LOS INVITADOS EN DAVOS
Como dije en el artículo del domingo pasado el presidente Sánchez asistió, por supuesto con su Falcon, al Foro Económico Mundial (FEM), celebrado en el pueblo suizo de Davos. Este año se han reunido alrededor de 2.700 destacados representantes de grandes corporaciones de diversos sectores, del mundo de la banca y las finanzas, 19 gobernadores de bancos centrales, dirigentes de instituciones como Naciones Unidas, Fondo Monetario Internacional u Organización Mundial del Comercio, del periodismo y la comunicación, de la industria farmacéutica, etc. También han asistido 52 presidentes o jefes de gobierno de todo el mundo (30 de ellos europeos), 56 ministros de finanzas y 30 de comercio. EEUU y China solo han enviado delegaciones de “alto nivel”.

No obstante, algo más de la mitad de la población mundial no tenía allí representación política alguna. Sin embargo, en la edición de este año del FEM han seguido haciendo muchas recomendaciones que de acatarse afectarán profundamente a todo el mundo. Y, por lo que se viene viendo, parece que muchos líderes políticos y financieros se someten a esos “consejos”. Este seguidismo, es prácticamente general en occidente y casi absoluto en Europa, donde los gobiernos y parlamentos están permanentemente jaleados desde buena parte de los medios de comunicación y por diversas ONG,s debidamente subvencionadas por esos mismos gobiernos y por los sospechosamente filantrópicos multimillonarios.
No obstante, parece que el FEM de Davos va perdido algo de fuelle en su vuelta, después de la pandemia de la COVID 19, este año no ha asistido George Soros, tampoco Elon Mask, al que ese evento de líderes políticos y empresariales le resulta “aburrido”, ni siquiera ha aparecido Gates para colocar su carne “no carne”. De los dirigentes de los países más poderosos del mundo sólo apareció el alemán, mientras China y EE. UU. enviaron delegaciones para salir del paso, a Rusia ni se le ha invitado y la India envió a su ministro de ferrocarriles, aunque supongo que viajó en Falcon. Pero ahí estaba Pedro Sánchez para salvar a un Foro al que parece que se le está cayendo el sombrajo de la ideología globalista.
Los norteamericanos no están por la labor de dejarse arrebatar el liderazgo mundial y el chollo de su patrón dólar en aras de una globalización que solo aceptarían bajo su dominio. Los rusos evidentemente no quieren jugar ese partido, prefieren asegurarse su parte del pastel, la que consigan agarrar a pesar de la avaricia yanqui. Los chinos a lo suyo, a por todas, ellos pretenden para China “su globalización”, pero no la que se vende en foros como Davos, o la que lleva implícita la Agenda 2030. Pero ahí estaba Pedro Sánchez saliendo en defensa de un multilateralismo globalista y de los mandamientos de la agenda del rosco de colorines.
En Europa muchos dirigentes están empeñados en cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y metas (169) de la dichosa Agenda 2030, y parece que Sánchez el que más. No sé por qué será que Europa siempre tiene que estar en misa y repicando, mientras el resto del mundo mira de reojo y nos espeta que “verdes las están segando”. Las aparentes buenas intenciones de los ODS y las metas que con cada uno de ellos se persiguen son, en su mayor parte, una dignísima colección de utopías. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) de 2018, estimó que el cumplimiento de los ODS requerirían una inversión anual de entre 5 y 7 billones de dólares hasta el 2030. Para tener una referencia, esa cantidad es la tercera parte, o algo más, del PIB del 2022 de toda la UE. o la cuarta parte del PIB de EE.UU. ¿Quién va a soltar esa ingente cantidad de dinero? ¿Alguna institución de nivel mundial sería capaz de gestionar con eficiencia y honradez ese capital?
Para Rusia la Agenda 2030 y los ODS solo significan una manera más de distraer a los países europeos sobre todo. Son una herramienta más de meter presión a unos países cercanos físicamente y distantes en lo político, con los que no acaba de llegar al acuerdo largamente deseado y permanente frustrado, a menudo como consecuencia de la larga mano del tío Sam.
