23 de junio de 2026 22:53

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

POLÍTICAS CONTRA EL PROBLEMA DEMOGRÁFICO. CONCLUSIONES

¿Qué encontrarás en este artículo?

A modo de conclusiones, para finalizar esta serie de artículos dedicados al problema demográfico español y a la baja tasa de natalidad, publico hoy este artículo que, como he dicho, cierra esta serie y abrirá unos domingos dedicados a las variedades de nuestro particular cabaret político nacional.
¿Tenemos razones para el optimismo ante nuestra perspectiva demográfica? Puede que  si para un optimismo moderado. Me explicaré: en mi vida profesional siempre he tenido la tendencia a no perder la esperanza de que, con una planificación concienzuda, trabajoconstante, esfuerzo generoso, confianza en el equipo y un ideal, siempre podríamos superar los retos que se nos plantearan. Pero mi natural optimismo se modera porque en nuestros representantes políticos, sin distinción de siglas, veo ciertas carencias que podrían impedirles llegar a planificar a largo plazo medidas consensuadas necesarias ante el reto demográfico de España. Tampoco veo en ellos un gran amor por el trabajo tranquilo, constante, racional; más bien veo en ellos una predilección por el trabajo a salto de mata, según los requerimientos pasajeros del respetable en época electoral o de los acontecimientos. Ni que decir tiene que el esfuerzo solo se les ve de vez en cuando; sus ideas, teorías u opiniones son normalmente expuestas en eso llamado twuiter, donde creo que se pueden expresar con un límite de caracteres muy adecuado al mínimo esfuerzo, la máxima simplificación y a menudo el frecuente exabrupto y que seguramente serán redactados por sus asesores o gabinete de comunicación correspondiente. Si hablamos de confianza en el equipo, ya vemos como son las fidelidades y lealtades en los momentos difíciles de un líder de partido o como son las reacciones de los aspirantes contrariados.

Bueno, pero ¿tendrán algún alto ideal que les motive? Habrá que suponer que así es. Tendrán sus ideales y a cada uno de nosotros, según nuestro posicionamiento político personal, nos parecerán más o menos loables, aunque los respetemos democráticamente todos. Lo malo es que no veo un ideal que una sus voluntades, por encima de sus fines partidistas, no los veo capaces de apartar diferencias programáticas para caminar juntos por la consecución de los objetivos, cuyo logro es imprescindible para el bien de nuestra nación. Pero no podía ser de otra manera cuando pierden sus energías, por ejemplo, en discusiones sobre el concepto de nación, de soberanía o de estado-nación y no se centran en los verdaderos problemas que afectan al pueblo que les ha concedido el poder político. Claro que esos temas son importantes y que de una u otra manera habrá que abordarlos y dejarlos claros; por supuesto que el concepto de nación es discutido y discutible, no hay que ser un sabio para darse cuenta (para entretenerse en ello les aconsejo por ejemplo la lectura de un libro de teoría política[1]). Pero esas cuestiones han de ser tratadas con suma delicadeza e inteligencia política además de que, en un Estado de Derecho como el nuestro, uno de los más garantistas que existen, al entrar esos temas en el ámbito de los principios constitucionales, que definen la soberanía, la forma de Estado y los derechos políticos, es preciso atenerse al proceso legal estipulado para cualquier cambio.
En resumidas cuentas, quiero decir que estamos en el tiempo de descuento en asuntos clave, que están por encima de la pequeña política, como lo son el problema demográfico español, el paro y la estructura productiva o el cambio climático. Por lo tanto, los responsables políticos no pueden dispersarse, no se deben dejar distraer, con reivindicaciones separatistas que están fuera de tiempo, de lugar y de la Constitución. Ytampoco pactar con quién las sostenga para conseguir un precario apoyo parlamentario.

