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Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

LA DESIGUALDAD QUE LES DA IGUAL

¿Qué encontrarás en este artículo?

Debemos reconocer que en España la desigualdad de ingresos se ha ido corrigiendo desde principios del siglo XX. A comienzos del pasado siglo el 10% más favorecido de la población, acumulaba el 52,3 % de los ingresos, mientras que en el año 2015 solo alcanzaba el 34,5 % de los ingresos totales. Es decir que ese año estábamos, en cuanto a desigualdad de ingresos, peor que Francia, Italia, Noruega o Suecia, pero habíamos logrado una mejor posición con respecto a Gran Bretaña o Alemania y no digamos comparándonos con EEUU.


Fuente: World Inequality Database

Por supuesto no es para tirar cohetes, ni mucho menos. Sobre todo teniendo en cuenta que, en España, en el año 2021 el 1% más favorecido acumulaba el 12,4 % de los ingresos totales que, sumados a los 22,1% del siguiente 9% más favorecido, dejaba para el restante 90% de la población solo el 65, 5 de los ingresos.

Insisto, a pesar de todo, aunque parezca mentira, según las estadísticas de los países de nuestro entorno, no estamos mal situados. No digamos en comparación con otros países del continente americano, África o Asia. Sin embargo, es una situación que particularmente no me consuela. En primer lugar porque el progreso debe ir acompañado de un justo reparto de beneficios, de una generalización del bienestar y de unas instituciones de calidad que ofrezcan seguridad legal. Y en ninguno de estos aspectos hemos mejorado últimamente, más bien al contrario.

   En segundo lugar, disminuir la desigualdad depende, en gran parte, de que se logre la igualdad del capital humano. Es decir, que lograr una mayor igualdad estará en función de los recursos que se inviertan en salud, habilidades y conocimientos, en experiencia y en los hábitos de la población.  Pero la igualdad del capital humano se logra sobre todo mediante la inversión en educación, disminuyendo el abandono y fracaso escolar, elevando la calidad de la enseñanza y en particular de los estudios universitarios, y asegurando la igualdad de oportunidades en todas las fases de la educación. Y, en este sentido, me da la sensación de que tampoco hemos mejorado. Estamos entre los países con una tasa de fracaso escolar más alta, con una Formación Profesional mal planteada y orientada, con unas universidades con índices de calidad cada vez más bajos y con una Ley de Educación que prácticamente condena la excelencia y el esfuerzo, que se ha quedado vacía de valores. Para rematar el despropósito, la universidad, antaño prácticamente gratuita, se ha convertido en un lucrativo negocio organizado entorno a los dichosos “master”, invento del sistema de Bolonia, que han terminado de dar la puntilla a la igualdad de oportunidades. Toda esta problemática, dicho sea de paso, se agrava hasta el encono en el caso de las CCAA gobernadas por partidos de índole nacionalista.

Otro aspecto que impide mejorar nuestro índice de desigualdad es el “pertinaz” paro. En otras épocas el calificativo de pertinaz se lo aplicaban a la sequía, la madre de todos los males que acaecían en ciertos momentos de aquel régimen. Lo cierto es que la sequía era algo que solo dependía del tiempo, si no llovía ya podíamos hacer lo que quisiéramos, el campo se arruinaba. Pero el paro que arrastramos, que parece no tener posibilidades de disminuir más allá de unos pocos puntos porcentuales, es de exclusiva responsabilidad de nuestra clase política, de izquierdas, derechas y de centro. Porque una se atrevió a hacer la mal llamada reconversión industrial, que realmente fue un desmantelamiento de la industria nacional, para mayor gloria de algunos buitres, de la CEE y nacionales, con el cómplice silencio sindical. Y los otros miraron para otro lado y, cuando les tocó gobernar la nave, se dejaron llevar por la corriente excesivamente liberalista que traían los aires europeos. El resultado es que estamos en el primer lugar de la UE en lo que a la tasa de paro se refiere, alcanzando la del paro juvenil niveles de tragedia nacional. El caso es que paro es el responsable del 80% de la desigualdad en España. Y, aun así, nuestros políticos, no solo han asumido la desindustrialización y la injusta concentración industrial en unas pocas zonas del territorio nacional, sino que han sido incapaces, en 30 años, de buscar una solución a ese defecto estructural que mantiene a una gran parte de la población sumidos en la incertidumbre, sino en la más absoluta escasez de recursos.

