A Alberto Núñez Feijoo le está cayendo la del pulpo a cuenta de la postura adoptada por su partido ante la jugada a dos bandas con la que Sánchez y compañía pretenden controlar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y el Tribunal Constitucional (TC). A don Alberto estas cosas le pasan porque su partido, cuando pudo, no cambió las leyes que debió mudar, y no lo hizo porque tampoco le convino. Ahora le toca asumir las consecuencias de aquellas decisiones y tirar para adelante como pueda.
Las prisas que tiene el presidente del gobierno, sobre todo para lograr “su” mayoría de vocales del TC son comprensibles, porque de ello depende que la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), ratificada por el Tribunal Supremo (TS), sobre el famoso 25% de castellano en las aulas catalanas, sea declarada inconstitucional, como exige ERC, para apoyar los muy cuestionados presupuestos del 2023. Lo del indulto de Griñán y otras cuestiones menores no le preocupan demasiado, hará lo que le plazca, como buen autócrata que es, a pesar de los consejos e informes en contra. Pero lo del TC es diferente, en ese tribunal hay unas cuantas leyes recurridas atascadas desde hace años, como por ejemplo la del aborto, sobre las que le gustaría ver una sentencia positiva cuanto antes. También supongo que le gustará tener el control del TC ya asegurado para cuando lleguen otra serie de recursos de inconstitucionalidad contra algunas de las infumables leyes de carácter sectario, impregnadas de ideología identitaria, cuando no de mentira y falta de respeto por la historia. Leyes todas ellas que están a punto de ver la luz, a pesar del sentir general de un pueblo que está atónito de ver cómo ustedes se entretienen con semejantes ocurrencias, mientras empeoran su vida.
La sola posibilidad de que Sánchez pierda las siguientes elecciones, le está llevando al intento, casi desesperado, por asegurar el control sobre el CGPJ y el TC, para dejar asegurada du “obra” y minar el camino a su sucesor. Porque, en el caso de que no consiga perpetuarse en el poder, al que le toque la patata caliente de formar un nuevo gobierno se lo va a poner difícil, con la colaboración de los subvencionados sindicatos, la fiel aportación de las diversas mareas, los entregados medios de adoctrinamiento y el control del Poder Judicial. Si se produjera el hecho de que don Alberto ganara las elecciones se le iban a helar las pocas sonrisas que prodiga. Puede que saliera ganando, dejando que el figurín que habita actualmente La Moncloa se coma el marrón de lo que está por venir.
Siempre que ha llegado el PP al gobierno ha pecado de exceso de complejos ideológicos y morales, de compadreo con los nacionalismos centrífugos, de seguir dilapidando dinero público en subvenciones absolutamente prescindibles y de mantener, sin la más mínima modificación, las leyes más controvertidas de nuestro cuerpo legislativo, como por ejemplo la ley electoral o la del CGPJ. El PP no ha sabido acabar con esa estupidez de la supuesta “superioridad moral de la izquierda”.
Ahora, como he dicho al empezar, le están poniendo a caer de un burro por bloquear la renovación del CGPJ, cosa que viene de lejos y que no es únicamente responsabilidad de su partido. Pero claro, no puede pasar silbando y mirando para otro lado, porque su partido ha mantenido este viciado sistema de elección de vocales del CGPJ. Recuerde que el Artículo 122.3 de la Constitución Española[1] (CE) determina que los vocales de procedencia judicial serán designados según se establezca en la correspondiente ley orgánica. Acuérdese de que la LO 1/1980 del CGPJ, de 10 de enero, fijaba en su artículo duodécimo que “Los Vocales del Consejo General de procedencia judicial serán elegidos por todos los Jueces y Magistrados que se encuentren en servicio activo”, situación que confería al CGPJ un carácter suficientemente independiente de los otros dos poderes del Estado. Quizás por esa razón, gobernando ya el PSOE, esta LO fue derogada por la LO 6/1985, de 1 de julio por la que, según el artículo 112.3[2], “cada una de las Cámaras propondrá, igualmente por mayoría de tres quintos de sus miembros, otros seis Vocales elegidos entre Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales que se hallen en servicio activo”. El PSOE de Felipe y Guerra, ya entonces, empezó a pasarse por el arco del triunfo la separación de los poderes del Estado, pero ni con las mayorías absolutas de Aznar y Rajoy han movido ustedes ficha. Quizás también les venía bien esa situación y miraban para otro lado cuando alguien reclamaba la “dichosa separación de poderes” del molesto Montesquieu.
