25 de enero de 2026 02:33

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

TALIBÁN (طالبان) ESTUDIANTES, MALDITOS ESTUDIANTES

¿Qué encontrarás en este artículo?

UN POCO DE HISTORIA

Desde 1747, año que se tiene como el de la fundación del Estado de Afganistán y hasta 1973 los Durrai, de etnia pastún, han permanecido en el poder no sin dificultades debidas a frecuentes disputas con otras etnias, e incluso, entre diferentes facciones pastunes. En el siglo XIX Afganistán fue un estado colchón donde se amortiguaban las ansias imperialistas británicas y rusas. Con los británicos mantuvieron tres guerras entre 1839 y 1919, año en que lograron la independencia después de pasar unos 37 años como Estado asociado a la India británica. Ni rusos ni británicos consiguieron nunca el control de ese país de orografía endiablada y de gente dura y sufrida.

En 1973 Mohammed Daud Khant derrocó a su primo el rey Mohammed Zahir Shah pero, ni su teórica condición político de izquierdas, ni el haber superado el enfrentamiento con otros líderes pastunes más fundamentalistas, ni el apoyo que había recibido de la URSS, le libró de ser objeto de un golpe de Estado en 1978, apoyado por la Unión Soviética, después del fracaso de sus tímidas políticas de liberalización económica. Llegaron entonces al poder los comunistas que pusieron en marcha un programa modernizador, de unidad nacional y justicia social, pero siempre respetuoso con el islam.

 

 La URSS aprovechó la ocasión y, a base de ayudas económicas y “asesoramiento”, trató de situarse en la posición estratégica que no logró en el siglo XIX. Su apoyo al régimen comunista de Kabul le llevó a efectuar una intervención militar, una invasión en toda regla, que llegó a poner en el terreno a 100.000 soldados soviéticos, con la finalidad de ayudar al gobierno comunista a imponer reformas en la educación, los derechos de la mujer, la agricultura, proporcionar seguridad y tratar de debilitar a los jefes tribales y señores de la guerra potenciando la emigración a unos fracasados polos de desarrollo de las ciudades. Todo ello sin olvidar el deseado control de gasoductos y oleoductos para el transporte de productos energéticos desde las repúblicas soviéticas vecinas de Afganistán, hasta las salidas al mar de Arabia en Pakistán y a la India. El problema es que se encontraron con que la gente del mundo rural, sobre todo pastunes, etnia mayoritaria (42%), pero también otras prefirieron salir hacia Pakistán e Irán, sobre todo, antes que verse obligados a emigrar a las ciudades. Estas gentes consideraban todo ese entramado legislativo y modernizador contrario a sus tradiciones islámicas y a su código pastún, por lo que opusieron una fuerte resistencia al gobierno afgano y al invasor. En Pakistán, sobre todo en la zona de Peshawar, se iniciaron el reclutamiento y entrenamiento de muyahidines de varias procedencias que pronto fueron a luchar contra los soviéticos, el enemigo extranjero de entonces.

Los soviéticos se equivocaron en muchas cosas, pero sobre todo erraron en elegir a la élite a la que apoyar o, por lo menos, no distribuyeron su ayuda entre las élites adecuadas, no les llevaron los medios para el desarrollo económico a sus áreas de control. Puede que de esa manera, a pesar de la corrupción imperante, si los jefes tribales hubieran visto claros los beneficios hubieran entrado en el juego de la modernización. Tampoco acertaron al intentar transformar aquella sociedad primitiva según sus reglas, en plazos de tiempo cortos y con la forma de actuar que caracterizaba a los soviéticos por aquel entonces. En definitiva, 10 años después salieron con el rabo entre las piernas, derrotados por los muyahidines afganos, que habían recibido ayuda por parte de los EEUU, oponente de la URSS en la Guerra Fría, que veía peligrosa la expansión imperialista soviética por Afganistán y el consiguiente control del transporte de productos energéticos en la zona. Esos insurgentes también recibieron apoyo de Pakistán, enemigo de la India, a su vez aliada de la URSS, de Arabia Saudí y de China que tenía y tiene mucho interés en el corredor de Wakhan, que podría llegar a ser un corredor energético alternativo importante para los rusos, los chinos y los iraníes.

