14 de abril de 2026 16:31

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

¿Qué encontrarás en este artículo?

“EL INFIERNO DEMOGRÁFICO”

¿no han querido o no han sabido?

Hace aproximadamente un año inicié un trabajo de investigación con la finalidad de conocer las causas del denominado “infierno demográfico español” y proponer un conjunto de políticas públicas que condujeran a corregir las tendencias demográficas actuales, en orden a lograr la supervivencia de nuestra sociedad y modo de vida. Ya estoy a punto de terminar este trabajo y, antes de que adopte su forma definitiva, voy a dejar en este Blog una serie de artículos para compartir con vosotros mis puntos de vista.
Empiezo con una necesaria puesta en situación: es un hecho que la población española adolece de un índice de fecundidad bajísimo y de un constante incremento del envejecimiento. Estos dos problemas pueden ser compensados sólo en parte por la inmigración y fiarlo todo a ella es un grave error.
En el año 1981 el índice de fecundidad era del 2,04, no era bueno teniendo en cuenta que el reemplazo generacional se logra con un índice de 2,1 como mínimo, pero se acercaba a lo adecuado. Desde entonces la tendencia ha sido descendente, salvo algún tímido repunte entre los años 2002 y 2008, pero sin superar el índice de 1,44 del año 2008. Esto supone más de 35 años de un bajo número de nacimientos anual y en consecuencia una pirámide poblacional descompensada. El catedrático de Geografía Humana de la Universidad Complutense de Madrid D. Rafael Puyol Antolín, en su comparecencia ante el Senado el 12 junio 2017[1]afirmaba:”Con un valor de 1,3 constante, y con ausencia de inmigración, o con inmigración negativa, eso supondría una reducción del 50% de la población en 45 años. En cambio, con 1,7 hijos por mujer y con una inmigración moderada, podríamos garantizar la estabilidad de nuestra población”.
Por otro lado tenemos el inquietante problema del envejecimiento. Hoy día la edad de 65 años es referencia para determinar la proporción según la cual se considera que una población está envejecida (eso se determina cuando el 10% de la población registrada es mayor de 65 años). Según datos recientes, el número de personas mayores de 65 años es de 8.905.738, es decir el 19,07% de la población residente, sin embargo, el número de jóvenes menores de 15 años es de 6.926.272, que supone un 14,83% de la población residente total, cuando en el año 1970 era un 30% y en 1998 rondaba el 25%[2]. Es decir, actualmente tenemos un alto nivel de envejecimiento y la proyección de futuro, si todo sigue igual, es que en el año 2031 habrá 812.412 residentes menos y la desproporción entre población joven y mayor de 65 años se habrá incrementado, pasando la población menor de 15 años a constituir el 9,68%, mientras que la población mayor de 65 supondrá el 25,55%[3].
La disminución y el envejecimiento de la población tienen consecuencias en muchos aspectos. Uno de ellos es la despoblación de extensas zonas de nuestro país, como puso de manifiesto el catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza D. Francisco Burillo Mozota, en su comparecencia ante la Comisión Especialdel Senado sobre la evolución demográfica en España (12 junio 2017)[4]. El señor Burillo mencionó en dicha comisión las causas de la despoblación: las deficientes infraestructuras de carreteras, ferrocarril y comunicaciones e Internet, la orografía, el clima, la lejanía a los centros donde se concentran los servicios, la falta de inversiones en proyectos de desarrollo sostenible y en investigación de desarrollo rural, etc. Pero la despoblación no se queda en un mero hecho estadístico, como indicó el citado catedrático tiene graves consecuencias sobre el patrimonio inmaterial: desaparición de nuestras tradiciones y modos de vida, deterioro del medio ambiente, de la custodia del territorio y del patrimonio.