En el supuesto caso de que consiga gobernar, en solitario, o acompañado, después de las siguientes elecciones legislativas, acuérdese de los malos ratos que le están haciendo pasar ahora a cuenta de este tema y atrévase a volver al espíritu de la LO 1/1980 del CGPJ, de 10 de enero, en lo que se refiere a la elección de los vocales de procedencia judicial de dicho consejo. Sacúdase los complejos que han venido atenazando a su partido y póngase el mundo por montera, como en su día lo hizo el PSOE cuando decretó la muerte de Montesquieu. Seguramente descubrirá que además, de esa manera, es mucho más fácil renovar los cargos del CGPJ.
Entre tanto, y para su beneficio, tanto en el caso de que gane las elecciones como que no, intente aguantar el tipo, no ceda, por muchas estupideces que salgan de la boca del alucinado ministro Bolaños o del mismísimo “super Sánchez”. Negocie cuanto quiera, incluso la renovación del CGPJ, si le apetece, pero procure no hablar en balde porque por la boca muere el pez. Mantenga sus bazas ocultas, no se deje llevar al terreno de “La isla de las tentaciones” o del “First Dates”, donde tanto les gusta moverse a sus oponentes. Huya del espectáculo y exija un proceso serio de negociación que pueda conducir a la producción de algo positivo.
No descubra nunca sus límites en esta negociación, ni la posible ductilidad de estos, céntrese en sus intereses y en la motivaciones de sus posiciones e intente identificar los que hay detrás de la posición contraria, aunque creo que eso lo tenemos todos claro. Puede que, teniendo identificados los intereses y motivaciones de ambos, se pueda llegar a alguna posición diferente a las actuales y que puedan satisfacer a las dos partes. “Imaginación al poder”, pero recuerde que una posición política se puede ajustar o modular, pero nunca el fundamento o motivación que la respalda.
Recuerde también que la negociación se produce en el ámbito humano, en el que lo emocional es importante y, por tanto, hay que intentar lograr un nivel mínimo de conexión y la empatía con los adversarios, para crear un clima de trabajo conjunto que permita negociar. Esto puede resultar difícil en algunos casos y con ciertos personajes, pero es imprescindible recordar que es una cuestión pragmática y funcional, ni más ni menos. Hay que hacer ese esfuerzo, mientras el interés por mantener el adecuado clima de trabajo se dé también por la otra parte. Tampoco es cuestión de soportar desplantes o posturas prepotentes. Porque en una negociación se trata de eso, de trabajar en conjunto para “crear una solución” que antes no existía. Se trata de un proceso creativo llevado a cabo por un equipo de trabajo que “debe producir algo llamado solución”. Insisto la “la imaginación al poder”.
Pero sobre todo no olvide que está enfrente del mayor trilero de la política nacional, e incluso europea, de un personaje para el que la mentira es una virtud, de un tipo que es capaz de vender la “excepción ibérica” como la solución a la carestía energética y, sin embargo, mantener a su país con unos de los precios más altos de Europa. Y recuerde que detrás de él tiene a todo un PSOE que casi nunca ha sido honrado con España.
Zaragoza, 6 de noviembre 2022
LUIS BAILE ROY
[1] “El Consejo General del Poder Judicial estará integrado por el Presidente del Tribunal Supremo, que lo presidirá, y por veinte miembros nombrados por el Rey por un periodo de cinco años. De estos, doce entre Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales, en los términos que establezca la ley orgánica; cuatro a propuesta del Congreso de los Diputados, y cuatro a propuesta del Senado, elegidos en ambos casos por mayoría de tres quintos de sus miembros, entre abogados y otros juristas, todos ellos de reconocida competencia y con más de quince años de ejercicio en su profesión.”
[2] Además, cada una de las Cámaras propondrá, igualmente por mayoría de tres quintos de sus miembros, otros seis Vocales elegidos entre Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales que se hallen en servicio activo.