A China esos temas la distraen muy poco, está absolutamente concentrada en seguir adelante con el “capitalismo burocrático” que han ido desarrollando desde los años ochenta, cuando los escritos de Milton Friedman adquirieron gran popularidad entre intelectuales y funcionarios del PCCh. Con la inestimable ayuda por las salvajes deslocalizaciones industriales desde occidente, buscando la reducción de costes del factor trabajo, China fue capaz de concentrar gran parte de la actividad manufacturera del mundo lo que, junto a una la apertura comercial y al reconocimiento de la propiedad privada de 2008, condujo a lograr unos resultados macroeconómicos envidiables, a que su Banco Industrial y Comercial llagara a ser uno de los que más activos acumulara, y a iniciar una decidida expansión diplomática y comercial, sobre todo hacia África y Sudamérica. Hoy día China está dejando de ser el objetivo preferido del capitalismo salvaje occidental, ahora comienza ella a deslocalizar la producción manufacturera de su industria, está entrando en la rueda del capitalismo más rancio, aunque con un nivel aún considerable de intervención estatal. En definitiva, China tampoco está por la labor de la globalización impuesta desde la Agenda 2030, más bien está por su propia globalización, en clara competencia con los EE. UU.
LA AGENDA 2030 NO CUENTA CON BUENA SALUD



Antes comentaba que daba la sensación de que el FEM de Davos estaba perdiendo fuelle y esa impresión tengo también respecto de la Agenda 2030. Además de ciertas contradicciones que se detectan entre algunos de los ODS, desde algunos foros también se ha criticado la absurda presentación tridimensional de la estructura de sus objetivos: biosfera, sociedad y economía, y la estanqueidad entre ellos. Pero las críticas más contundentes se centran en lo que supondría el cumplimiento del objetivo 17: Alianza para lograr los objetivos, que suena a globalismo, a cesión de soberanía nacional y a la cooperación entre instituciones y organismos públicos de un lado y grandes corporaciones privadas de otro, aspecto éste último que, según la ONU, es un proceso muy lento y llevaría a unos elevadísimos costes, por lo que retrasaría sine díe el resto de los proyectos. Igualmente categórica es la crítica que denuncia la falta de priorización de los ODS, en este sentido es evidente que la máxima importancia la debería de tener el objetivo 1: Fin de la pobreza en el mundo. Cuando nos enseñaban de pequeños los 10 mandamientos de la Ley de Dios en aquella catequesis a la fuimos unos cuantos de mi generación, al final nos decían que todos esos preceptos se resumían en dos: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Pues eso, todo debería estar subordinado y dirigido a lograr el primer y principal objetivo, pero no es así, aquí cada cual se agarra al objetivo que le interesa y tira para adelante como pueda y como sea.
Muy al contrario de lo que debería suponer el objetivo 1, desde que se anunciaron los ODS, completamente asumidos por la Agenda 2030, la distancia entre ricos y pobres se ha incrementado. Durante la última década, el 1 % más rico ha capturado alrededor del 50 % de la nueva riqueza, concretamente en el periodo comprendido entre 2020 y 2022 el 1% más rico acumulaba el 63% de la riqueza producida en el mundo durante en esos dos años. En España, según el estudio del World Inequality Lab, publicado en diciembre de 2021, el 1% de los españoles más ricos poseía el 24,2% de la riqueza patrimonial del país, mientras que el 50% más pobre solo dispone del 6,7%. Evidentemente la evolución de la distribución de la riqueza y la renta en España no es ideal ni mucho menos como puede apreciarse en los gráficos que se acompañan, aunque respecto a muchos países europeos España no está mal situada.
EL DISCURSO DE SÁNCHEZ
No obstante Pedro Sánchez apareció en Davos y soltó su típico discurso sobre la excelente situación en la que se encuentra “su país” y el halagüeño futuro que le espera, gracias a las acertadas decisiones de “su gobierno”. Es un discurso digno de ser leído con atención, porque supera el número de mentiras por párrafo conseguido hasta ahora en las peroratas del presidente. Para no alargarme y para que no pueda nadie decir que ofrezco la información sesgada, invito a leer el sermón en el enlace a la página de La Moncloa[1].
