12 de marzo de 2026 03:28

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

CAUSAS DEL PROBLEMA DEMOGRÁFICO ESPAÑOL (III / III)

¿Qué encontrarás en este artículo?


Por necesidades de conciliación de la vida familiar y laboral hoy anticipo la publicación del domingo. Hay que visitar a la nieta 😃





CAUSAS DEL PROBLEMA DEMOGRÁFICO ESPAÑOL (III / III)


Cambio del modelo tradicional de vida familiar.

El concepto de vida familiar está cambiando, se orienta hacia la idea de una pareja en la que el reparto de las labores del hogar es igualitario y ambos trabajan fuera del hogar y colaboran en la economía familiar. Tal y como se ha comentado en la página 14, la institución del matrimonio sigue siendo valorada positivamente de forma mayoritaria, pero en las cohortes de menor edad esta institución está perdiendo importancia y siendo sustituida por uniones de convivencia estable. Paralelamente algunas mujeres optan por una maternidad en soltería, opción mayoritariamente aceptada por las mujeres.

La diferenciación drástica de los roles de las mujeres y los hombres en la vida familiar que se daba en el pasado se ha ido diluyendo, la evolución de las condiciones socio-económicas ha hecho cambiar estos roles, de tal manera que actualmente la mujer tiene que dividir su tiempo de actividad entre el trabajo remunerado y el doméstico, no solo por deseo de tener su propia carrera profesional, sino también por la necesidad de colaborar en la economía familiar y de ayudar a sus hijos a salir adelante. Esta realidad afecta en mayor medida a la mujer porque, aunque se está en ello, aún no se ha alcanzado el ideal del reparto equitativo de labores del hogar y es una causa importante de la ruptura de parejas.


De los datos ofrecidos por la Encuestade Fecundidad, Familia y Valores 2006 del CIS[1], un 64% del total de las mujeres encuestadas preferían el modelo de familia con reparto equitativo de roles o “familia simétrica”, pero para el conjunto de mujeres entre 15 y 49 años este porcentaje se elevaba al 75,6%. El modelo de “familia intermedio”, en el que el hombre dedica algo más de tiempo al trabajo remunerado y la mujer algo más al trabajo doméstico, solo era elegido por el 16,2% de las mujeres encuestadas. El modelo de “familia tradicional”, en el que el hombre trabaja fuera de casa y la mujer se dedica a la casa y a los hijos, es cada vez menos preferido, en la citada encuesta ya solo lo era en el 13,9% del total de casos, pero en la cohorte de mujeres de 15 a 49 años ya solo lo preferían el 6,5%.

Pero lo que es objetivamente innegable, y está confirmado por la opinión mayoritaria de las mujeres, es que el reparto de tiempo que tiene que hacer una mujer entre lo doméstico y lo laboral, redunda en detrimento de su promoción y oportunidades laborales.  Como también es una realidad que menos de la mitad de las mujeres que, deseando vivir en una familia simétrica, lo consiguen. Esa proporción se estimaba en el año 2006 en un 46,5%, aunque entre las mujeres menores de 35 el porcentaje de las que logran hacer coincidir deseo y realidad es bastante mayor (58,9%)[2]. En mi opinión esos porcentajes eran exagerados, puede ser que las encuestadas confundieran deseos con realidades, pero lo cierto según lo que he leído y visto es que la situación parece no haber mejorado mucho.

Por supuesto que estos hechos disminuyen el número de mujeres que deciden tener el primer hijo y por supuesto el deseo de tener un segundo y tercero. Sólo en el caso del modelo de familia tradicional, con los roles bien diferenciados entre la mujer y el hombre, parece que el deseo y la realidad de tener hijos se corresponden, siempre y cuando el salario aportado por hombre sea suficiente. Y así seguirá siendo si no cambian las condiciones laborales para los padres de ambos sexos, ni se produzca un apoyo público decidido a la familia en materia fiscal, de vivienda, sanidad y educación.

Valores políticos y religiosos.

En España se sigue valorando muy positivamente a la familia y hay acuerdo unánime en la necesidad de dar a la vida familiar una mayor importancia, aunque las políticas sociales aplicadas por casi todos los gobiernos no hayan ido en esa línea, otra muestra más de la falta real de sintonía entre la gente y los políticos. Igualmente se considera un deber de los padres ayudar a los hijos para salir adelante en la vida, aunque entre los más jóvenes ya se observa, aunque de forma minoritaria, la idea de que los padres tienen su vida propia y no se les debe exigir el sacrificio de su bienestar. Así es que la familia en España sigue aún siendo un ámbito de solidaridad intergeneracional. Y ésta es un valor que trasciende a los valores materialistas y a los posmaterialistas manejados por políticos y generadores de opinión.

