18 de febrero de 2026 02:57

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

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Los que hayan leído algunos de mis artículos, seguramente habrán notado que mi simpatía por nuestro actual sistema de partidos tiende a cero y con los últimos rifirrafes la cosa no mejora, no consigo verle ninguna cualidad relevante y eso que pongo toda mi voluntad para encontrarla. Este hecho me produce cierta ansiedad, porque el sistema político en el que pacemos dócilmente, una monarquía parlamentaria, que se desenvuelve al modo de una “democracia liberal”, se basa, ineludiblemente, en la existencia de los partidos políticos. Bueno, en realidad, el sistema se debería denominar de “gobierno representativo”, la democracia es algo más amplio y elevado. Pero, dejando estas disquisiciones para otro rato, podemos quedarnos con que, tanto en un caso como en el otro, los partidos políticos son elementos esenciales.

Admitiendo esa premisa, debería poner un esfuerzo de mi parte para salir de ese estado de ansiedad, aunque moderada, para comprender la manera de proceder de los actuales partidos políticos españoles. Fijado mí objetivo, el esfuerzo lo voy a dirigir a comprobar en qué medida nuestros partidos políticos cumplen con las cinco funciones esenciales que deben cumplir, que no son más que la síntesis de la larga lista que señaló J.A. González Casanova[1], advirtiendo de que lo eran con independencia de sus ideologías, organización interna, programas políticos y apoyo social.

Asombrada de haber llegado aquí
  La primera funciónse refiere a lasocialización política y la creación de opinión. La manera de transmitir a la sociedad los programas políticos y la ideología en la que, teóricamente, están basados ha cambiado radicalmente. Actualmente los medios de comunicación y las redes sociales han introducido unos factores que, a menudo, confieren a los mensajes transmitidos a la sociedad, un carácter de inmediatez, superficialidad y fugacidad que dificultan la creación de una opinión pública fundamentada y consolidada. Esta situación ha rebajado, hasta límites insospechables hace años, la categoría intelectual de las personas que se dedican a difundir las ideas y postulados de su formación política. Como consecuencia, la creación de opinión pública es totalmente deficiente, como lo es en interés público sobre la política. Con ello están logrando, quizás lo hayan conseguido ya, una sociedad desinteresada por lo político, mal informada y peor formada, diríase que algunos partidos (o quizás todos) lo hacen a propósito, como si nos prefirieran menos instruidos, mal informados y más dóciles.

La segunda función esarmonización de intereses”. Exponía González Casanova , allá por 1980, que los programas de gobierno que presentaban los partidos habían evolucionado, desde las propuestas puramente ideológicas y la defensa de intereses sectoriales, a abogar por valores muy generales y por las propuestas de políticas concretas mucho menos diferenciadas. En la actualidad, aunque ya se empezó a observar con los gobiernos de Zapatero, he observado una vuelta a las propuestas y programas sectarios y radicales, cuando menos por lo que respecta a los partidos de izquierda y extrema izquierda. Pero éstos han escondido su vieja, cuestionada y fracasada ideología entre infinidad de nuevos “ismos” y banderas de múltiples colores, por lo que, entre otras causas, han incrementado su sectarismo. 

Atónito y sin olfato

Los partidos de centro y centro-derecha me parece que han intentado mantenerse en esas propuestas más abiertas, en el intento de armonizar diferentes intereses y sensibilidades, al modo de los partidos “catch all party[2], pero están cayendo en una excesiva indefinición y tonta tolerancia y alguna vez van a tener que ofrecer una alternativa ilusionante y unida, ante la radicalización de las políticas adoptadas por la izquierda actualmente en el poder. Quizás de esa manera cumplan con la función de armonizar intereses, por lo menos de los votantes de centro y de derecha, en lugar de defender posturas de falso progreso y valores poco extendidos y menos compartidos en ese espectro del electorado.

La tercera función es la formación de las élites políticas. En la actualidad, es un hecho que, para alcanzar cualquier cargo político de relevancia, se precisa del apoyo de la estructura y capacidad económica de un partido político. El procedimiento que los partidos utilicen para seleccionar a los candidatos a presentar a las elecciones podrá ser más o menos democrático, aunque tengo la sensación de que eso de la democracia interna en los partidos es un cuento chino y en parte lo comprendo. 

El Odón intocable por ETA gritando «franquistas»

Pero eso no me preocupa demasiado, lo que considero más nocivo es que las personas a las que se encumbra, por el procedimiento que sea, para constituir la élite de los partidos no suelen ser las más preparadas intelectualmente, ni las óptimas para liderar la gestión de los asuntos de gobierno. Tenemos en el Congreso y el actual gobierno claros ejemplos de falta de preparación, escasa o nula capacidad de liderazgo, cuando no de una gran dosis de ignorante sectarismo y revanchismo. A menudo se condena al ostracismo a las mentes más brillantes y a las personas más capaces, por un estúpido y miserable instinto de conservación de la poltrona, cuando es bien sabido que el verdadero líder debe rodearse de los mejores, incluso de los que le llevan la contraria, no hace falta que sea “Superman” en todo, pero si debe serlo en generosidad, honradez, lealtad y capacidad de dirección y coordinación del equipo, debe sentirse honrado y orgulloso de poder contar con el apoyo y asesoramiento de gente más brillante que él. En definitiva nuestras élites políticas dejan mucho que desear y por lo tanto los partidos tampoco están cumpliendo en este aspecto.

