17 de abril de 2026 23:11

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

LA PASIVIDAD DE UN PUEBLO TIENE UN LÍMITE. ¿DÓNDE ESTÁ EL NUESTRO?

¿Qué encontrarás en este artículo?

ENTRE LOS HABSBURGO Y LOS BORBORES

Las penas fueron a más para los españoles cuando, al final de sus días, Carlos II cambia su decisión sobre la cuestión de su sucesión. Inicialmente estaba previsto que sería sucedido por José Fernando de Baviera sin que la sucesión supusiera ninguna merma para el imperio español. Este príncipe, sobrino nieto del rey,  murió en extrañas circunstancias ¡oh casualidad! Por lo que posteriormente, en el Tratado de Reparto, cuyo nombre ya indica el nivel de carroñería que se daba en las casas reales europeas, se acepta de mala gana que la sucesión recayera en el archiduque Carlos de Austria. Carlos II acepta la designación de Carlos de Habsburgo, su candidato preferido y deja claro que no admite la pretendida disgregación del imperio español en Europa, que tanto perseguía Luis XIV Francia.

Felipe de Anjou
Carlos de Habsburgo

Mientras tanto el embajador francés, el siniestro e inteligente Harcourt, maniobra entre la nobleza española contraria a los eficaces válidos de Carlos II y entre la influyente y frecuentemente desacertada élite del clero español. Como resultado logra crear un ambiente de odio hacia los “alemanes”, es decir hacia todo lo que tuviera algo que ver con los Habsburgo y las élites españolas que habían logrado sanear la Hacienda Real y mantener óptimamente un imperio sin atisbo de imperialismo. La guinda a sus pretensiones contra los “alemanes” la pone mediante el provocado Motín de los Gatos, con el que logra la sustitución del Conde de Oropesa (Manuel J. Álvarez de Toledo) y otros eficaces válidos del rey por una pléyade de personajes afrancesados. A la vez, Luis XIV maniobra por tierra y mar para impedir la llegada a España de Carlos de Habsburgo, que ya había sido formalmente designado por Carlos II como sucesor. El rey francés lo logra gracias a su potente armada y por el peligro que suponía para la integridad física del heredero su traslado por tierra atravesando Francia, porque aún se recordaba que el anterior heredero de la corona de España murió en extrañas circunstancias. Dado que el heredero no pisaba territorio español, Harcourt presionó a Carlos II con cantos de sirena, que luego devinieron en falsedades, para que designara sucesor a Felipe de Anjou, nieto del absolutista Luis XIV. En el mismo sentido actuaron la nueva élite afrancesada de la nobleza española e incluso el Papa Inocencio XII. Las presiones hicieron mella en un debilitado y casi moribundo monarca que, finalmente, firmó el testamento por el que designaba sucesor a Felipe de Anjou.

El 1 de noviembre de 1700 muere el Rey de España y poco después el nuevo rey fue proclamado, en Versalles y por su abuelo el Rey de Francia , como Felipe V. A partir de ahí empieza el control político de España por Luis XIV, mediante su nieto y colaboradores especialmente enviados por el monarca francés a la corte española. Pero sobre todo comienza la descarada la utilización de hacienda española, saneada por los austracistas, para apoyar las aventuras guerreras de Luis XIV, que la deficitaria hacienda francesa no podía costear. Comienza la penosa supremacía de las élites afrancesadas, pesada losa que alcanza hasta nuestros días.

HACE 216 AÑOS SE ATREVIERON

Por no alargar este prólogo histórico, me voy a situar en 1808, hace 216 años ya. En una situación de crisis sin parangón desde hacía más de 300 años, provocada por la ineptitud de la élite de aquella nobleza que tomó partido, poco antes de la muerte de Carlos II, por las maneras francesas de proceder en casi todo, deslumbrados por la opulencia de una falsa grandeza soportada por una ruinosa hacienda que no dejaba de vampirizar a la sociedad francesa y a la española entre otras. Aquellas élites, se afanaron en practicar el vasallaje más innoble hasta tal punto que un día España se encontró con un ejército que de invitado pasó a invasor de la noche a la mañana. Ninguno de ellos lo predijo, ningún ministro de Carlos IV había previsto una contingencia como aquella (¿quizás Godoy?), ninguno de ellos se había preocupado por tener un ejército a la altura de la nación que gobernaban, con las capacidades para poder responder a las amenazas ciertas que abundaban en Europa. Ninguno de ellos quiso, ni supo, parar la sangría económica que supuso la intervención de Francia, desde Luis XIV, en el comercio con la España del otro lado del Atlántico. Todos eran muy felices en su burbuja de lujos, corrupción y vacío moral. Aquella fue una crisis muy profunda, de consecuencias nefastas para toda España, pero se salió de ella única y exclusivamente por la respuesta unida, valiente, sacrificada y constante del pueblo español y de unos cuantos líderes civiles y militares que supieron responder y estar a la altura del pueblo.

