Puede que este domingo esperaran un artículo sobre la pandemia del COVID-19, popularmente conocido como coronavirus. Lo dejaré para más adelante, para tener más datos y una visión menos apasionada de la que ahora tengo del problema. Porque estoy realmente atónito, aunque no decepcionado, por la actuación o falta de ella de nuestro gobierno.
Hoy tenía y tengo la intención de hablar de algo tan importante y tan mal tratado como es la HISTORIA, con mayúsculas. Eso de lo que todo ciudadano debería tener un conocimiento suficiente, para poder entender el presente en el que vive y, junto con el resto de los miembros de la sociedad, afrontar los retos del futuro y trabajar por y para las siguientes generaciones. Por eso la historia no puede ser cainita, revanchista o simplemente tendenciosa.
Como en el artículo anterior hablé sobre la memoria, próximamente dedicaré un artículo a la relación de ésta con la historia. Intentaré desentrañar que significa eso llamado “memoria histórica”, cómo se casa la memoria y la historia, aunque confieso de ante mano que no me parece un matrimonio muy bien avenido.
Podríamos decir que la finalidad de la historia es el relato de hechos del pasado y de sus consecuencias. La historia hace una narración reflexiva y analizada de los hechos, comentando las causas y efectos de estos. Para lograr tan serio e importante objetivo el historiador debe emplear métodos de investigación científicos. Uno de ellos es el denominado “analítico-sintético”, mediante el cual realiza el análisis de la situación social, política, religiosa, económica, etc. que rodeaba a los hechos concreto que se están relatando y que ayuda a reconstruirlos y explicarlos. Para el análisis el historiador recurre al estudio de fuentes orales, escritas y se apoya en los resultados de investigaciones efectuadas por otras ciencias (arqueología, antropología, etc.).
Los documentos de todo tipo obtenidos de esas fuentes son, además, sometidos a un trabajo de síntesis, con el que el historiador interpretará y explicará el sentido de los documentos analizados en su aspecto objetivo (significado gramatical de las palabras teniendo en cuenta sus condicionantes históricos) y subjetivo (propósito del autor o autores).
También se emplea el método deductivo-inductivo, a través del que el historiador deduce unos hechos particulares, o unas consecuencias concretas, partiendo de una situación más general (por ejemplo, la historia de Aragón se explica mejor enmarcada en la historia de España). De forma complementaria el historiador también infiere o induce proposiciones generales partiendo de hechos particulares, de tal manera que, siguiendo con el ejemplo anterior, es importante conocer la historia de las diversas partes de España, sus ciudades, pueblos, comarcas y regiones para dar una visión más real y certera de la historia de España.
También se emplea el método deductivo-inductivo, a través del que el historiador deduce unos hechos particulares, o unas consecuencias concretas, partiendo de una situación más general (por ejemplo, la historia de Aragón se explica mejor enmarcada en la historia de España). De forma complementaria el historiador también infiere o induce proposiciones generales partiendo de hechos particulares, de tal manera que, siguiendo con el ejemplo anterior, es importante conocer la historia de las diversas partes de España, sus ciudades, pueblos, comarcas y regiones para dar una visión más real y certera de la historia de España.
La Historia es una ciencia que además emplea otros métodos auxiliares para lograr la finalidad de un relato más fidedigno. Uno de ellos es el cronológico, o el orden temporal sucesivo de los hechos analizados, para facilitar la interpretación de la historia. Otro es el geográfico, imprescindible para situar espacialmente los hechos históricos estudiados y facilitar su relación. Y finalmente hay que mencionar el etnográfico, que relaciona las nacionalidades, etnias, religiones, culturas y costumbres con los hechos estudiados.
Como puede verse la Historia es una ciencia en toda la amplitud de la palabra y, como tal, utiliza el método científico para sus investigaciones. Además, su complejidad se incrementa si tenemos en cuenta que, para un estudio profundo y fundamentado de los hechos históricos a menudo es imprescindible recurrir a otras ciencias auxiliares, tales como la arqueología, antropología, numismática, paleografía, diplomática, heráldica, entre otras. Estamos hablando entonces de algo muy serio, que debe dejarse en manos de personas muy preparadas e imbuidas de la necesidad de investigar siguiendo los criterios del método científico, de tal manera que, al efectuar el relato se eviten todo tipo de subjetividades, posturas tendenciosas y falsedades interesadas.
No es de recibo, entonces, que los libros de texto que utilizan los estudiantes de Primaria, ESO y Bachiller, además de los diferentes y contradictorios relatos introducidos por las Comunidades Autónomas, contengan datos cuando menos poco contrastados, si no falsos. Este es un asunto muy serio en el que el gobierno central debería actuar con decisión, posiblemente creando un equipo de trabajo (la palabra comisión me suena a buenas intenciones, dispersión de esfuerzos y falta de resolución) en la Real Academia de la Historia para elaborar los contenidos que deberían contener libros de texto de cada nivel curricular. Dicho equipo podría introducir para cada Comunidad Autónoma, e incluso para cada Provincia, algunas singularidades importantes para cada uno de esos ámbitos territoriales, dependiendo del nivel curricular del que se tratara. Para que los trabajos de ese equipo no cayeran en barbecho y no fructificaran en las mentes de nuestros alumnos, el gobierno debería de obligar a su inclusión en los libros de texto de historia en todo el territorio nacional.
La HISTORIA bien escrita, bien interpretada y enseñada es una de las mejores herramientas que tienen todos los pueblos para conocer su origen, el proceso de creación y evolución de su sociedad y nación, y para valorar los aciertos y errores de sus antepasados y asumir, sin complejos, ese legado histórico que han recibido, tomando ejemplo de aquellos hechos y personajes ejemplares y reconociendo los errores cometidos en el pasado para evitarlos en el futuro.
La HISTORIA no se puede dejar en manos de supuestos historiadores metidos a políticos, ni de políticos metidos a escribir de historia. La HISTORIA no puede caer en las insaciables manos de fanáticos ignorantes, ni de racistas excluyentes y trasnochados. La HISTORIA es algo muy serio, delicado y necesitado de VERDADES suficientemente comprobadas.
RESPETEMOS LA HISTORIA POR FAVOR
LUIS BAILE ROY



