28 de abril de 2026 17:46

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

¿Qué encontrarás en este artículo?

Antes del siglo XX, unas de las pocas élites españolas que, callada y concienzudamente, trabajaron por el bien de las Españas y de la hacienda española, que en definitiva favorecía de alguna manera a todos los españoles, fueron los ministros de Carlos II. 
Carlos II
Ese rey de la dinastía Habsburgo tan denostado por casi todos pero que, a pesar de sus problemas de salud y debilidad física, supo rodearse de gente honrada, noble y eficiente. Personajes como Fernando de Valenzuela, Juan José de Austria, el Duque de Medinaceli, Manuel J. Álvarez de Toledo y otros que introdujeron importantes reformas y sanearon la Hacienda Real hasta tal punto que, al final del reinado de Carlos II, tenía superávit.

Conde de Oropesa (Manuel J. Álvarez de Toledo)

Las penas nos llegaron a los españoles cuando al final de sus días Carlos II cambia su decisión sobre la cuestión de su sucesión. Inicialmente estaba previsto que sería sucedido por José Fernando de Baviera sin que la sucesión supusiera ninguna merma para el imperio español. Este príncipe, sobrino nieto del rey, murió en extrañas circunstancias ¡oh casualidad! Por lo que posteriormente, en el Tratado de Reparto, cuyo nombre ya indica el nivel de carroñería que se daba en las casas reales europeas, se acepta de mala gana que la sucesión recayera en el archiduque Carlos de Austria. Carlos II acepta la designación, pues era su candidato preferido y deja claro que no admite la pretendida disgregación del imperio español en Europa, que tanto perseguía Luis XIV Francia.

Mientras tanto el embajador francés, el siniestro e inteligente Harcourt, maniobra entre la nobleza española, estúpidamente deslumbrada por la propaganda de Luis XIV y contraria a los eficaces válidos de Carlos II. Y además entre la influyente y frecuentemente desacertada élite del clero español. Como resultado logra crear un ambiente de odio hacia los “alemanes”, es decir hacia todo lo que tuviera algo que ver con los Habsburgo y las élites españolas que habían logrado sanear la Hacienda Real y mantener óptimamente el imperio sin atisbo de imperialismo. Harcourt pone la guinda a sus pretensiones contra los “alemanes” mediante el provocado Motín de los Gatos, con el que logra la sustitución del Conde de Oropesa (Manuel J. Álvarez de Toledo) y otros eficaces válidos del rey por una pléyade de personajes afrancesados. A la vez, Luis XIV maniobra por tierra y mar para impedir la llegada a España de Carlos de Habsburgo, que ya había sido formalmente designado por Carlos II como sucesor. El rey francés lo logra gracias a su potente armada y por el peligro que suponía para la integridad física del heredero su traslado por tierra atravesando Francia, porque aún se recordaba que el anterior heredero de la corona de España murió en extrañas circunstancias. 
Proclamación de Felipe de Anjou
En esa situación, dado que el heredero no llegaba, presionado Carlos II por los cantos de sirena de Harcourt, que luego devinieron en falsedades indecentes, por la nueva élite afrancesada de la nobleza española e incluso por el consejo interesado del Papa Inocencio XII, a saber a cambio de qué, finalmente firmó un testamento en que designaba sucesor a Felipe de Anjou, nieto del innoble absolutista Luis XIV. El 1 de noviembre de 1700 muere el Rey de España y poco después el nuevo rey fue proclamado ¡ojo al dato! en Versalles, como Felipe V, por su abuelo. A partir de ahí empieza el control político de España por Luis XIV, mediante su nieto y colaboradores especialmente enviados por el monarca francés. Pero sobre todo comienza la descarada la utilización de la hacienda española, saneada por los austracistas, para apoyar las aventuras guerreras de Luis XIV, que la deficitaria hacienda francesa no podía costear. Comienza la penosa supremacía de las élites afrancesadas, pesada losa que alcanza hasta nuestros días.
Levantamiento popular en Madrid
Por no alargar este prólogo histórico, me voy a situar en 1808, hace 212 años ya. En una situación de crisis sin parangón desde hacía más de 300 años, a la que se había llegado por la ineptitud de las élites de aquella nobleza que tomó partido, poco antes de la muerte de Carlos II, por las maneras francesas de proceder en casi todo, deslumbrados por la opulencia de una falsa grandeza, soportada por una ruinosa hacienda que no dejaba de vampirizar a la sociedad francesa y a otras. Aquellas élites de entonces, una vez que habían logrado arrinconar a sus rivales, se afanaron en la imitación de lo malo y en practicar el vasallaje más innoble, hasta tal punto que un día España se encontró con un ejército que de invitado pasó a invasor de la noche a la mañana. Ninguno de ellos lo predijo, ningún ministro de Carlos IV había previsto una contingencia como aquella (¿quizás Godoy?), ninguno de ellos se había preocupado por tener un ejército a la altura de la nación que gobernaban, con las capacidades para poder responder a las amenazas ciertas que abundaban en Europa. Ninguno de ellos quiso, ni supo, parar la sangría económica que supuso la intervención de Francia, desde Luis XIV, en el comercio con la España del otro lado del Atlántico. Todos eran muy felices en su burbuja de lujos, corrupción y vacío moral. Aquella fue una crisis muy profunda, de consecuencias nefastas para toda España, pero se salió de ella única y exclusivamente por la respuesta unida, valiente, sacrificada y constante del pueblo español y de unos cuantos líderes civiles y militares que supieron responder y estar a la altura del pueblo.