   Solo el Estado de Bienestar, a duras penas mantenido, amortigua los efectos del “pertinaz” paro. Pero hay que tener en cuenta que, las ayudas económicas, las subvenciones y los bonos, solo son costosos parches que no arreglan la rueda de la bicicleta para mucho tiempo. Al final la rueda volverá a fallar y la bicicleta dejará de rodar y el ciclista se caerá.

Luchar contra la desigualdad en nuestra nación no se puede hacer pensando en mantener a los desfavorecidos en un estado de inactividad, más o menos pobremente, remunerada. Se trata de sacarlos de esa dinámica, de ofrecerles actividad dignamente pagada. No he buceado en las profundidades de los presupuestos del Estado, pero me da la sensación de que, de hacerlo, podría encontrar partidas perfectamente prescindibles, unas por ser parte del banco pintado de unos presupuestos incrementalistas, otras por formar parte de compromisos con unos agentes sociales que deberían autofinanciarse y otras muchas por inconfesables compromisos con grupos de poder, lobbies y asociaciones varias de escaso interés social, fuera de constituir la apoyatura multicolor de unos pocos políticos que adornan su trasnochada ideología con las ocurrencias de esos grupos. Todas esas esas partidas y una decidida voluntad política, acompañada del conocimiento de los buenos técnicos con que cuenta la Administración del estado, podrían ser aplicadas al apoyo a la investigación, al emprendimiento y a reducir las trabas administrativas y gastos que deben soportar los verdaderos motores de la sociedad, los creadores de empleo, los que traman el tejido productivo de la nación, sean industriales, agricultores, ganaderos, hosteleros, etc.

Los políticos de los que nos beneficiamos han dejado abandonados a una buena parte de los pequeños y medianos empresarios de nuestro país. Las ayudas directas que se han visto en Alemania, Francia, Italia y otros países, aquí han brillado por su ausencia. El paro se ha disparado, sobre todo el juvenil. Vienen aplicando subidas de impuestos continuas, a pesar de que el esfuerzo fiscal que soportamos ya esta en unos niveles bastante altos, entre los países de nuestro entorno. En definitiva, para lo que importa al ciudadano de a pie, son un desastre y para poner la guinda en el pastel, la desigualdad, después de dos años de pandemia se ha incrementado, perdiendo lo poco que se había logrado amortiguar desde la recuperación de después de la crisis del 2008.

Pero ellos a lo suyo, leyes de desmemoria, leyes de desigualdad de sexos, leyes de transexualidad, leyes de seguridad nacional (léase de seguridad para ellos), etc, etc y, si eso no fuera suficiente, ahora empieza el sainete de Ucrania, con el que seguro que nos vamos a divertir bastante con estos estrategas de tasca. Dentro de pocos días puede que veamos a Sánchez emulando la proeza de la famosa “foto de las Azores”, pero esta vez con el viejo Biden. Pero de todo este sainete ya haré un especial entre semana.

Zaragoza, 23 de enero de 2021

LUIS BAILE ROY

 

 

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

1 comentario en “LA DESIGUALDAD QUE LES DA IGUAL”

  1. La desigualdad no desaparecerá nunca al menos hay que intentar reducirla pero no mediante subvenciones sino con apoyo al emprendedor y por supuesto nunca con políticas comunistas porque entonces lo que se reparte en igualdad es la miseria.

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