Será por la sabiduría y experiencia popular que contienen pero la realidad es que hay refranes que dan en el clavo casi siempre. En el caso que me ocupa este domingo se me ocurren estos dos refranes:
“Dime con quien andas y te diré quién eres”, que nos recuerda que es posible conocer a una persona a través de las personas con las que se relaciona.
“A mala vida, mala muerte”, que viene a advertirnos de que cuando realizamos malos actos de forma sostenida al final pagaremos el precio de ello.
No voy a remontarme a los tiempos del rey Juan II de Aragón y de otros tantos reinos, además de conde de Barcelona, padre de Fernando el Católico, que ya se las tuvo con una nobleza catalana de costumbres bastante injustas y opresivas. Tampoco me voy a detener demasiado en Rafael Casanova porque, por mucho que se empeñen, ese controvertido personaje nunca fue presidente de la Generalidad. Este joven abogado era uno de los cinco Consellers de la Ciudad de Barcelona, elegidos por sorteo como en la antigua democracia griega.
Si que llegó a ser Conseller en Cap, después de unas cuantas intrigas pero, como dice su descendiente Pilar Paloma Casanova, nunca dejó de ser leal a su rey, que era Carlos III de España y VI de Alemania, ni a España y para probarlo acude al llamamiento que su antecesor hizo repartir por Barcelona el 11 de septiembre de 1714, en el que instaba a las gentes de la Ciudad Condal a “empuñar las armas en favor del rey, la patria española y el honor”. Aquello no se trataba de una “secesión”, era una guerra de “sucesión”. Por cierto, desde el siglo XIII al XVIII no existía la Generalidad, lo que existía eran las Cortes Catalanas, un órgano normativo del Principado de Cataluña, como existieron en Aragón y Valencia, pero ese órgano institucional nunca tuvo carácter ejecutivo. De esas Cortes dependía la llamada Diputación General del Principado, institución que recaudaba los donativos aprobados por las Cortes, administrar los impuestos y que llegó a ser como una especie de comisión permanente de las Cortes, pero tampoco fue nunca un ejecutivo, como lo es la actual Generalidad de Cataluña.
Para mí el primer presidente de la Generalidad de Cataluña fue Francesc Macià, que abandonó su carrera militar en el Cuerpo de Ingenieros para ser elegido diputado por Solidaritat Catalana. Después creó el partido Estat Català, formación de un carácter catalanista radical y de izquierdas. Exiliado durante la dictadura dePrimo de Rivera (1923-1930), regresó a Cataluña en 1931 y unió su partido al de Esquerra Republicana. Cuando se proclamó la II República, Macià declaró el Estado Catalán dentro de la que él llamó República Federal Española, aunque no fuera tal en realidad. Ya entonces empezaba la ensoñación y el cachondeo de las declaraciones de independencia o similares. En 1932 Macià fue elegido presidente de la Generalidad, pero como entonces aun eran capaces de negociar la cosa se quedó en que, de momento, solo iban a elaborar un estatuto de autonomía.
En diciembre de 1933 murió Macià y ocupo su cargo Companys el segundo presidente, siniestro personaje sobre el que, como ya he hablado en otras ocasiones, no me voy a extender más a parte de recordar su responsabilidad criminal por acción y por omisión, antes de la guerra del 36 y durante la misma. Éste también hizo sus “pinitos” declarando la independencia de Cataluña en 1934, aprovechando la revolución de octubre planificada e iniciada por el PSOE de la época, aunque su sueño duró unas pocas horas y terminó como el rosario de la aurora, con algún Conseller huido por las alcantarillas y él en prisión acompañado del resto de su gobierno. La cosa no duró mucho por supuesto, porque el gobierno del Frente Popular los amnistió en el año 1936. Hoy día simplemente los indultan.
Tras Companys, fusilado en 1940, Josep Irla se convirtió automáticamente en el tercer presidente de la Generalidad por ostentar entonces el cargo de presidente del Parlamento Catalán. En 1954 dimitió y el parlamento en el exilio, reunido en la embajada de la República en México, eligió a Josep Tarradellas como cuarto presidente de la Generalidad.