FRUSTRACIÓN

Pero en 1814, seis años después, una vez liberados del invasor francés, se cometió el peor de los errores que se pudieron cometer, el espejismo de las ejemplares Cortes de Cádiz se quedó en eso, un espejismo, una ilusión manipulada y frustrada. A final, las riendas de la Nación volvieron a las ávidas manos de las mismas élites que no solo no supieron resolver aquella crisis, tampoco habían querido, o sabido, adoptar con tiempo las medidas adecuadas para disponer de capacidades de disuasión y respuesta suficientes. Pero ahora, 216 años después del levantamiento popular de 1808, parece que la soporífera TV y los medios de aborregamiento social están logrando que el pueblo español permanezca impasible ante una crisis de todo tipo que con altibajos nos acompaña, al menos, desde de que Zapatero pisara la Mocloa, para dejarnos enseñanzas tan profundas como aquella que, tan desahogado él, soltó en Copenhague:  «La tierra no pertenece a nadie. Sólo al viento«, a la vez que nos dejaba el país hecho cisco y al Banco de España con un tercio menos de reservas auríferas.

Cortes de Cadiz

FRUSTRADOS Y ATREVIDOS

Un pueblo que, ante unos tiempos confusos, plagados de mentiras y corrupción, ante una élite política moralmente vacua que no sabe más que exprimirle a base de impuestos poco justificados y con una renta per cápita relativa cada vez más baja, se levanta cada mañana, para sacar adelante a los suyos, dando ejemplo de una constancia y laboriosidad que no se ve en los que se arrogan su representación. Un ejemplo que incluso están dando esos abuelos que no pueden descansar tranquilos porque, de una u otra forma, tienen que echar una mano a sus hijos y nietos, a los que, debido a la mala praxis de nuestra querida élite política, ciegamente globalista y capitalista, se les ha condenado a vivir en una situación económica, laboral y social peor que la de sus padres y abuelos. También las empresas, sobre todo las PYMES, que son la mayor parte de nuestro tejido empresarial, que están sometidas a una continua falta de seguridad jurídica y a una presión fiscal prácticamente confiscatoria, están dando ejemplo de seriedad, compromiso, eficacia y capacidad de supervivencia y, además, de capacidad para reinventarse y adaptarse permanentemente, buscando nuevos mercados interiores y exteriores. Tampoco puedo olvidar a la sociedad civil, a esas organizaciones y asociaciones que, altruistamente, ayudan a las personas en dificultades o con pocos recursos a poder llevar una vida mínimamente digna.

Una sociedad, en definitiva que está viva, o mejor dicho, que aún intenta seguir viva, a pesar de los esfuerzos en sentido contrario de esa élite política, fiel al globalismo mal entendido, que intenta reemplazarla a su gusto. Para mí es una incógnita quien triunfará en ese duelo que se está manteniendo; por un lado soy pesimista porque, a ese pueblo tan madrugador y laborioso, también lo veo dormido y adoctrinado en los centros de enseñanza, incluso en las universidades, y por los medios de desinformación controlados desde el poder, lo veo pasivo. Aunque, por otro lado, veo algunas señales, algunas iniciativas, que se rebelan contra lo que se ha decretado como políticamente correcto e intentan remover conciencias e ilusiones, que pretender resucitar en el pueblo sus ambiciones de progreso en libertad, de justicia y de verdadera democracia. Ojalá los que promueven esos proyectos sean capaces de despertar a ese pueblo durmiente, ojalá no dejen de intentarlo, ojalá no dejen de existir.

Nunca será como aquellos héroes que se levantaron contra el invasor francés con lo que tenían a mano, palos, navajas, herramientas de labranza, algún que otro mosquete y lo poco que pudieron aportar las unidades militares y milicias provinciales que habían podido sustraerse de las traiciones y del invasor, ni siquiera como lo de aquellos idealistas de la primera hora del 15 M, tan pronto reconducidos por el modo marxista de conducción de masas, pero sería bueno imitar la resolución y el valor de aquellos, sería bueno ATREVERSE.

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

2 comentarios en “ATREVIDOS”

  1. Gracias Luis por esta lección de historia y mostrar cómo los intereses de unos pocos a menudo marcan el devenir de la mayoría no precisamente para bien

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