Voy a pasar por alto los llamamientos que les hizo a las élites mundiales, ellos sabrán que hacer al respecto, o no, solo quiero llamar la atención sobre esta frase en concreto: “…deberíamos aprovechar esta oportunidad para rehacer y reforzar nuestra arquitectura internacional, para redoblar nuestro compromiso con nuestros valores liberales y democráticos, y para elaborar nuevas reglas y nuevos liderazgos…”. Me ha sorprendido leer que Sánchez considera suyos los valores liberales, cuando buena parte de las acciones de “sus gobiernos” (parece tener dos en uno) se encaminan en sentido contrario. Como también me ha extrañado que llame a rehacer y reforzar los valores democráticos, cuando su trayectoria al frente de “sus gobiernos” ha ido precisamente dirigida a desmontar lo poco que nuestro sistema político pudiera tener de democracia.
En cuanto a los aspectos domésticos que resaltó como éxitos de “sus gobiernos”, siento tener que aguar la fiesta pero la dura realidad y los tozudos datos le desmienten con holgura. Para empezar hay que recordar, porque la gente parece tener muy poca memoria, que su gestión de la pandemia fue sencillamente penosa, abusando de prepotencia y falta de respeto a la ciudadanía y dejando un tufo de corrupción bastante considerable, como ya manifesté en unos cuantos artículos de este mismo Blog (en su versión anterior)[2].
Tampoco puedo dejar de hacer constar que en el mes de enero 2023 en España, “su país” como dice usted, han desaparecido más de 17.000 empresas, según la web de su Ministerio de Trabajo, la mayoría PYMES. Y sabiendo, como debería saber, que esas empresas suponen el 99 % del tejido empresarial español y aportan el 62 % del PIB en el país, no debería presumir mucho de crecimiento, ni de crear las condiciones para la creación de empresas y consecuentemente de trabajo. Debería dejar de repartir miserables pagas y ayudas a cambio de votos e incentivar el trabajo y la productividad, todo un doctor en economía debería saber como hacerlo.
De las cifras de paro no debería presumir porque estamos en primera posición de la UE. Quizás haya que recordar que en diciembre de 2022 alcanzábamos el 13,1 %, viniendo de un 14,7 % en noviembre de 2018. Es decir que “sus gobiernos” han logrado bajar el porcentaje de parados un 1,6 % pero, teniendo en cuenta el artificio de los “fijos discontinuos” que han sido excluidos de las listas de paro y el empleo público y un incremento del empleo público de 388.400 (12,4 % más), es como si no hubieran hecho nada.

Sobre la energía, cuestión de la que también presume el presidente, recuerdo por ejemplo que sus torpezas diplomáticas han logrado ponernos a malas con Argelia y tener como máximo y más costoso proveedor de gas a EE. UU. También presume el presidente de que: “España es uno de los mayores países productores de alimentos del mundo, y se ha comprometido a continuar apoyando las cadenas de suministro de alimentos”, pero es uno de los muchos artífices de la España vacía y de tener a la gente del campo, agricultores y ganaderos, al borde de la quiebra y del abandono. Mantiene, en uno de sus dos gobiernos, a un ministro alineado con las locuras globalistas del multimillonario Bill Gates, personaje empeñado en hacernos comer la carne fabricada por sus industrias, con los productos procedentes de sus inmensas extensiones de tierras repartidas por medio mundo. Un ministro absolutamente indocumentado que la ha tomado con las vacas, animal noble donde los haya, que lleva sobre la faz de la tierra miles de años haciendo mucho menos daño que él.
En definitiva, revisando el discurso del presidente Sánchez, no se puede ver más que un a hombre sumamente endiosado y errado, o a un perfecto hipócrita. Por eso le resulta tan fácil defender a capa y espada una Agenda 2030 tan cargada de utopía como de cinismo. Por eso sirve tan bien a los propósitos de esos conocidos y desconocidos personajes y familias que han estado, y pretenden seguir estando, marcando los caminos por donde debemos transitar el resto de los mortales, por supuesto con coche eléctrico. Ese resto que sumamos más del 90 % es de donde sale las inmensa mayoría del dinero para dotar unos presupuestos, por otra parte continuamente superados por incontinencia en el gasto superfluo e incluso corrupto, y que conduce a una excesiva deuda pública que, casualmente, también está en manos de aquellos que siguen marcando los caminos y que cada año se reúnen en Davos y en algún que otro club elitista.
[1] https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Paginas/2023/170123-sanchez-foro-economico-mundial-davos.aspx
[2] https://bailedelosdomingos.es/wp-admin/post.php?post=152&action=edit
https://bailedelosdomingos.es/wp-admin/post.php?post=161&action=edit
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