Este invierno han vuelto a subir la luz y el gas, y siempre tienen explicaciones para estas subidas. Cuentan que del precio gas se está viendo muy afectado debido al recorte en el suministro desde Argelia, que parece tener problemas con el proceso necesario para suministrar su oro gaseoso por los gasoductos, a lo que se suma la subida de la demanda de Gas Natural Licuado en países del mercado asiático dispuestos a pagar precios por encima del mercado.
En cuanto al precio de la electricidad, tiene sus oscilaciones como no podía ser de otra manera, pero el resultado es que el usuario, al que la nómina, si la cobra, se la mantienen congelada, siempre acaba viendo aumentada la facturación anual y, lo que es peor, cuando más precisa de ese servicio más caro le sale.
En el primer semestre de 2019 el precio de la electricidad en España solo era superado por el de Bélgica e Irlanda, Dinamarca y Alemania, según Eurostat. El caso es que aquí, haciendo gala de quijotismo, nuestros gobernantes han emprendido la senda del cierre de las centrales nucleares y hemos procedido ya a cerrar las centrales térmicas, sin ofrecer alternativas al desarrollo en comarcas enteras, mientras que en Alemania han puesto como fecha límite para el cierre de las centrales de carbón el año 2038. Despacito y con buena letra todo puede ir mejor.
La cuestión de la telefonía no le va a la zaga. Además de tener en la indigencia de Mbytes a la España vaciada, los precios que nos imponen los operadores de telefonía e internet en nuestro país están entre los diez más caros de Europa, como se muestra en el siguiente mapa.
Al abandono a que nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes en lo que a nuestros intereses se refiere, se le une su avidez recaudatoria. El IVA aplicado a estos tres servicios considerados imprescindibles es el 21%, también uno de los más altos de Europa y, aunque la ministra María Jesús Montero se empeñe en contarnos que es culpa de las rigideces de la UE, sabemos que no es cierto. Lo que ocurre es que su intención es la de seguir abusando de ese injusto e indiscriminado recurso impositivo mientras puedan, como lo han intentado con las dichosas mascarillas y siguen haciéndolo con los pañales y productos de higiene infantil. Claro que, en este último caso, es lógico dada sus pocas ganas de incentivar la natalidad y ayudar a las familias, ahora llamadas Unidades de Convivencia, que aun quieren tener hijos. Sin embargo si han aplicado la reducción del IVA a los productos de higiene íntima femenina, cosa evidentemente justa, ya que su lobby preferido así se lo demandaba.
Esta es una situación que viene arrastrándose desde hace tiempo, sostenida por unos u otros gobiernos y que no solo afecta a los servicios y productos aludidos. Algunos incautos creyeron que ese partido que capitalizó la indignación de aquel 15 M iba a intentar terminar con esa situación. Otros, más incautos aún, pensaron que el PSOE de don Pedro también se estaba apuntando a lo de trabajar por la “gente”, palabra que utiliza don Pablo para referirse a todos nosotros en un tono que se me antoja despectivo, como si nos estuviera perdonando la vida cual pistolero de las novelitas de Marcial Lafuente Estefanía.
No hombre no. Lo que consiguieron esos incautos, de uno y otro bando, que facilitaron, sin conocimiento previo, la coalición de los “Picapiedra”, fue empeorar la situación y facilitar el saqueo de las cuentas públicas. Los nuevos ocupantes de la Moncloa y de tantos (demasiados) ministerios, se están distinguiendo por mantener e incrementar los ingresos de esos oligopolios y de paso, vía impuestos, procurarse los fondos públicos necesarios para asegurarse un cuerpo de asesores desmedido, aunque posiblemente necesario dada la indigencia intelectual y técnica de muchos de sus asesorados. También se costean con nuestros impuestos unos lujos con los que no hubieran podido soñar en el supuesto de que pretendieran trabajar en el ámbito privado, cosa que en su mayoría no han pretendido jamás. No me voy a olvidar de que también malgastan el dinero de todos en subvencionar todo tipo de asociaciones que supuestamente deberían de trabajar por y para la “gente”, aunque la realidad demuestra que un gran porcentaje de sus fondos son empleados en dar un buen nivel de vida a sus dirigentes y gestores, mientras que las personas que deberían ser los últimos beneficiarios de sus actividades se quedan a verlas venir. Y si no que se lo cuenten a las víctimas de la mal llamada “violencia de género” en Andalucía, durante el reinado socialista en esa región.
Toda esta ensalada de despropósitos la aderezamos con unas cuantas leyes que nos importan un pimiento a la mayoría, y la acompañamos con un segundo plato de pandemia poco hecha y mal gestionada y ya podemos presentar a la mesa un menú incomible por nosotros, “la gente”. Lo malo es que esto no tiene visos de cambiar en tanto no despidamos a estos malos gestores que están arruinando a nuestra querida empresa. Y no me refiero solo a los que actualmente están sentados en los sillones de la dirección, aunque estos son de traca, porque estamos sufriendo las consecuencias de estar en manos de una clase política (incluidos los supuestos indignados de antaño) sin preparación ni conocimientos suficientes y, lo que es más grave, sin vocación de servicio. Cómo cambiarían las cosas si los diputados fueran al Congreso desde sus trabajos, si la política fuera para ellos una vocación y no una solución ocupacional, si sólo cobraran sus desplazamientos y las dietas correspondientes a sus días de desempeño parlamentario. Seguro que si fuera así nos evitaríamos la vergüenza de ver publicadas leyes tan inútiles y sectarias como las de memoria histórica y democrática, la que llaman “trans” (¿?) y otras aún más innombrables. Seguro que se preocuparían más por controlar la gestión del ejecutivo y menos de cientos de estupideces para las que se organizan innumerables comisiones de investigación parlamentaria, por supuesto bien remuneradas.
No se están dando cuenta, pero los españolitos de a pie, a los que nos llaman su “gente”, estamos ya hasta los mismísimos de soportar sus mentiras y despilfarros. O se van por propia voluntad o los tendremos que echar de la manera que sea. Ya pensaremos cómo.
14 de marzo 2021 (primer aniversario del primer estado de alarma)
LUIS BAILE ROY



1 comentario en “SOMOS LA GENTE Y ESTAMOS HARTOS”
Efectivamente Luis, estamos hasta los mismísimos y mucho más de esta chusma de desgobierno.
Un abrazo