12 de marzo de 2026 04:44

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

LA INMIGRACIÓN IRREGULAR (1ª PARTE)

¿Qué encontrarás en este artículo?

Ante la cuestión migratoria la Unión Europea (UE) lleva aplicando, desde 2016, una estrategia de gestión exterior de la migración (externalización) que algunos expertos, como Papageorgiou[1], vienen definiendo como de “círculos concéntricos”. Con anterioridad ya se habían empleado otras políticas como, por ejemplo, el Enfoque Global de la Migración (2005), el Enfoque Global de la Migración y la Movilidad (2001) o la Agenda de Migración, pero todas ellas, por una u otra razón todas acabaron en fracasos más o menos sonoros.

Desde entonces, la UE ha intentado ejercer su poder a través de esos círculos para asegurar su espacio Schengen y alejar la amenaza de la migración irregular a las fronteras de otros países, estableciendo una zona de contención intermedia que sirva de amortiguador. Para lograr esta estructura de seguridad de sus fronteras, la UE ha estado utilizando, por un lado, su poder blando de manera jerárquica, compartiendo conocimientos, aportando medios y trabajando en terceros países, con la finalidad de que ellos asuman el control de la migración. En otras ocasiones, para conseguir que terceros países asuman las políticas migratorias que le interesan a la UE, se ha preferido establecer con ellos un marco normativo común que lograra involucrarlos en los procesos de gestión de la migración.

Gran parte del relativo éxito de esta estrategia se ha debido a los compromisos acordados en la Cumbre de la Valeta de 2015, en la que la UE y varios países africanos acordaron la creación del Fondo Fiduciario de Emergencia de la UE para África, con la finalidad de:

  • Abordar las causas profundas de la migración irregular y del desplazamiento forzoso.
  • Potenciar la cooperación en materia de migración regular y movilidad.
  • Reforzar la protección de los migrantes y los solicitantes de asilo.
  • Prevenir y combatir la migración irregular, el tráfico ilícito de migrantes y la trata de seres humanos.
  • Colaborar más estrechamente para mejorar la cooperación en materia de retorno, readmisión y reintegración.

Uno de los acuerdos enmarcados en esa estrategia de externalización fue el firmado con Turquía en el año 2016, como consecuencia de la presión migratoria que se estaba produciendo en el Mediterráneo oriental, debida a los efectos de las Primaveras Árabes y la guerra de Siria. El control que Turquía se comprometió a ejercer sobre el flujo migratorio que se dirigía hacia Grecia era a cambio del reasentamiento selectivo de refugiados sirios en Europa y de una serie de ventajas y ayudas económicas al Estado turco. Turquía se convirtió así en una importante zona de contención para la frontera de la UE.

Otra zona de atención preferente de la UE, a partir de 2017, ha sido el Mediterráneo Central, en concreto Libia, que ha sido origen de un flujo migratorio importantísimo en el Mediterráneo central que afectaba principalmente a Italia. En este caso las acciones de la UE en Libia se han centrado en:

  • Formar a los guardacostas.
  • Proteger y asistir a los migrantes y refugiados.
  • Apoyar a las comunidades locales.
  • Mejorar la gestión de las fronteras.

En 2019 la UE ya había destinado 408 millones de euros, procedentes del Fondo Fiduciario de Emergencia de la UE para África, a esas labores en Libia.

Como resultado de esas medidas sobre las rutas migratorias por el Mediterráneo central, se produjo un importante descenso en la migración irregular procedente de Libia. Pero, como consecuencia, en 2020 aumentó ese tipo de migración procedente de Argelia, país menos colaborador, evidenciando la flexibilidad de las mafias de tráfico ilegal de personas que actúan en el norte de África. Esta ruta desde Argelia ya no solo afectaba a Italia, sino también a España, principalmente a las Islas Baleares y al sureste de la península.

