17 de abril de 2026 23:11

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

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EL MAR DE FONDO TARDARÁ EN AMAINAR

El mar de fondo son olas que ha producido el viento en una zona alejada de la que se está navegando. Sus olas tienen crestas suaves y bases anchas, a veces no se distinguen bien en la superficie, pero producen un vaivén arrítmico en el barco, que a algunas personas les produce una molesta sensación de mareo. En el Mediterráneo es más incómodo porque está constituido por olas que, aunque sean menores, son más cortas, por lo que la frecuencia de choque del casco de nuestro barco con las olas es mayor y puede llegar a ser peligroso. No obstante, si el barco es robusto y la tripulación está bien preparada, se puede hacer frente a un oleaje de cierta consideración.

Un mar de ese tipo es con el que se puede comparar la política nacional de los últimos años. No estoy seguro de dónde se ha generado el oleaje, de lo que si estoy convencido es de que el viento que lo ha producido ha sido fuerte y con muy mala uva. A nuestro barco, que viene arrastrando serios problemas estructurales, el mar de fondo provocado por ese viento lejano, le está haciendo zozobrar. Para salir con bien del aprieto deberíamos coger muy bien las olas por las amuras y ajustar la vela mayor y el foque para lograr el equilibrio entre el velamen, ya no cabe margen de error. Lo malo es que la tripulación, aunque lleva bastante tiempo navegando, no se ha enfrentado a un mar de este calibre nunca, se han dedicado mayormente a disfrutar de “fiestuquis” pagadas por papá a una milla de la costa.

Hace ya un tiempo que no dejan de llegar lejanas olas que, sin ser de mucha altura, son muy frecuentes y dificultan una tranquila navegación. Las tenemos de todo tipo, desde las que nos quieren sobresaltar con el exceso de población mundial, hasta las que nos marean con esa pesadez de que el sexo ha dejado de ser una variable genética y biológica, para pasar a ser algo dependiente del sentir de cada cual en el momento que le venga en gana. Todo sandeces propias de urbanitas ociosos y aburridos o de multimillonarios perturbados por la inhalación de bálsamos orientales.

Ni los unos ni los otros se han paseado por los innumerables pueblos abandonados y los inmensos espacios vacíos de Soria o de Teruel, por no hablar de Siberia, de la Pampa Argentina o de los territorios del Noroeste de Canadá, de lo contrario sería imposible que siguieran con la manía de la superpoblación, a menos que detrás de ello tengan alguna intención oculta, por supuesto económica. Pero por aquí no son pocos los que les siguen en su paranoia o en su premeditada monserga.

Les satisface haber conseguido, con su influencia en los “medios de persuasión”, que el índice de fecundidad de la mayoría de los países del llamado primer mundo esté por los suelos. Pero aún les parecen exagerados los que tienen en muchos países del tercer mundo o, como dicen ahora, del sur global. En esos casos, consideran que, son demasiado altos, sin tener en cuenta que son necesarios dada la alta mortalidad infantil que, por ejemplo, en el año 2020 en Afganistán era de 104 por cada 1000 nacimientos normales, cuando en España teníamos un 3/1000.  

A esos gurús de la civilización, a los que, por cierto, nadie ha elegido y a los políticos nacionales persuasores de masas les entusiasma cambiar el curso natural de la vida, de nuestras vidas. Entre el asunto de la identidad sexual, el “derecho” al aborto, las peligrosísimas ventosidades de las inocentes y pacíficas vacas, el corrompido mercado del CO2, y el sospechoso proceder de todo el sexo (no género) masculino, nos tienen mareados y bien entretenidos.

MONSERGAS PARA EL DESPISTE

Nos bombardean innecesariamente con la murga de la identidad sexual, cuando desde siempre se ha sabido de personas cuyo sexo biológico no coincidía con su identidad sexual, y ha sido, desde hace mucho tiempo, un hecho asumido y absolutamente tolerado, no así en otros países tan admirados por ellos. Pero no conformes con eso perseveran, y ahora, además, se empecinan en introducir en la escuela, a tempranas edades, una información al respecto inoportuna y de muy mal gusto. Lo malo es que esas actitudes forzadas son asumidas por formaciones políticas a las que se les suponía algo más de seriedad y eficiencia en el gasto público. Valga como ejemplo el gasto de más de un millón de euros que el ayuntamiento de Madrid ha hecho este año en las celebraciones del día del orgullo gay, en lugar de destinar ese dineral a alguna de las muchas necesidades sociales que hay en la ciudad.

Mientras, han organizado una debacle en la enseñanza, justificando una ideologizada alteración de currículos con una supuesta actualización, rebajando los niveles necesarios para pasar de curso, desautorizando al maestro ante alumnos y padres e introduciendo con calzador y sin los medios adecuados la integración de la educación especial, de una manera indiscriminada y sin escuchar suficientemente a los especialistas en el tema. Y de la calidad de la enseñanza en la universidad, mejor lo dejamos para otra ocasión, los rankings internacionales de momento no dejan lugar a muchas dudas.

