24 de junio de 2026 15:12

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

¿Qué encontrarás en este artículo?

Cuando al intentar resolver un problema matemático algo complicado nos vamos liando, casi sin darnos cuenta, y llenamos folios sin llegar a poder dar con la o las soluciones posibles, lo más conveniente es que paremos para tomar aire, oxigenar el cerebro y volver a empezar, releyendo con atención el enunciado del problema. Quizás no haga falta volver el principio del planteamiento, puede que los primeros pasos fueran los correctos y debamos empezar a corregir en un punto concreto del desarrollo anterior. Pero lo evidente es que hay que volver a empezar.

Hace meses, sino años, están ocurriendo cosas que pueden significar que en España hemos llegado a liar demasiado el desarrollo de las ecuaciones aplicadas. Estamos en un momento en que no parece posible encontrar una solución acertada al problema planteado en el enunciado, por lo menos para aquellos a los que les guste comprobar la ausencia de error en la solución. Aunque también hay quien se conforma con aproximaciones más o menos gruesas, normalmente inaceptables, a lo que debería ser una solución exacta.

Esto último puede ser el caso de Patxi (hipocorístico de Frantzisko o Francisco en castellano) López que en un alarde de resolución veloz de un problema complicado relacionado con la ley “del si es si”, sugirió la siguiente solución evidentemente incorrecta: “buscaría una modificación para que los que se han beneficiado dejen de estarlo”. Se había olvidado de que, una vez aplicada favorablemente una nueva ley a un condenado, una hipotética modificación posterior no podría ser utilizada en detrimento de aquel beneficiario. Patxi ha superado a Adriana Lastra, porque ella intentaba no decir sandeces y no lo conseguía, pero él ni siquiera procura no decirlas. Lo peor de la “solución Patxi” es que evidencia un fallo en los fundamentos de nuestra llamada democracia: “cómo un tipo así ha podido llegar a ser lehendakari y presidente del Congreso de los Diputados”.

Por si fuera poco, nada menos que el presidente del Gobierno, en compañía de otros y sin oír los informes que suelen ser pertinentes, aunque no vinculantes, ha lanzado al disciplinado grupo parlamentario del PSOE y al de su aliado, UP, a presentar una proposición de ley para hacer desaparecer del Código Penal el delito de Sedición y puede que para reformar el de malversación. Todo ello en un alarde de descaro y desprecio mayúsculo por las instituciones del Estado de Derecho y la ética, con la única finalidad de librar a unos cuantos (bastantes) delincuentes de sus correspondientes penas, principales y accesorias, para que le sigan manteniendo en el poder. Un poder que, en esas circunstancias, deja de estar legitimado.

Pero no queda ahí el problema. Estas y muchas otras leyes y decretos de este gobierno han sido apoyadas borreguilmente por una mayoría parlamentaria, incluso por algún grupo que después se sube cínicamente al carro de la crítica mayoritaria por aquello de conservar a sus votantes. Solo hay que recordar los decretos de los inconstitucionales estados de alarma, la ley del “si es si” y otras ocurrencias de un consejo de ministros reunidos los martes al sol. Muchas de esas leyes y decretos convalidados han producido importante rechazo y asombro, constituyendo una muestra de la desafección y distancia que existentes entre los ciudadanos y sus teóricos representantes, como he manifestado en otras ocasiones.

Si ir más lejos, sin entrar en consideraciones conceptuales sobre el tipo de sistema político que venimos soportando, es evidente que hemos llegado a un momento en el que está quedando patente que tanto los representantes y los gobernantes, unos reunidos en las Cortes Generales y otros en el ejecutivo, han perdido la sintonía que debería existir con los representados. Eso que denominamos la clase política se ha convertido en un grupo de gente preocupada por mantenerse en el poder, no se sabe bien con que finalidad, pero seguro que no es para buscar el bienestar y de los representados y el desarrollo de la sociedad en sus aspectos. Puede que en el hemiciclo quede algún político romántico, decente y entregado a sus votantes, pero yo no los distingo.

En esta situación lo más razonable es plantearse “volver a empezar”. No es cuestión de trazar, o proponer, en estas pocas líneas cómo hacerlo, además de que sería una temeridad por mi parte. Pero sí voy a dar una idea de cómo se podría mejorar la situación, mientras un grupo selecto de personas de talla intelectual, humanidad y entrega generosa, lo que viene siendo un grupo de sabios, diseñan un sistema algo mejor.

Mi propuesta es empezar por cambiar el sistema electoral. Tengo que reconocer que es una sugerencia difícilmente aceptable por casi todos los actuales partidos políticos, acostumbrados a lidiar con las actuales reglas del juego. Pero les aseguro que las cuentas salen, estudien las variables a considerar, denles diferentes valores y podrán comprobar cómo los partidos medianos de ámbito nacional (C,s, UP y VOX) pueden incrementar su presencia en el Congreso y cómo todos, pequeños y grandes, pueden librarse del permanente chantaje de partidos separatistas y localistas. Los números salen y, si se atreven a acometer esa tarea, verán cómo el Índice de Proporcionalidad de las elecciones nacionales aumenta y el Congreso puede convertirse en una verdadera cámara de representación de la soberanía nacional, dejando la representación territorial al Senado.

Una vez metidos en harina igual se dan cuenta de que el Senado debe ser reformado de arriba abajo, incluso podría reducirse el número de senadores y la forma de designación. Pero también debería atribuírsele una competencia mayor, al menos en asuntos que afectaran a los territorios, dejando de ser una mera cámara de segunda lectura, para pasar a tener una capacidad de veto real en aquellos aspectos.

Hagan las cuentas y permítannos pasar más dignamente el tiempo que dure el alumbramiento de las ideas que nos permitan VOLVER A EMPEZAR MEJOR.

Zaragoza, 20 de noviembre 2022

LUIS BAILE ROY

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Luis Baile Roy

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Existe una considerable distancia entre la actuación de los políticos y el sentir de los votantes. Hemos llegado a tener un Congreso de los Diputados que parece más una cámara de representación territorial, con unos partidos localistas sobrerrepresentados y con una importante capacidad de chantaje.

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