17 de abril de 2026 23:52

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

ANTE LOS ÚLTIMOS HECHOS DE CORRUPCIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA HAY REIVINDICAR LA POLITICA COMO LA ACTIVIDAD QUE DE BIERA SER, UNA ACTIVIDAD DE SERVICIO PÚBLICO

¿Qué encontrarás en este artículo?

LA POLÍTICA COMO ACTIVIDAD

En España llevamos unos años, sobre todo desde principios del siglo XXI, y no digamos desde la dichosa pandemia del COVID 19, en los que la política ha caído en una espiral de descrédito muy profunda. Ya no solo la democracia representativa de la que “disfrutamos” es criticada y puesta en cuestión por muchos, desde hace muchos años la política en su conjunto está siendo despreciada por una gran mayoría de la ciudadanía.

No me estoy refiriendo a la “Política” con mayúsculas, a lo que conocemos como Teoría Política. Me quiero ceñir exclusivamente a la “política como actividad”. Es decir, me voy a referir a la política relacionada con el conjunto de decisiones y medidas adoptadas por los grupos que ejercen el poder con la supuesta finalidad de organizar la sociedad y con las relaciones entre ellos.

La Teoría Política está situada dentro del campo del saber de la politología, como lo está la filosofía política, la historia de las ideas políticas, la sociología, la estadística o el discurso. Por ello el politólogo, entre otras cosas, puede disponer de las herramientas suficientes para poder comprender y explicar las relaciones entre los grupos sociales y entre los grupos de poder, las problemáticas sociales, las formas de organización social y política o la administración de los recursos humanos y materiales, por ejemplo. Pero el politólogo no es el político, no es el que desarrolla la actividad política como representante del pueblo en el caso de una democracia. Un politólogo, generalmente, emplea sus conocimientos para estudiar las dinámicas del poder en la sociedad y lo analiza de manera crítica, es decir, se ocupa del estudio de la política.

La actividad política, por lo tanto, es responsabilidad de los políticos, ciudadanos que, habiendo sido elegidos por los votantes como sus representantes y gobernantes, deben tomar las decisiones y adoptar las medidas necesarias y adecuadas para organizar la sociedad, cumplir objetivos prometidos en sus programas, utilizar el acuerdo y la concertación para mediar entre los diferentes intereses existentes en la sociedad y resolver los conflictos de manera democrática.

EL MENOSPRECIO A LA POLÍTICA

El desprecio o hartazgo que siente buena parte de la ciudadanía por la actividad política que últimamente se desarrolla en nuestro país, es compartido frecuentemente por los politólogos, aunque, en este caso, me atrevería a decir que muchos están además, por un lado, estupefactos ante la general falta de capacidad intelectual y de ética de muchos de nuestros políticos y, por otro, decepcionados por el nivel de corrupción (política y económica) al que ha llegado nuestro sistema político, considerado, si no el mejor, al menos el menos malo de los conocidos o, mejor, de los posibles. Exceptuando, por supuesto, a aquellos politólogos que han querido estar en nómina de algún partido político, por convicción, por un empleo o por las dos cosas, porque en su caso, piensen lo que piensen en su fuero interno, no les queda otra que darle las vueltas necesarias al discurso para justificar lo que sea.

Realmente es una pena este estado de las cosas respecto de la actividad política. Porque la noble función política no surgió más que para trabajar por el bien común. Sin embargo, parece haber ganado la partida el fraccionamiento de la sociedad, el enfrentamiento radical y la imposición de ideas minoritarias, todo de manera forzada y muy alejada del común sentir de unos ciudadanos que parecen estar muy por encima de todo eso, pero que misteriosamente siguen dando su voto a los mismos. Quizás sea por falta de nuevas y renovadas ofertas políticas.