 

Najibullah

Tras la salida de los soviéticos el gobierno afgano de Najibullah aún aguantó un tiempo, a pesar de la falta de ayuda económica y militar de la URSS y de la difícil situación en la que quedó toda la administración, tanto civil como militar. La sustitución de Najibullah por Rabbani, miembro de la etnia tayika y perteneciente a la corriente islámica sunnita moderada, contó con la frontal oposición de los pastunes, hecho que empeoró las circunstancias hasta llegar a una situación de caos total, de la que salió fortalecido el movimiento talibán de Mullah Omar como el único con capacidad para imponer el orden. No obstante, sus métodos expeditivos de impartir justicia y la imposición de una interpretación radical del islam provocaron fuertes resistencias entre la población de las ciudades y por parte de los señores de la guerra que condujeron a un periodo de guerra civil, durante la que llegaron a estar acorralados por la denominada Alianza del Norte, constituida principalmente por tayikos y uzbekos. A pesar de todo, la inestimable ayuda del servicio secreto pakistaní y la financiación de Arabia Saudí permitió que el 27 de septiembre 1996 los talibanes entraran en Kabul, imponiendo un régimen integrista islámico, que fue extendiéndose hasta que, en septiembre de 1998, tomaron la ciudad de Bamiyan, lo que significaba, en teoría, el control del 90% del territorio afgano.

Rabbani

En 1996 Osama Bin Laden ya se estaba estableciendo en ese país junto a unos 20.000 árabes que ayudaron a los talibanes en su guerra civil, para después dedicar sus esfuerzos al entrenamiento y adoctrinamiento de combatientes de Al Qaeda y otros grupos yihadistas, preparar atentados, importar armas y explosivos, etc. Todo ello bajo el amparo del gobierno de los talibán, los mismos que anteriormente habían sido apoyados por los EEUU en su lucha contra los soviéticos.

11-S Y RESPUESTA DE EEUU

Allí, en Afganistán, se planificaron los atentados de septiembre del 2001contra las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono. El entonces presidente Bush exige al gobierno afgano la entrega de Bin Laden y el cierre de los campos de entrenamiento yihadista, a lo que los talibanes se negaron. Como consecuencia Bush declara la guerra contra Al Qaeda y el régimen talibán de Afganistán.

La respuesta de los EEUU fue contundente, aunque inicialmente poco numerosa en tropas americanas. Fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU, junto a combatientes de la Alianza del Norte, acabaron prácticamente con Al Qaeda y dispersaron a las milicias talibanes en pocos días. A mediados de noviembre Kabul fue tomada por la Alianza del Norte y los americanos y el régimen talibán acabó. Pero el problema no se iba a acabar ahí, las milicias dispersadas en zonas rurales de mayoría pastún comenzaron una guerra de guerrillas, que mantuvieron durante los 20 años de presencia de las fuerzas de EEUU y de la OTAN.

 

 ¿20 AÑOS DE ESFUERZO BALDÍO?

El Consejo de Seguridad de UN, en su Resolución 1386 del 20 de diciembre de 2001 autorizó el despliegue de una Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), constituida por fuerzas de 50 países que sumaban unos 129.000 soldados y 25 Equipos de Reconstrucción Provincial. En definitiva los objetivos de ese despliegue eran crear unas condiciones favorables para la reconstrucción del país en un entorno seguro y apoyar al gobierno afgano a extender su influencia y autoridad por todo el territorio para alcanzar la necesaria estabilización del país.  En paralelo a esta operación de UN, EEUU, Reino Unido y Afganistán llevaban a cabo la denominada operación Libertad Duradera (2001-2014), con clara finalidad contraterrorista.

Para lograr la estabilidad siempre es preciso lograr un cierto nivel de desarrollo económico y social, seguir la reglas de lo que se viene llamando el buen gobierno y todo ello en un entorno que garantice la seguridad. Las nada abundantes ayudas internacionales en Afganistán no fueron bien orientadas y tampoco se supo sortear inteligentemente la corrupción tan arraigada en ese país. No se pusieron en marcha importantes proyectos industriales y de infraestructuras tan necesarias para poder iniciar esos proyectos, en definitiva no se crearon expectativas reales de desarrollo económico, como sucedió con los soviéticos. Esas posibilidades de desarrollo y enriquecimiento quizás hubieran logrado atraer, poco a poco, tanto a los señores de la guerra como a las élites urbanas, y hubieran generado posibilidades de trabajo y de mejores remuneraciones a los afganos, que siguen viviendo por debajo del umbral de pobreza.