Mientras nos tienen divididos en bizantinas discusiones sobre esos temas, se nos pasa por alto lo mal que lo están pasando nuestros agricultores y ganaderos, viendo como las ganancias de sus ventas quedan por debajo de sus costes de producción, o los apuros de los ciudadanos de a pie con el incremento de un IPC que lleva años agobiándonos. Pero, según don Pedro, la economía española va como una moto. Será la suya y la de sus acólitos y subvencionados palmeros.

Mientras discutimos por el hecho de que una chica de 16 años pueda abortar sin que lo sepan sus padres y sin darle adecuada información y alternativa, ellos aprovechan para darle un bocado a la separación de los poderes del Estado, dándole un fuerte puntapié al trasero del “supuesto” sistema democrático representativo del que discretamente gozamos. Mientras nos muestran lo malo, malísimo que es Putin, y lo generosos que somos los europeos, y el gobierno español, armando e instruyendo a los ucranianos, siguen vendiéndonos la especie de que gozamos de una democracia plena y de que, incomprensiblemente, en las elecciones del 28 M no hemos sido lo suficientemente inteligentes para entender lo que debíamos haber votado. Por eso el “amado líder” nos castiga con unas tórridas elecciones el 23 de julio, y con una campaña plagada de apariciones televisivas y radiofónicas en las que los más arrastrados periodistas, de los canales televisivos o emisoras de radio más próximas a él, lo entrevistan en formato “aclamación”.

Mientras los que pertenecemos al sexo masculino nos devanábamos los sesos, e intentábamos mirarnos introspectivamente para intentar entender por qué somos tan violentos y tan poco empáticos, como para que se nos haya retirado por ley la presunción de inocencia, el gobierno de coalición supuestamente más progresista de la última etapa democrática de España ha logrado trasportarnos a los años de mayor divergencia con la UE en cuanto a renta per cápita se refiere. El gobierno “de la gente”, como se autodenominan, ha logrado incrementar la desigualdad en la sociedad española. Ha conseguido el dudoso éxito de aumentar la renta y patrimonio del 1 % más rico, que ya acumula casi la cuarta parte de la riqueza del país. Quizás por eso, en la actualidad, el 60 % de las operaciones para la adquisición de viviendas se realizan al contado, mientras sigue existiendo un gravísimo problema para acceder a una vivienda digna en grandes capas de la población.

LA BRÚJULA AVERIADA DEL POPULISMO DE SALÓN

En fin, estamos ante una izquierda desnortada, cómoda revolcándose en las mieles de un liberalismo mal llevado, a la que hace tiempo que le caducaron sus reivindicaciones y que se ha entregado a la deriva de las olas producidas por los vientos de las élites globalístas multimillonarias que juguetean peligrosamente con las formas de actuar totalitarias.

Solo así se puede entender por qué han abandonado la defensa del pan, la justicia, la libertad y la igualdad, para dedicar tantos esfuerzos y presupuestos en favor minorías de todo tipo, respetables y seguramente necesitadas de apoyo y ayuda, pero quizás no tanto como para dejar de atender las verdaderas necesidades sociales actuales. Tampoco se entiende que estén permanentemente dando pábulo y prometiendo inmerecidas prebendas a unos nacionalismos racistas que odian profundamente a todo aquel que no quiere comulgar con sus ruedas de molino o que huele a español.

Pero seguirán haciendo lo que sea, incluso lo ética y moralmente intolerable, con tal de asegurarse ese puñado de votos, que sumados a los que logre reunir el “doctor” Sánchez gracias a su perseverante pesadez en los medios de “persuasión”, nos pueden dar el maldito susto de verle de nuevo pasear por la alfombra monclovita. Aunque, con la que ha preparado estos cinco años, y a pesar de la segura pasividad sindical, no le va a resultar fácil navegar con mar de fondo. Me da que su doctorado no le va a dar para capear el temporal que se nos viene encima.

Pero, en el caso de que el 23 J Sánchez no logre reunir los votos que le permitan seguir mejorando su autocracia, lo que le espera a su relevo es de pronóstico reservado.

DUDOSA ALTERNATIVA. IMPRESCINDIBLE CAMBIO

Sinceramente, no veo en la posible alternativa mucha voluntad de tomar las olas con la amura adecuada y de navegar con maestría. No la veo empeñada en mantener firme el timón y ajustar el velamen para salir de esa zona con mar de fondo.

No la veo con la firme intención de dedicar sus esfuerzos a trabajar por lo verdaderamente importante para los españoles: la justicia social, la primacía de la persona, los valores éticos por encima del relativismo, una democracia más participativa, el apoyo al municipalismo y un proyecto ilusionante para nuestra Patria y para la Hispanidad.

Me da la sensación de que le sobran complejos y le falta un discurso claro. Están cómodamente asentados en un liberalismo ya muy cuestionado, en unas reglas democráticas insuficientemente participativas. Quizás necesiten aumentar la tripulación, enrolar nuevos marineros para poder ajustar bien el velamen a los tiempos que corren. En política hay que estar atento a aprovechar los vientos favorables, como en la mar. Hay que dialogar más, dogmatizar poco y estigmatizar menos aún.

Los ciudadanos con nuestro voto, en esos pocos segundos en los que cada cuatro años nos dejan participar, podemos marcarles el camino. Ya veremos si lo entienden, o si lo quieren entender.

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

2 comentarios en “EDICIÓN EXTRA. MAR DE FONDO”

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