La cuarta función es orientar las peticiones de la ciudadanía hacia los poderes públicos. Esta función debe ser ejercida por los partidos que obtienen la mayoría para ejercer la función de gobierno, reflejando en su acción ejecutiva las propuestas que estaban contenidas en los programas políticos que han sido apoyados por sus votantes. En cuanto a los partidos que constituyen la oposición política le corresponde la crítica al gobierno, conforme a los principios por los que han sido votados, y la propuesta de iniciativas legislativas propias o de las que constituyan la expresión de lo que piensa y siente el importante sector de la población que les ha votado. Tampoco en este caso me parece que merezcan un aprobado la mayoría de los partidos políticos. En el caso de los que gobiernan porque engañaron desde el primer día con los pactos que juraron nunca realizar, porque luego han gobernado basándose en la mentira continua, el falseamiento de la historia y en un sectarismo tragicómico y porque han adoptado medidas políticas propias de otras situaciones espaciotemporales, con consecuencias negativas incluso para su electorado. 

Murciano murciando cámara

En cuanto al principal partido de la oposición, ahogado en sus cuitas internas, ha hecho una representación en el teatro parlamentario que tampoco transmite tranquilidad y confianza en su electorado y eso se nota en los sucesivos sondeos electorales, en los que, a pesar de los monumentales tropezones gubernamentales, no logra despegar y, cuando lo hace, comete alguna torpeza de chiquillo enfurruñado y vuelve a caer. A los demás opositores, ante el dichoso y antidemocrático “cordón sanitario” sobre unos y la irrelevancia de otros, poco les queda por hacer que no sea el brillante discurso parlamentario y, solo a unos, la capacidad de recurso ante un lento y poco eficaz Tribunal Constitucional, cuya existencia haríamos bien en cuestionarnos. Ante esta situación tampoco veo, consecuentemente, que los partidos políticos actuales cumplan con esta función, más bien los veo cada vez más alejados de la realidad del pueblo al que se deben.

La quinta función es reforzar y estabilizar el sistema político. Al llegar a esta función es cuando me parto de la risa. Por un lado, tenemos en el gobierno a unos ministros de cuota ultraizquierdista que se quieren cargar el sistema establecido desde 1978 sin consultar ni a Dios, para imponernos otro que ya se había probado allende el muro de Berlín y se sigue experimentando en otros países con funestos y a veces fúnebres resultados. 

  Por otro lado, contamos con la otra parte del consejo de ministros que ha adoptado las formas más radicales del PSOE histórico, no llegan a la altura de un Largo Caballero o de un Prieto porque aún no está la fruta madura, pero no es por falta de ganas. Vamos que el sistema no solo le chirria al jefe, es que quiere reinar él. Sólo entonces estará interesado en estabilizar el sistema, mientras tanto seguirá intentando invadir las instituciones que forman los demás poderes del Estado y los organismos estatales que deberían contar con una garantizada independencia de funcionamiento. En cuanto al principal partido de la oposición, parece que se conforma con mantener el sistema como está, sin comprender que para estabilizar a veces hay que inyectar más hormigón en los cimientos y que, para reforzar la estructura hay ocasiones en las que no queda más remedio que desmontar parte de ésta para darle más capacidad de resistencia. Solo por dar un ejemplo de su imperdonable pasividad, cómo es posible que, ni cuando han tenido mayoría parlamentaria, se hayan decidido a proponer la modificación de la Ley Electoral, cuando eso es la clave para conseguir que el Congreso deje de ser una cámara de permanente reivindicación y chantaje nacionalista y se convierta en lo que realmente debe ser: la cámara de la representación de la SOBERANÍA NACIONAL. Posibilidades de conseguirlo hay, solo hay que manejar adecuadamente las variables independientes y tener claro el objetivo.

Me da la sensación de que a los partidos les falta un fondo de armario de ideas, sobre todo nuevas y frescas, pero también útiles para todos los españoles. Para los que quieren invertir y emprender, para los que se pirran por investigar e innovar, para los que simplemente desean trabajar con cierta estabilidad y con un sueldo realmente digno, para los jóvenes que se sueñan con emanciparse e incluso formar una familia, para el que quiere vivir y trabajar en su pueblo y cada vez se lo ponen más difícil, para los ganaderos, los agricultores, los cazadores e incluso para los toreros. Menos lenguaje inclusivo, menos lio con los géneros y los sexos y más trabajar por los españoles, eso es lo que les falta a casi todos los partidos. Porque si no cambian y animan su cansino ritmo habrá que quitarles el micro, habrá que plantearse que para qué los queremos.

Zaragoza, 28 de noviembre 2021

LUIS BAILE ROY



[1] González Casanova, J.A. Teoría del Estado y Derecho Constitucional. Barcelona 1980, Ed. Vicens-Vives.

[2] Kirchheimer, Otto. “El camino hacia el partido del todo el mundo”, en: Lenk, Kurt y Neumann, Franz (eds.), Teoría y sociología críticas de los partidos políticos, Barcelona (1980), Editorial Anagrama

 

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