Tarradellas había sido consejero de Gobernación y de Sanidad del gobierno de Macià entre 1931 y 1932, pero por diferencias ideológicas con su presidente y sus críticas al Estat Catatà fue expulsado de ERC y abandonó el gobierno. En 1936 regresó y a al poco tiempo, una vez rehabilitado en ERC, ocupó el cargo de consejero de Servicios Públicos, Economía y Finanzas en el gobierno de Companys. Desde esa época le persiguió algo sucio que siempre se ha intentado tapar, pero hay gente valiente como el historiador Miquel Mir,que en el libro “El precio de la traición”[1], da pruebas de que Tarradellas conocía las maniobras de los anarquistas Aurelio Fernandez y García Oliver para conseguir 200.000 francos franceses de la Orden de los maristas, a cambio de la liberación de los que habían detenido durante su exhaustiva persecución a la Iglesia Católica. Según Mir después del pago del rescate se asesinó a muchos de los maristas encarcelados, además de los que ya antes habían sido pasados por las armas, en total asesinaron a 172 maristas en Cataluña. Ese dinero fue entregado por Aurelio Fernandez a Tarradellas, como Conseller de Finanzas, y depositado en Suiza, en parte para pagar armas y después de la guerra para “reagrupar” a ERC en el exilio. Según declaraciones posteriores de Juan García Oliver, Tarradellas conocía la procedencia del dinero y la traición de Aurelio Fernandez a los maristas.
Después de la guerra, Tarradellas fue presidente de la Generalidad en el exilio desde 1954 a 1977, año en que regresó a España, después de negociar su vuelta con el gobierno de Suarez y ejerció como presidente de la provisionalmente restablecida Generalidad, hasta que en 1979 se aprobó el estatuto de autonomía y se celebraron las primeras elecciones autonómicas una vez iniciada la transición. Desde que Adolfo Suarez permitió volver a ese retorcido personaje y se inventaron ese extraño e injusto Estado de las Autonomías volvieron los problemas en Cataluña.
Tras Tarradellas, entra en juego el pequeño el Pujol, el quinto presidente, capo de una mafia familiar y política que logró pingües beneficios para él y los suyos, extorsionando a muchos empresarios, que lo aceptaban de buen o de mal grado, según, además de hacerlo también a los gobiernos de la nación, a cambio de unos votos que los nacionalistas obtenían fácilmente gracias a una ley electoral hecha a su medida y a la de UCD y el PSOE.
Ese señor bajito y poco agraciado no solo ha forrado a todo el “clan” y se ha ido de rositas, sino que además dejo escrito, de su puño y letra, una hoja de ruta soberanista y racista hasta la médula, que sus sucesores nacionalistas han seguido al pie de la letra.
A Pujol le siguieron dos miembros del PSC. El primero, Pascual Maragall, paradigma del socialista catalán, de familia bien situada en el ámbito de la burguesía catalana y con el que comenzó la trasformación nacionalista del PSC, la inmersión lingüística y que siguió con el adoctrinamiento en las aulas iniciado por Pujol. El séptimo presidente de la Generalidad fue un muchachote llamado Montilla, venido a más por esas cosas inexplicables que ocurren en los partidos políticos, que no por sus méritos y preparación académica y que siguió la estela del paradigma de Maragall. Al fin y al cabo con su nivel intelectual y con cero apellidos catalanes no podía hacer mucho más, la cuestión era no molestar.
Con Artur Más, el octavo presidente, los nacionalistas recuperaron la Generalidad. Este hombretón, de buena apariencia y aspecto afable, no logró amasar tanta fortuna, ni con tanta impunidad como Pujol, su padre político, pero que obedeció en todo los designios de aquel y continuó dando vueltas a la tuerca para ir apretando cada vez al Estado español y a sus arcas, además de intentar y, en parte conseguir, una reforma del estatuto de autonomía absolutamente demencial. Lo único que les faltó a estos dos personajes fue la declaración unilateral de independencia.
Mas tarde legó “Tocomocho”, o sea Puigdemont, el noveno jinete. Según la hoja de ruta “pujoliana” a éste le tocaba acabar la inmersión lingüística y declarar unilateralmente la independencia. Pero esta vez la independencia duró menos que la de Companys. Era el séptimo presidente de la Generalidad y el tercero en declarar la independencia, solo que esta vez no solo se escapó un Conseller por las alcantarillas, esta vez se escapó el mismísimo presidente, en el maletero de un coche conducido por un mosso fiel y también unos cuantos Consellers más, vaya a saber usted cómo. Vamos un circo de cuidado, pero hoy están viviendo a cuerpo de rey en algunos países “amigos” de nuestra “leal” UE, a costa de todos los españoles, no solo de los catalanes, mientras la sociedad catalana cada vez se deteriora más y se encamina a un futuro no solo incierto, sino más bien funesto. Y mientras los gobiernos de la nación juegan a ser más democráticos que nadie, como si estuvieran tan convencidos de haber llegado al final de la historia como lo estuvo Francis Fukuyama.