Muestra de esa solidaridad es el valor que se le da al trabajo remunerado de la mujer, al considerarlo no solo como una aportación a la economía de la familia, como una seguridad económica, sino como una aportación de la mujer al bienestar de los hijos. Además, el trabajo remunerado de la mujer tiene un valor inmaterial añadido, al ser considerado como una parte fundamental de la trayectoria vital de las mujeres y como un factor decisivo para su libertad y autonomía personal, por encima del valor económico del mismo.

La competencia entre el tiempo dedicado al trabajo remunerado y el trabajo doméstico es el problema al que se enfrenta la mujer en la mayor parte de los casos. La solución a ese problema suele pasar por la reducción del tiempo dedicado a ambas actividades, y para lograrlo son necesarios cambios en un mercado laboral que actualmente es muy rígido, unos equipamientos sociales más adecuados y una igual responsabilización de los cónyuges en las labores domésticas y el cuidado de los hijos. Esto supone dar una menor preponderancia a nivel institucional y en el ámbito familiar a los valores materialistas y valorar más aspectos relativos a la libertad personal, a las condiciones de vida digna, a una mayor y cercana participación en las decisiones sobre políticas sociales que afecten al tipo de vida que los individuos eligen.

Pienso que estos cambios podrían tener una incidencia positiva en el cambio de la tendencia descendente actual del índice de fecundidad y seguramente aportarían satisfacción a esa mayoría de mujeres que manifiestan tener menos hijos de los que realmente habían deseado.

Otro aspecto que puede haber influido en el descenso de la tasa de natalidad es el religioso. Como queda patente en las encuestas los españoles nos declaramos mayoritariamente católicos, en el año 2006 se manifestaban así un 86,1% las mujeres y un 85,6% los hombres. Pero al mismo tiempo se declaraba no practicante la mayor parte de ellos, dándose lugar al fenómeno del “catolicismo cultural” que es una disidencia masiva respecto de la doctrina de la Iglesia Católicapero que no ha supuesto el abandono de la misma[3].


Esa disidencia es paralela a la progresiva secularización de la sociedad y al consiguiente distanciamiento de los principios que la Iglesia Católicaha mantenido inalterables sobre el matrimonio, los métodos anticonceptivos y el papel de la mujer en el hogar, ante todo. Ese distanciamiento ha sido consecuencia de que algunos movimientos ideológicos y políticos que, en uso de su libertad, han contrapuesto sus puntos de vista y sus principios a los de la Iglesia Católicay han logrado que en su mayoría los católicos dejaran de considerar inalterables aquellos. Como ejemplo valga mencionar que la aparición de “la píldora” hace 50 años fue un gran impacto social que cambió sustancialmente las relaciones de pareja.

Lógicamente el dejar de seguir los principios de la doctrina de la Iglesia Católicaha redundado, entre otras cosas, en dejar de considerar la procreación como el principal fin del matrimonio, en la aceptación social de los métodos anticonceptivos y el aborto y en considerar el papel de la mujer en el hogar de diferente manera. No me cabe duda de que todo ello ha jugado un papel importante en el descenso de la fecundidad de la mujer española.

La cuestión del aborto.

Esta es una cuestión muy polémica y no es mi propósito entrar en ella desviándome del objetivo final del trabajo, que es la definición de las políticas públicas necesarias para evitar la sangría demográfica que nos espera, si no se corrige la tendencia. Así que al margen de mi opinión personal o de otras opiniones que pudieran tenerse en cuenta, aquí solo voy a dar datos objetivos sobre la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) en España y su influencia en la baja natalidad que estamos padeciendo.

Por no remontarnos mas atrás en el tiempo, en el año 2000 se practicaron 63.756 interrupciones voluntarias del embarazo y la tendencia siguió al alza hasta el año 2011, en el que el número de abortos fue de 118.611. A partir de ese momento todos los años ha estado bajando hasta en año 2016, último dato que he podido consultar, en el que se practicaron 93.131[4]. Estas interrupciones de embarazo se acogieron unas a la Ley Orgánica 91/1985, la de los tres supuestos, y otras a la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo y normas posteriores de desarrollo, que facilitaban mucho más dicha interrupción voluntaria del embarazo.