Por otra parte, las rutas de migración irregular del Mediterráneo occidental son las que afectan más directamente a España, tanto al sur de la península, como a Ceuta y Melilla en el norte de África. En 2018, estas rutas se convirtieron en la vía de acceso a Europa más frecuentemente utilizada, siendo ese año en el que se disparó la entrada irregular de migrantes. En 2019 y 2020, debido a una mayor colaboración de Marruecos, a la eficacia de la colaboración de España y la UE con ese país (operación Indalo) y, por supuesto a los efectos de la pandemia del COVID 19, se produjo una significativa reducción de la migración irregular. Sin embargo los enfrentamientos diplomáticos de Marruecos con España y la UE, principalmente por la cuestión del Sahara, han enrarecido la situación, observando una inhibición de Marruecos en el control de sus fronteras, cuando no un estímulo a los migrantes para pasar a España, lo que, consecuentemente, ha producido un importante repunte en la presión migratoria a lo largo del año 2021.

La ruta de África occidental afecta directamente a las Islas Canarias. Los flujos de migración proceden de Marruecos, el Sáhara Occidental, Mauritania, Senegal y Gambia, aventurándose a una arriesgada navegación en “cayucos”[2], que puede suponer desde unos 100 kilómetros hasta más de 1600 dependiendo desde donde partan y por donde se aproximen a las Islas Canarias. La entrada más numerosa de migrantes irregulares a las Canarias (31.000) se produjo en el año 2006. Posteriormente disminuyó a unos 1500 anuales, debido a un mejor control de fronteras y gestión de la migración por parte de Marruecos y Mauritania principalmente, para aumentar drásticamente en el año 2020, en el que desembarcaron 22.000 irregulares y en 2021, año en el que llegaron 14.720 hasta el 15 de octubre. Este incremento se produjo por las razones señaladas en el párrafo anterior y porque las medidas contra el COVID 19 tomadas en varios países africanos han obstaculizado los desplazamientos por las rutas migratorias de Mediterráneo occidental, además de haber empeorado las condiciones de vida en los países de origen. En esta zona la UE también colabora con España desplegando agentes de Frontex para apoyo en las labores de recopilación e intercambio de información.

Cayucos en el puerto de Nouabidú (Mauritania)

En 2016, la UE también activó el Centro Europeo de Lucha contra el Tráfico Ilícito de Migrantes, con la finalidad apoyar a sus miembros a combatir el tráfico ilícito de migrantes. La misión de ese centro consistía en asistir a las autoridades policiales y fronterizas y coordinar las complicadas operaciones transfronterizas contra el tráfico ilícito de migrantes. Igualmente se ha establecido una estrecha colaboración con los países de origen y de tránsito, con el objetivo de desarticular las redes de tráfico ilícito de migrantes.

Todo este esfuerzo, orientado a dar seguridad a las fronteras exteriores de la UE y al control de la inmigración irregular, aunque ha obtenido algunos éxitos, no ha sido suficiente para lograr un control efectivo completo de las fronteras de la UE. Sea porque los medios aportados por los miembros de la UE se han quedado cortos, o han sido recortados una vez comenzadas las misiones, sea porque los países de origen de la migración y los de tránsito no han sido muy colaborativos, sea porque los medios y procedimientos de las mafias dedicadas al tráfico ilegal de migrantes consiguen sortear los controles policiales o porque estas mafias reciben apoyos externos, debidamente remunerados, en la fase final del traslado de los migrantes a nuestras costas, el caso es que esta guerra la están perdiendo los países de la UE.

 

Pero esta guerra no se libra exclusivamente contra los flujos de migración irregular procedentes de países de la zona oriental del Mediterráneo, como Siria o Irak, o del África subsahariana o del Magreb, también tiene sus enemigos interiores. La inmigración irregular es un tema que sirve a todos los partidos, en algunos casos como arma arrojadiza contra el rival y en otros para lograr apoyos electorales a costa de ventajas sociales y subvenciones de dudosa legalidad o, por lo menos, poco oportunas, porque el efecto llamada que suponen esas ventajas, en un país en crísis, con un paro desbocado, al que se añaden los ERTE,s y los autónomos en cese de actividad, puede producir serias tensiones sociales. Pero de todo ello trataré en otro artículo que dedicaré en exclusiva al indecente uso de la inmigración ilegal por parte algunos de nuestros políticos .

Vitoria, 31 de octubre 2021

LUIS BAILE ROY

 



[1]Papageorgiou, Vasilis. “The Externalization of European Borders”, Center for International Strategic Analysis, Research Paper Nº 23, 2019.

[2] Embarcaciones de pescadores típicas de Senegal y Mauritania.

 

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

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