En los pueblos tienen un dicho que define perfectamente lo que se precisa en estos momentos: “HAY QUE SEPARAR EL GRANO DE LA PAJA”. Hay que identificar los principales problemas de la nación y llegar a acuerdos de Estado que procuren soluciones con carácter de permanencia en el tiempo. Uno de esos problemas es la situación demográfica de España, la actual y la futura. Y para enfrentarlo tenemos que ponernos manos a la obra, logrando un consenso que permita, planificar políticas públicas bien diseñadas y financiadas, dirigidas y ejecutadas con el trabajo constante y el esfuerzo de equipos bien coordinados, que no desvíen su atención del objetivo que se pretende lograr a largo plazo, del ideal de lograr una nación más justa con un futuro, el que sea, mejor que el presente.
El esfuerzo económico, como se ha podido ir leyendo hasta ahora, no es excesivo y mucho menos si tenemos en cuenta que nos jugamos lograr una situación demográfica equilibrada, además de permitir alcanzar y/o mantener el Estado “Social” y de Derecho que reza nuestra Constitución y un Estado del Bienestar sostenible.
Por ejemplo, cuando traté el tema de la política de vivienda, proponía una inversión estatal en vivienda social del 1,5 % del PIB, con lo que nos colocaríamos al nivel de la mayoría de los países europeos. Pero recuerdo que, entre otras cosas, proponía entonces reducir la construcción de vivienda nueva (hay 3,5 millones de viviendas vacías, según el censo de poblaciones y viviendas de 2011), dar prioridad a la rehabilitación de viviendas y edificios, la mejora de la accesibilidad y la eficiencia energética y la regeneración de espacios y equipamientos públicos. Y por supuesto hay que adoptar alguna medida incentivadora (seguramente fiscal) para poner en el mercado de alquiler o venta una buena parte de ese parque de vivienda vacía. Creo además que sería conveniente revisar la transferencia a las CCAA de la competencia sobre la política de vivienda, en orden a lograr una mayor armonización de acciones y una efectiva igualdad entre todos los ciudadanos españoles.
En referencia al primer ciclo de educación infantil, importante caballo de batalla para lograr mejorar la tasa de natalidad, el esfuerzo económico del Estado no supondría más que un 0,52 % del PGE que, por tomar una referencia homogénea en todas las políticas públicas tratadas, la expresaré en referencia al PIB: 0,195 % del PIB.
El coste de la aplicación de medidas de conciliación personal, familiar y laboral para el Estado es mínimo, en todo caso podría hablarse de una pequeña reducción de los ingresos por las cuotas de los empresarios a la Seguridad Social.Sin embargo, sí que supone para las administraciones un esfuerzo en la producción legislativa, en el establecimiento y difusión de medidas propiciatorias de la conciliación y en el control del adecuado acceso y uso de las mismas por parte de las empresas y los trabajadores.
En cuanto a lo tratado sobre Política Salarial, tampoco supondría prácticamente un gasto reseñable para las cuentas del Estado ya que, si por un lado se proponía una rebaja de la escala de cuotas de autónomos a la Seguridad Social, por otro se proponía una subida del SMI que supondría unos ingresos superiores por IRPF e IVA, además de proponer el incremento de la Base Máxima de Cotización acercándola a la que se da en la mayoría de los países europeos.
Entre las ayudas económicas por deducciones de IRPF y la disminución de la recaudación de IVA, calculada suponiendo que se hicieran efectivas las reducciones propuestas cuando traté de Política Fiscal, el esfuerzo del Estado supondría un 0,53 % del PBI.
Por lo que respecta a la Política Laboral, además del esfuerzo en producción legislativa y de inspección, económicamente al Estado le supondría tener que incrementar su gasto en este aspecto alrededor de un 0,1 % del PIB, que podría elevarse hasta el 0,15 %, si se incluyen aquí las mejoras y ampliaciones necesarias en la FP, sobre todo en el ámbito rural.
En Política Migratoria no he propuesto ninguna disminución ni incremento de gasto, lo único que tengo que manifestar aquí, como conclusión a todo lo mencionado en el artículo en el que lo traté, es que las diferentes administraciones implicadas en este asunto cumplan con la Ley en todos sus extremos. Esta será la mejor forma de lograr un trato digno al inmigrante, tanto en el aspecto laboral, como en el social.
Me resulta muy difícil hacer una estimación económica de lo que supondría financiar las soluciones propuestas para luchar contra la despoblación de zonas rurales, máxime cuando entre ellas he mencionado unas que tienen que ver con la Políticade Vivienda, otras con la de Educación y otras están relacionadas con las Políticas Laboral o la Fiscaly ya las he valorado anteriormente. Además, no puedo hacer un estudio comparado con la realidad de otras naciones de nuestro entorno pues este problema tiene en España unas connotaciones muy específicas. Sin embargo, me voy a atrever a dar una cifra aproximada de lo que podría suponer una apuesta decidida por recuperar las zonas rurales afectadas con posibilidades: 0,9 % del PIB, que supondría, más o menos un 2,3 % de los PGE.