 En particular, el envejecimiento de la población tiene consecuencias inmediatas en el incremento de la tasa de dependencia[5] y de la dependencia senil[6], en el sistema socio-sanitario y en el sistema público de pensiones. El aumento de la longevidad es un hecho que se puede considerar positivo ya que, gracias a la calidad de nuestra sanidad,  no solo se ha prolongado la esperanza de vida, también se ha incrementado la calidad de vida de los mayores. Hoy día una persona de 65 normalmente está en buen estado de salud, de tal manera que puede ser conveniente revisar la política laboral en el sentido de flexibilizar los tiempos de la jubilación según las profesiones, y adaptar las condiciones laborales y salariales para los que deseen “voluntariamente” seguir activos. Estas opciones podrían aliviar algo al agobiado sistema actual de pensiones.
Pienso que la influencia del envejecimiento de la población en el sistema de bienestar no es determinante todavía. Hay otros problemas estructurales, económicos y sociales que actualmente tienen mayor peso en el mantenimiento del sistema de bienestar. Aunque, si la tendencia de la composición demográfica no cambia, puede llegar a convertirse en el principal problema. Evidentemente los gastos en sanidad, dependencia, centros de atención, pensiones, etc. son mayores debido al envejecimiento actual, pero hay otros factores relativos a la economía, el mundo laboral, la globalización, la pobreza, etc. que hoy día influyen más decisivamente en nuestro estado del bienestar.
Algunos pueden pensar que haciendo incrementar la inmigración podemos solucionar nuestro problema demográfico. No es del todo cierto. El economista y profesor Albert Banal-Estañol de la Universidad Pompeu y Fabra de Barcelona indicó que “En España, los niveles de migración necesarios para el reemplazo de la población se hacen imposiblemente grandes y por ello las políticas sociales sobre natalidad son más una necesidad que una opción[7]. Las cifras de 2017 de movimientos migratorios arrojaban un balance positivo de 164.604 personas, con una inmigración de 532.482 procedente del extranjero y una emigración 367.878 con destino al extranjero[8] (datos a 1 de enero de 2018), alcanzando la cifra provisional de 4.572.055[9]inmigrantes, que supone el casi el 9,8 de la población total. La emigración de españoles al extranjero ese mismo año tuvo un saldo negativo de -9.627[10], que supone una mejoría respecto a años anteriores, pero la salida total de población española, sobre todo jóvenes bien preparados, aun constituye una pérdida que se tardará en recuperar. No obstante estos movimientos migratorios al extranjero, por un lado son muy dependientes de la coyuntura económica global, y por otro tienen su lado positivo ya que cuando esa juventud regresa al cabo de los años lo hace en su mayoría con una mayor formación y experiencia y con una red de relaciones muy aprovechable.
Como se verá más adelante, de mantenerse, estas cifras de migración suponen una solución, aunque tímida, para mejorar el nivel de reposición poblacional y para mantener un sistema de pensiones adecuado, siempre y cuando el índice de fecundidad recupere por lo menos las cifras de los años 80 del siglo pasado. Lo cual me posicionaría parcialmente en contra de la pesimista postura del profesor Albert Banal-Estañol anteriormente mencionado.
Los aspectos demográficos mencionados hasta ahora no nos deben conducir al desánimo. Se puede ser moderadamente optimista si sabemos dar los valores adecuados a las variables que tienen mayor influencia en nuestro problema demográfico. Y, como trataré de explicar en otros artículos, eso supone diseñar un conjunto coherente de políticas públicas, con visión a largo plazo que, superando las lógicas diferencias entre partidos políticos, logre la aplicación coordinada y continuada de esas políticas públicas. Todos los líderes políticos tienen el deber de mirar al futuro a largo plazo y, con la información adecuada, con generosidad y lealtad al pueblo, lograr un gran pacto de Estado que movilice los recursos necesarios para alcanzar el objetivo, si no de revertir la situación, que creo ya tarea imposible, si de corregir la tendencia de los indicadores demográficos, evitando un mayor envejecimiento y el incremento de la despoblación.
En definitiva, conociendo las causas, si hay voluntad política, se pueden encontrar vías de solución. Por eso no se si, en los últimos 40 años, nuestros políticos no han tenido conocimiento de las causas, o si conociéndolas no han podido, no han querido o no han sabido aplicar las medidas correctoras necesarias.
LUIS BAILE



[2]https://www.ine.es/jaxi/Datos.htm?path=/t20/e245/p04/provi/l0/&file=00000002.px
[5] “RAZÓN DE DEPENDENCIA (por edad), Llamado también índice de dependencia. La razón entre las personas que por su edad se definen como dependientes (menores de 15 años y mayores de 64) y la que se definen como económicamente productivas (15 a 64 años) dentro de una población.” http://proyectos.inei.gob.pe/web/biblioineipub/bancopub/Est/Lib0944/glosario.pdf
[6] “RAZÓN DE DEPENDENCIA SENIL, Llamado también índice de dependencia senil. La razón entre las personas que por su edad se definen como dependientes por su condición Senil (mayores de 64) y la que se definen como económicamente productivas (15 a 64 años) dentro de una población.” http://proyectos.inei.gob.pe/web/biblioineipub/bancopub/Est/Lib0944/glosario.pdf
[7] https://reportajes.lavanguardia.com/cuanto-cuesta-tener-un-hijo/espana-pais-hijos/
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Luis Baile Roy

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