17 de abril de 2026 23:11

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

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Hoy escribo directamente en el móvil, no me he traído ordenador ni tablet. Es un poco más incómodo, pero lo compensa el entorno en el qué me encuentro, un pequeño pueblo de la sierra de Gredos en el que resisten a penas treinta habitantes, muchos de ellos dedicados, sobre todo, a la ganadería extensiva y a la trashumancia. Un lugar especial y una gente noble donde las haya. Estoy en Navadijos, Ávila.

AQUELLA DECEPCIÓN DE ORTEGA Y GASSET

Cómo muchos españoles de principios del siglo XX, Ortega y Gasset estaba absolutamente decepcionado con la monarquía y, no sólo eso, había tomado parte de forma activa contra la dictadura del general Primo de Rivera. En noviembre de 1930 escribió un artículo, muy crítico con la dictadura y el monarca colaborador, titulado «El error Berenguer». El artículo terminaba con las siguientes palabras: «Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo! Delenda est Monarchia». Fue una clara invitación a los españoles a decantarse por una república.

En febrero de 1931, junto con Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, Ortega firmó un manifiesto en el que exaltaban la «gran promesa histórica que es la República»

Pero al poco de la proclamación de la II República, viendo la deriva que estaba tomando aquel régimen, en gran parte secuestrado por unas izquierdas que tenían un concepto revolucionario de esta, Ortega escribió un valiente artículo que concluía así: «Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: ¡No es esto, no es esto! La República es una cosa. El radicalismo es otra«. 

LA ACTUAL DECEPCIÓN DE ALGUNOS

Aunque en las tres últimas elecciones generales el resultado electoral del PSOE no haya sido, ni mucho menos, para tirar cohetes, es cierto que ha contado con el apoyo de unos cuantos fieles incondicionales y con la comprensión de otros cuantos ciudadanos, cuyos votos se dispersaban en otras opciones políticas de menor calado o engrosaban el abstencionismo.

Tanto en uno como en otro caso, el efecto que han ido provocando las iniciativas legislativas más polémicas de los últimos gobiernos de coalición ha sido dispar. Es cierto que hay personas que difícilmente cambiarían su costumbre de votar al PSOE, pero incluso entre ellos se pueden detectar muchos desconcertados, sino desasosegados. Entre estos es habitual observar la dificultad que encuentran para justificar el apoyo de su partido a ciertas leyes y no digamos las negociaciones con aquellos con los que un dia les prometieron no negociar.

Pero la desvergüenza del PSOE y su socio de gobierno ha llegado al paroxismo (en el sentido de exacerbación de una enfermedad) con el asunto de la proposición de ley de amnistía. Muchos de esos fieles votantes y comprensivos admiradores están, no descontentos como decía Ortega, están atónitos de cómo se está negociando la redacción de esa ley.

Una ley de amnistía no es nada del otro jueves. Hay ordenamientos jurídicos que la contemplan sin demasiados remilgos. No obstante, en la mayoría de los casos las leyes de amnistía se han promulgado con ocasión de cambios de régimen, normalmente de regímenes autoritarios a democráticos. También se han dado casos en los que se ha promulgado una amnistía cuando se ha negociado el fin de una lucha revolucionaria en el seno de un Estado. Pero en todos los casos esos procesos se han producido dentro del marco constitucional del Estado en cuestión.

En nuestro caso, y de ahí podría partir el asombro de los voluntariosos y fieles votantes socialistas y de las personas más próximas a sus postulados, la propuesta de ley de amnistía no se apoya en ningún precepto constitucional. Por lo tanto, hasta la Comisión de Venecia, que se ha pasado por aquí para ver de que iba el asunto, ha determinado que sería necesaria la reforma de la Constitución para poder promulgar semejante ley. Respecto de otros extremos la comisión se la tapado la nariz y ha mirado para otro lado, muy inteligentes ellos.

Pero claro el asombro de los fieles votantes socialistas y confluencias se perfecciona cuando van viendo el alcance del despropósito. Por un lado, la malversación ha dejado de ser un delito punible para una parte de los españoles, siempre y cuando la hayan cometido con motivo de lo que se ha venido llamando «el procés». Por otro lado, el delito de terrorismo sea callejero o medio pensionista, cometido durante «el procés» no será el valorado según el Código Penal español, sino según otras directivas européas más laxas. Pero el resto de los españoles podrémos seguir siendo juzgados, en su caso, por nuestro código. Para poner la guinda al despropósito se ha pactado con los independentistas catalanes ampliar la aplicación de la amnistía hasta el año 2011,  pudiendo así favorecer a la máfia de los Pujol, lo cual no es de extrañar, porque Jordi Pujol fué la mente que ideó la hoja de ruta que los demás esbirros han seguido al pie de la letra, además de llevárselo crudo, claro está. Y, para culminar la felonía, modifican el delito de traición, también en el ámbito del «procés«, por si al final los tratos con los espías rusos no iban de coña.

Es comprensible la decepción de todos ellos, pero no me da pena su frustración. Al fin y al cabo, de alguna manera deberán pagar el error de votar a un personaje que  desde hacía mucho tiempo evidenciaba rasgos psicopáticos. Y pagarlo con el desasosiego y el descontento es una pena muy leve.

PARA ALGUNOS SE VEÍA VENIR

No hacía falta ser el sabio de Hortaleza para darse cuenta de en qué manos iba a quedar el gobierno de España en el año 2019 y luego en el 2023. En ambas ocasiones el candidato del PSOE logró formar gobierno en coalición con los comunistas de PODEMOS y SUMAR y consiguió el apoyo parlamentario de una suerte de Frente Frankenstein.

Ambas circunstancias dejaban claro que la permanencia del líder del PSOE en la presidencia del gobierno quedaba, por un lado, condicionada a la promulgación de una serie de leye tan controvertidas como innecesarias, además de ser motivo de una profunda fractura social, cosa permanentemente buscada por los socios globalitarios de la izquierda cañí.

Pero, por otro lado, el más grave a mí entender, la dependencia de los nacionalismos separatistas, que asumía, no sé si con resignación, pero si con desahogo, iba a resultar lesiva para los intereses nacionales. Algunos ya suponíamos que eso no iba ha ser obstáculo para él, porque sus intereses son exclusivamente los suyos y no tienen porqué coincidir con los nacionales.

Por eso no estoy asombrado de lo que está sucediendo, entra dentro de lo que era posible, desde que el actual líder del PSOE llegó a la presidencia del gobierno. La cuestión se centra en cómo parar esta deriva que va a acabar muy mal para España. Luego, si se logra parar, por el procedimiento que sea, este descontrol político habrá que hablar muy en serio de políticas sociales, olvidadas o ninguneadas por estos gobiernos, de cómo recuperar la moral y la economía del campo español, de cómo reanimar la España vacía, de la vivienda, de la inmigración, de lo que sea, pero primero paremos esto.

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

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