En resumen, las inversiones del Estado en todas estas políticas encaminadas a la solución del problema demográfico, distribuidas entre los departamentos afectados o gestionadas por un departamento específico creado al efecto, podría llegar a alcanzar un 3,22 % del PIB, es decir unos 40.000 millones de Euros, cifra perfectamente asumible teniendo en cuenta la gravedad de nuestro problema demográfico, sobre todo vista con perspectiva de futuro. Incluso esta cifra puede parecer baja si tenemos en cuenta que los efectos económicos de la corrupción en España están cifrados por la Comisión Europea y EUROSTAT en 90.000 millones de euros anuales:
La corrupción hace perder a los españoles 90.000 millones de euros cada año, lo que representa el 8 % del Producto Interior Bruto (PIB)……. los 28 Estados miembros de la UE pierden cada año 904.000 millones de euros a causa de la corrupción, incluyendo sus efectos indirectos, como la reducción de los ingresos públicos debido al fraude fiscal……………. la cifra de dinero público que se lleva la corrupción en España es cuatro veces mayor que el presupuesto anual destinado a los subsidios para desempleados (unos 19.600 millones de euros) y dos veces mayor que el dinero invertido en educación (43.000 millones).”

No es el momento adecuado para perder el tiempo machacando con titulares permanentes sobre la corrupción del rival político en la prensa de cada color, cosa que no estaría de más, sí además se hicieran los deberes con la persecución de esa corrupción oscura, extendida y poderosa, con la que no se atreven. ¿No saben? o ¿no quieren? combatirla. El Estado tiene herramientas de inteligencia, de inspección, de control, judiciales, policiales y muchas personas muy dispuestas a trabajar por el futuro de nuestra nación. Los responsables políticos son los que deben emplear con buen pulso esas herramientas. Si no saben abandonen las poltronas, a las que se agarran como garrapatas, y vuelvan a sus anteriores ocupaciones, si es que alguna vez han tenido alguna. Si no quieren hacerlo, algún día lo pagaran, no se cuando ni como pero, por lo menos, la historia con mayúscula, no la historia que ellos dictan, destapará sus vergüenzas. Trabajen por los españoles, por todos los españoles, y verán como hay dinero para poder ayudar a revertir la situación demográfica y poder dar esperanza a las siguientes generaciones. Pero como no todo es cuestión de dinero, piensen antes de hablar o publicitar y dejen de ejemplarizar el consumo irracional, la comodidad del sofá y el videojuego o las apuestas, la vida fácil y subvencionada. Pasen se al bando de dar valor al esfuerzo, a la meritocracia, a la verdadera igualdad, la de las oportunidades. Ofrezcan a los españoles algo verdaderamente ilusionante, algo que les motive, algo que les empuje a levantarse por las mañanas no sólo para sacar adelante a su familia, algo que les haga levantar la vista y mirar a su alrededor y hacia el futuro. Sean ustedes decentes, trabajen y digan la verdad.

LUIS BAILE ROY


[1]  Heywwood, Andrew. Introducción a la Teoría Política. Ed. Tirant lo Blanch. Valencia 2010

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