En 1814, seis años después, una vez liberados del invasor francés, se cometió el peor de los errores que se pudieron cometer, el espejismo de las Cortes de Cádiz se quedó en eso, un espejismo, una ilusión manipulada y frustrada. A final las riendas de la Nación volvieron a las ávidas manos de las mismas élites que no solo no supieron resolver aquella crisis, tampoco habían querido, o sabido, adoptar con tiempo y constancia las medidas adecuadas para disponer de capacidades de respuesta suficientes.

Y ahora, 212 años después del levantamiento popular de 1808, estamos en las mismas, salvando las distancias. El pueblo español dando ejemplo de unidad, sacrificio, constancia, valor y ALEGRIA ante una crisis sin precedentes, de consecuencias desconocidas.

Una gran UCI de nuestra sanidad
El personal sanitario dándolo todo, incluso con soluciones imaginativas, a veces con medios de circunstancias y con todo su saber y corazón. Los miembros de los CSE y de la FAS colaborando en todo lo que pueden, el personal de las residencias de mayores quedándose con ellos y animándolos, todos los que realizan servicios públicos de transporte, limpieza y de todo tipo arriesgando su salud por todos nosotros, todos dan la talla. 
Voluntarios de Cruz Roja
También las empresas que se reconvierten de la noche a la mañana y utilizan sus medios altruistamente para fabricar máscaras, trajes de protección y respiradores. Investigadores que comparten conocimientos, datos y resultados. Redes de ciudadanos que ponen en común sus diseños y sus sencillos medios de producción para colaborar a paliar las necesidades de nuestros hospitales y residencias de mayores. 
Respirador diseñado por ingenieros españoles
Aquellos héroes se levantaron contra el invasor con lo que tenían a mano, palos, navajas, herramientas de labranza, algún que otro mosquete y lo poco que pudieron aportar las unidades militares y milicias provinciales que habían podido sustraerse a las traiciones y al invasor. Los héroes de ahora ponen al servicio de todos nosotros lo que tienen a mano, desde conocimientos de ingeniería y diseño hasta impresoras 3D, pasando por maquinaria industrial, máquinas de coser o furgonetas de reparto. Muchos de ellos a sabiendas de que después no habrá quien les asista como sería debido en la inevitable crisis económica que nos espera.
Máscara hecha en impresora 3D
En cuanto al comportamiento y eficacia de las élites, de momento no voy a realizar ninguna crítica, ya habrá tiempo para ello, si puedo.

LUIS BAILE ROY

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

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