Huido “Tocomocho”, se hace con las riendas un tosco personaje de la Tractoria profunda, un tal Quim Torra, el décimo, que continúa con la presión al Estado español y sigue empobreciendo a la sociedad catalana. Al final, dado el alto grado de chulería y desprecio a los otros poderes del Estado, fue inhabilitado por sentencia del TSJC debido a “desobediencia a resoluciones judiciales o a decisiones u órdenes de la autoridad superior, cometido por una autoridad o funcionario público”. Su paso por la Generalidad fue grotesco y con tintes ciertamente violentos al animar a los Comités de Defensa de la República (inexistente), cachorros de la CUP, a “apretar”, vamos a ejercer presión mediante la violencia. Mientras él creaba una unidad especial de 70 miembros “seleccionados” de los Mossos para la protección del presidente de la Generalidad.
El decimoprimer presidente y último, por ahora, es pequeño personaje con cero apellidos catalanes, un tal Pedro Aragonés, con antecedentes familiares franquistas, que tendrá que hacer muchos méritos para compensar su falta de pureza genética. Ya veremos por donde sale.
De momento está siguiendo los pasos de su antecesor en lo que a segregacionismo y soberanismo se refiere, sin que se le observen políticas adecuadas para mejorar la vida de los catalanes, aunque sí las necesarias para joder a los españoles y en especial a los madrileños y a los catalanes. Éste es el octavo presidente de la Generalidad y ya veremos si repite en el cargo o se va con viento fresco.
El caso es que desde Suarez, pasando por Felipe González, Aznar, Rajoy y sobre todo Zapatero y mi amigo Sánchez han estado contemporizando con esta sarta de pertinaces delincuentes.
No han sabido ni siquiera reformar la ley electoral, por no hablar de su incapacidad para utilizar los recursos del Estado para hacer cumplir la LEY, cuestión esencial en un Estado de Derecho. Por eso, haciendo uso del primer refrán que expuse al principio: “Dime con quien andas y te diré quién eres”, me atrevo a decir que estos señores han sido tan innobles y desleales con España y los españoles, como esos ocho presidentes de la Generalidad con los que han estado comerciando con algo que no es suyo, pues es de todos los españoles.
Ahora solo nos queda confiar en que realmente exista esa sabiduría popular y cuanto antes haga realidad el segundo refrán elegido para iniciar este artículo: “A mala vida, mala muerte”.
Zaragoza, 12 de diciembre 2021
LUIS BAILE ROY
[1] Mir, Miquel, El preu de la traïció, Portic 2010
3 comentarios en “DIME CON QUIEN ANDAS Y TE DIRÉ QUIEN ERES”
Enhorabuena Luis. Buena síntesis del devenir histórico de Cataluña. Como bien resumes todos los presidentes de la Generalitat unos delincuentes cobardes que solo piensan en ellos mismos sin importarles el pueblo catalán como desgraciadamente tampoco a muchos políticos del gobierno de España el pueblo español ( aquí está incluido Cataluña).
En fin, como siempre, ya desde el Cid Campeador
"Que gran vasallo si tuviera gran señor".
Un abrazo
Existe un libro de Jordi Alberti, titulado "El silenci de les campanes" en donde se trata con mucha precisión el turbio asunto de los fondos destinados a la liberación de los maristas. Igualmente, en el libro "Conversaciones con Tarradellas" de Joaquín Soler Serrano se refleja con bastante precisión el carácter de este señor y su modo de pensar y actuar. Hay que decir, no obstante, a su favor, que en los años que estuvo de presidente de la Generalitat actuó de forma bastante sensata, al menos en comparación con lo que vendría después.
Por otra parte, no es del todo cierto que fuese Artur Mas quien propusiese la reforma del Estatut. Esto fue obra de Pasqual Maragall, y sus fines eran particularmente económicos. En todo caso, lo que hicieron Artur Mas y su partido fue exigir unas modificaciones absurdas, en su mayor parte tumbadas por el Parlamento español, y algunas más por el Tribunal constitucional. Tal vez esta reforma, como estaba pensada en su inicio hubiese podido ser beneficiosa para Catalunya, pero está claro que los partidos nacionalistas (más Esquerra que Convergencia) lo echaron todo a perder con su demagogia.
Gracias Joan por la bibliografía que me facilitas y por las oportuna puntualizaciones, cada día debo aprender algo más