Lo cierto es que los partidos políticos de izquierda y extrema izquierda han ido complementando o sustituyendo la lucha de clases, su Estado totalitario, la colectivización, etc. por una serie de ideologías que de hecho han producido un fraccionamiento muy artificial de la sociedad. Las causas de esa transformación son de todos conocidas y no voy a insistir en ellas, pero el resultado es que, en buena parte, la política ha dejado de fijar la vista en el bien común, para perderse en una infinidad de asuntos de interés minoritario de grupos sociales muy determinados, pero que cuentan con el apoyo político y económico de grupos de poder económico y ya casi político, que sin haber pasado por las urnas pretenden imponer su voluntad y debilitar nuestros Estados y sociedades.

Por su parte los partidos considerados dentro del espectro del conservadurismo o del liberalismo, los considerados de derecha, están en una dinámica de permanente e ilógico complejo que los lleva a hacer seguidismo de muchas de las ocurrencias de esos grupos minoritarios adornados con esas ideologías que enfrentan a la sociedad.

LOS POLÍTICOS NO ESTÁN EN LO QUE DEBIERAN

Así, nuestros políticos no están en lo que debieran, es decir, en la consecución del bien común, en la defensa de la libertad, de la vida, de la igualdad de oportunidades, en lograr las condiciones idóneas para la inversión, la innovación y el emprendimiento, en garantizar la seguridad ante la delincuencia organizada, el narcotráfico o la inmigración irregular, ni en el imprescindible apoyo al sector primario o la natalidad. Al contrario, nos los encontramos deliberando, muy serios ellos, sobre leyes entre cuyo articulado hay normativa verdaderamente esperpéntica y absolutamente rechazada por una gran mayoría de la sociedad, incluso por los que han votado a los promotores de esas leyes. Es un absoluto despropósito que un millón de jóvenes bien preparados y con empuje hayan abandonado nuestro país para ir a buscarse las habichuelas al extranjero, donde se les reconoce su valía, se les paga mejor y cuentan con mejores perspectivas profesionales. Pero, increíblemente, los votantes vuelven a lo mismo. Quizás haga falta una oferta más ilusionante y atractiva, quizás, incluso, rompedora.

HAY ESPERANZA

A pesar de toda la suciedad y malas artes que rodean a buena parte de la actividad política actual, con unos políticos muy activos en la comisión de fechorías y otros simplemente contemplativos o contemporizadores, no hay que perder la esperanza. No solo la juventud empieza a cuestionarse todo esto, otros muchos, no precisamente jóvenes de edad, pero con ideales, estamos por la labor de cambiar las cosas, de darle a todo esto un vuelco y de devolver a la actividad política su verdadera finalidad, de volver a darle el carácter de SERVICIO PÚBLICO.

A mí me gustaría cambiar la frase de Groucho Marx que encabeza este Blog:

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados”

Es una frase que considero hoy por hoy acertadísima, no tengo más que mirar a muchos de nuestros parlamentarios o al consejo de palmeros de Pedro Sánchez, pero, como he dicho, me gustaría poder cambiarla por esta otra.

La política es el arte de descubrir y entender los problemas, diagnosticar correctamente su tratamiento, saber cómo aplicarlo y todo ello sin esperar más recompensa que la satisfacción de haber realizado un buen servicio a la sociedad”.

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

2 comentarios en “EN DEFENSA DE LA POLITICA”

  1. Antonio Domínguez

    Totalmente de acuerdo Luis.
    Yo mantengo la esperanza de que esta situación revierta en cuanto aparezcan políticos que como bien dices la utilicen para servir al pueblo y no para servirse de el. La función política no debe ser una profesión y el sistema debe impedir vivir de ella sine die.
    Hay Países nórdicos que aplican estos principios. A ver si los imitamos.
    Un abrazo

  2. Benjamín Casanova

    De acuerdo con tu análisis, aunque no tan esperanzado en que se le de la vuelta a la situación a corto plazo, ya que ¿donde se enseña a las jóvenes generaciones aquello que según nuestras ordenanzas militares dice así: El oficial cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien vale muy poco para el servicio? (Sustitùyase «oficial» por «persona/político» y «el servicio» por «servir»)

    Un abrazo Luis

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