La promulgación de esta última ley, desde un punto de vista de estadística demográfica se veía que iba a empeorar en el futuro la situación demográfica de España, sin entrar en consideraciones morales, éticas o de oportunidad política. Sin detallar excesivamente las cifras, el número de nacimientos desde el año 2008 hadescendido un 24,6% hasta los 391.930 nacimientos del año 2017 (cifra provisional) [5]. En esos años la media de nacimientos habrá sido aproximadamente de 450.000 anuales, cuando para un adecuado relevo generacional necesitaríamos unos 600.000 nacimientos/año. Deberíamos tener unos 200.000 niños más al año, pero en lugar de aplicar políticas que incentiven la natalidad y corrijan ese déficit, los sucesivos gobiernos han estado aplicando una ley que facilita que no nazcan aproximadamente 100.000 niños cada año, que supone el 50% del déficit de nacimientos.

En la Tabla 1 se muestra la evolución del número de abortos desde el año 1986 hasta el 2016, según las estadísticas del Ministerio de Sanidad y del INE. Como puede observarse el total de “no nacidos” a lo largo de esos 30 años supera los 2 millones. Sin emplear mucha matemática, haciendo unos sencillos cálculos a la baja, suponiendo que la mitad de ellos (C/2) hubieran sido mujeres y si empleamos sólo el índice actual de fecundidad de 1,31, no el que corresponde realmente a cada año, nos resulta el número de hijos que las niñas “no nacidas” pudieran haber tenido (columna F de Tabla 1) al alcanzar la edad fértil (de 15 a 49 años), desde el año 2001 en el que las nacidas en 1986 tendrían 15 años, hasta el 2065, en el que las nacidas en 2016 tendrán 49 años. El total de la columna F (1.441.164) sumado a los más de 2 millones de “no nacidos” en el periodo de 30 años considerado da un resultado próximo a los 3,5 millones de personas activas, cifra que mejoraría la relación de población activa/población pasiva. Todo ello sin tener en cuenta que las que hubieran nacido entre 1986 y por ejemplo 2005 ya podrían ser abuelas y habría que sumar una segunda generación.

Tabla 1

Número de abortos desde el año 1986 al 2016 (solo quirúrgicos, sin contar los producidos por métodos químicos) y posible pérdida de población

Año
A
Clínicas
B
Número de casos
C
Tasa por 1000 mujeres
D
Constante
C/2 x 1,31
E
Probable población perdida
F
1986
411
0,05
0,655
269
1987
16206
1,96
0,655
10614
1988
26069
3,11
0,655
17075
1989
30552
3,61
0,655
20011
1990
37231
4,35
0,655
27451
1991
41910
4,79
0,655
27451
1992
44962
5,1
0,655
29450
1993
45503
5,15
0,655
29804
1994
47832
5,38
0,655
31329
1995
49367
5,53
0,655
32335
1996
51002
5,69
0,655
33406
1997
49578
5,52
0,655
32473
1998
117
53847
6
0,655
35269
1999
123
58399
6,52
0,655
38212
2000
121
63756
7,14
0,655
41760
2001
121
69857
7,66
0,655
45756
2002
124
77125
8,46
0,655
50516
2003
128
79 788
8,77
0,655
52261
2004
133
84985
8,94
0,655
55665
2005
134
91664
9,6
0,655
60039
2006
135
10.592
10,62
0,655
66542
2007
137
112138
11,49
0,655
73450
2008
137
115812
11,78
0,655
75856
2009
141
111482
11,41
0,655
73020
2010
146
113031
11,71
0,655
74035
2011
173
118359
12,47
0,655
77525
2012
189
112390
12,12
0,655
73615
2013
198
108690
11,74
0,655
71191
2014
191
94796
10,46
0,655
62091
2015
200
94188
10,4
0,655
61693
2016
201
93131
10,36
0,655
61000
TOTAL
1.441.164

Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Sanidad.

Lo señalado sobre la influencia de la IVEen el problema demográfico que padecemos no son más que hechos. No se si éstos fueron valorados en su justa medida en su momento, o si se hizo posiblemente por pura estrategia electoralista que diera réditos políticos a corto plazo.

Ausencia del problema en la agenda política. No somo conscientes del desastre.

Aunque no han sido muy numerosos los estudios que alertaban del problema demográfico que se veía venir, los ha habido y con datos bien fundamentados y contundentes. El caso es que no ha sido una cuestión prioritaria para los partidos políticos, ni ha sido tratada en grandes debates parlamentarios, sólo ha sido objeto de atención en alguna comisión parlamentaria y sin que se lograra que trascendiera demasiado a pesar de la importancia de la cuestión.

