave para la población afectada por esta DANA, que las FAS pudieran cumplir con la misión que le encomienda la Ley Orgánica 5/2005, de la Defensa Nacional, en su artículo 15. 3:
“Las Fuerzas Armadas, junto con las Instituciones del Estado y las Administraciones públicas, deben preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, conforme a lo establecido en la legislación vigente.”
Provocando la frustración y el desasosiego en infinidad de militares, que sabían perfectamente lo que deberían estar haciendo desde el primer momento en que se desató esta tragedia y esperaron con indignación unas órdenes que tardaron demasiado en llegar.
Las posibilidades que os otorgaban los artículos 4 a) y d), quinto y séptimo de la Ley Orgánica 4/1981, de los estados de alarma, excepción y sitio, fueron igualmente ignoradas por vosotros, por el gobierno de todos los españoles y lo hicisteis a la espera de que el presidente de la Generalidad valenciana cometiera errores cuya factura le fuera cobrada en las siguientes elecciones autonómicas.
“Artículo cuarto.
El Gobierno, en uso de las facultades que le otorga el artículo ciento dieciséis, dos, de la Constitución podrá declarar el estado de alarma, en todo o parte del territorio nacional, cuando se produzca alguna de las siguientes alteraciones graves de la normalidad.
a) Catástrofes, calamidades o desgracias públicas, tales como terremotos, inundaciones, incendios urbanos y forestales o accidentes de gran magnitud.
d) Situaciones de desabastecimiento de productos de primera necesidad.
Artículo quinto.
Cuando los supuestos a que se refiere el artículo anterior afecten exclusivamente a todo, o parte del ámbito territorial de una Comunidad Autónoma, el Presidente de la misma, podrá solicitar del Gobierno la declaración de estado de alarma.
Artículo séptimo.
A los efectos del estado de alarma la Autoridad competente será el Gobierno o, por delegación de éste, el Presidente de la Comunidad Autónoma cuando la declaración afecte exclusivamente a todo o parte del territorio de una Comunidad.”
No hay mayor muestra de zafiedad que vuestro nefasto cálculo político. Y, encima, el presidente del gobierno sale tarde a la palestra a hacer una declaración institucional, por supuesto sin preguntas de la prensa, en la que pronuncia una frase que espero le retumbe en la cabeza cada vez que repose la cabeza en la almohada: “Si necesitan más recursos que los pidan”.
CAPACIDADES HAY, VOLUNTAD TAMBIÉN
Allí, a pocos kilómetros de donde se había producido esa tragedia, hay una buena cantidad de medios para poder socorrer a la población afectada, vehículos pesados para transportar y/o socorrer a las personas, helicópteros para efectuar rescates, medios logísticos para suministrar comida, agua, material sanitario y de aseo, material de campamento. Un poco más lejos, pero con la posibilidad de acudir en muy pocas horas, hay medios para reforzar las capacidades logísticas, de transporte y de rescate. También Unidades de Ingenieros para despejar y habilitar las vías de comunicación, Unidades de buceadores para colaborar en rescates y en la búsqueda de desaparecidos. Además de contar con mucho personal para apoyar, a la población de la zona y a los muchos voluntarios que ya habían acudido, en la limpieza de calles, casas, centros de salud, escuelas, empresas, etc.
Capacidades hay y voluntad por parte de todas esas Unidades nunca falta, ellos saben perfectamente para que están y a quien se deben, a su pueblo. ¡Dios, qué buen vasallo! (…) ¡Si oviesse buen señor! Así comienza el vigésimo verso del Cantar de Mío Cid, así estamos a estas alturas del siglo XXI. Una pena.
3 comentarios en “¡Dios, qué buen vasallo! (…) ¡Si oviesse buen señor!”
Lo que ha acontecido es una lógica consecuencia del modo de dominación oligárquico que caracteriza la forma de Estado y Gobierno actual. Extremado en este caso por cálculos «politiqueros».
Solo en un sistema «más, mucho más,» democrático que el actual se crearía una dinámica que atenuaría estas y otras conductas que atentan contra las condiciones materiales de vida y contra la vida misma de los ciudadanos españoles.
Dentro de este sistema no-hay-esperanza.
Esto es todo genial y dolorosamente cierto
Esto pone en evidencia la torpeza de unos y la mezquindad de otros y demuestra la ineficacia de este Estado Autonómico elefantiasico, para disfrute de los políticos y ruina nuestra