Los responsables políticos también han podido tener en sus manos, incluso puede que los hayan leído con mayor atención, artículos y trabajos que quitaban hierro a la situación demográfica y tranquilizaban a aquellas conciencias que pudieran haberse preocupado.

Algunos de esos estudios eran consecuentes con las tesis ecologistas que propugnaban el control de la natalidad a nivel mundial, en base a que se estaba llegando una superpoblación extrema y consideraban que los recursos del planeta no iban a ser suficientes para mantenerla.

Otros, sin esa visión catastrofista, consideraban que la despoblación, la baja tasa de natalidad y el déficit de población activa se podrían solucionar con la inmigración, así, a secas. Supongo que éstos últimos no tuvieron en cuenta el comportamiento de los inmigrantes en tiempos de crisis económicas, cuando el tejido empresarial de la nación no tiene la capacidad necesaria de generación de empleos y se quedan sin trabajo durante largas temporadas. Tampoco contaron con el ejercicio de la picaresca que ponían en práctica algunos empresarios (y particulares) que, incumpliendo la legislación laboral, ofrecían “trabajo negro” a inmigrantes, con la correspondiente merma de los ingresos de la seguridad social y la hacienda en concepto de cotizaciones e impuestos. Imagino que tampoco repararon en las cualificaciones que demandaba el mercado laboral en cada momento, ni en las que se requerirán en un futuro no muy lejano, cuando la robotización esté aún más extendida; aunque en este caso les comprendo porque creo que nadie o muy pocos saben o intuyen cuales serán los trabajos que se ofertarán en el futuro.

Las posturas feministas han influido evidentemente en el ánimo de los responsables políticos a la hora de introducir en la agenda política algunas cuestiones relativas a la IVE, a los métodos anticonceptivos y a los métodos abortivos de carácter químico. Sin entrar a valorar estas reivindicaciones feministas, lo que me parece evidente es que, al entrar estas cuestiones en la agenda política, no se facilitaba la entrada en la misma de políticas de ayuda a la familia para incentivar de la natalidad. No obstante, gracias al empeño feminista entre otras cosas, si se han logrado medidas de apoyo a familias monoparentales y a madres solteras que resultan positivas como incentivo a la natalidad.

Estos mensajes ecologistas, pro-inmigración y feministas calaron y consiguieron que muchos ciudadanos y políticos considerasen el control de la natalidad una medida normal y conveniente, y que las políticas de ayuda la familia no eran tan necesarias u oportunas. Algunos pensaron, no sin cierta razón, que la inmigración era una forma de lograr la globalización de la redistribución de la riqueza y el bienestar, al producirse hacia los países del “primer mundo” flujos de personas desde zonas que están entre 10 y 37 veces por debajo de nuestro nivel de vida.

Sea como sea, el hecho es que no se ha introducido en la agenda política de ningún gobierno, de forma seria y formal, un conjunto coordinado de políticas públicas determinantes para dar solución a un problema demográfico cada vez más importante. Puede que, los intelectuales, líderes de opinión y nuestros representantes y responsables políticos no sean conscientes de la realidad y seriedad del problema que se nos viene encima, aunque me cueste creerlo. De todas formas es necesario remover sus conciencias, insistir en que aun es tiempo de tomar medidas con visión de estado y a largo plazo, por encima de consideraciones partidistas, para evitar lo que antes del año 2060 será incorregible.
LUIS BAILE



[1]Inés Alberdi (UCM) y Catherine Hakim (London School of Economic). Opiniones y Actitudes. Encuesta de fecundidad, familia y valores 2006, Cap 6. Ed. Centro de Investigaciones Sociológica (CIS). 1ª Edición Diciembre 2007
[2]Inés Alberdi (UCM) y Catherine Hakim (London School of Economic). Opiniones y Actitudes. Encuesta de fecundidad, familia y valores 2006, Cap 6. Ed. Centro de Investigaciones Sociológica (CIS). 1ª Edición Diciembre 2007
[3]Inés Alberdi (UCM) y Catherine Hakim (London School of Economic). Opiniones y Actitudes. Encuesta de fecundidad, familia y valores 2006, Cap 6. Pags 186 y 188. Ed. Centro de Investigaciones Sociológica (CIS). 1ª Edición diciembre 2007
[4]http://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/embarazo/home.htm#publicacion
[5]https://www.ine.es/prensa/mnp_2017_p.pdf

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

1 comentario en “CAUSAS DEL PROBLEMA DEMOGRÁFICO ESPAÑOL (III / III)”

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