Los americanos y británicos, sobre todo, volcaron gran parte de sus esfuerzos hacia las zonas rurales, al contrario que los soviéticos, ofreciendo ayudas a la agricultura y realizando paralelamente operaciones contra el cultivo del opio. Evidentemente esas ayudas nunca podían superar los beneficios que proporciona el opio en Afganistán, productor del 90% del consumo mundial, y por lo tanto la reacción en las zonas rurales fue muy negativa. Cuando la presión de las tropas occidentales contra el cultivo del opio era fuerte, los campesinos optaban por la salida hacia Pakistán y, en muchos casos, por unirse las filas de la insurgencia talibán. En los años 80 los beneficios de este cultivo se utilizaron para financiar la lucha de los muyahidines contra los soviéticos, pero cuando los talibanes llegaron al poder en 1996, sabiendo que el narcotráfico debilitaba las estructuras sociales y del Estado, prohibieron su cultivo y lograron disminuir drásticamente la producción de opio que, no obstante, volvió a recuperarse con la caída de los talibanes y el inicio de la intervención internacional del 2001, la insurgencia volvió a financiarse del narcotráfico.

En definitiva, después de 20 años de presencia de la coalición internacional, a pesar de los grandes esfuerzos y sacrificios de todos los que han pasado por aquellas tierras, con el pesar de haber dejado en esa operación casi 4.000 muertos (102 de ellos españoles) y más de 20.000 heridos, la sensación es que no se ha hecho lo suficiente, ni como se debía haber hecho. Era muy complicado pero, si se tenían claros los objetivos marcados por la resolución de UN y era firme la intención de llevar a ese país un nivel de desarrollo social y económico suficiente, para que pudieran iniciar solos una evolución hacia un mejor nivel de bienestar y seguridad, está claro que la coalición internacional ha fracasado porque no se han hecho las inversiones necesarias. En septiembre de 2019, el Pentágono había estimado que, desde 2001, el costo de las operaciones estadounidenses en Afganistán era de 776.000 millones de dólares, de los que sólo 197.300 millones se destinaron a la reconstrucción de Afganistán y sus instituciones. Este dato, aunque no está completo, porque falta el gasto en Inteligencia y el efectuado por el Departamento de Estado, da una idea del nivel de inversión que se ha hecho en ese país, aunque la inversión americana no fuera la única.

Por otro lado, desde el 2001 muchos aspectos de la vida de los afganos cambiaron a mejor. La salida de los talibanes del poder y la mejora, siempre relativa, en las formas de gobernar han contribuido a que, según datos del ministerio de Educación de Afganistán, en 2020 estuvieran matriculados 9,7 millones de niños, de los cuales el 42% eran niñas y que hubiera 18.000 escuelas abiertas en el país, cuando en 2001 había solo 3.000. En el Parlamento afgano había, en 2021, 68 mujeres y, desde la caída de los talibanes, en 2001, las mujeres habían comenzado a ocupar altos cargos en la política y el gobierno, como senadoras, ministras y gobernadoras. Según el Banco Mundial, entre 2003 y 2018, la mortalidad infantil pasó de 53 a 23 muertes por 1.000 bebés nacidos vivos.

 No todo ha sido combatir al terrorismo, no solo se ha intentado medrar en el transporte de productos energéticos por gasoductos y oleoductos alternativos por territorio afgano y en las posibilidades de explotación de los minerales estratégicos del sur de Afganistán. También se han logrado avances en la sociedad afgana, a pesar de su anclaje a las viejas costumbres, de la corrupción y de una religión oficial, el islam, más o menos moderado según cómo y dónde se mire. Pero ¿de todos esos avances qué va a quedar ahora con los talibanes en el poder?

LA PEOR MANERA DE SALIR DE ALLÍ

La retirada total de las tropas estadounidenses decidida por el expresidente Trump tenía una fecha fijada que a más de uno le pareció un canto al sol, porque para muchos el horno no estaba para bollos. Desde luego la situación, ya no desde el punto de vista socioeconómico, sino desde el de la estabilización y la seguridad, no era la adecuada para abandonar la misión tan rápidamente. Todos sabían que el ejército afgano no iba a aguantar la presión talibán, a pesar del esfuerzo que se ha hecho en su adiestramiento y equipación, sencillamente no están motivados ni adecuadamente pagados, la corrupción también hace daño en este tema. Pero ya sabemos que a Trump no le gustaba andarse por las ramas en cuestiones de finanzas y aquello le parecía un dispendio excesivo para el escaso beneficio material posible. El resto de las consideraciones parece que no las tuvo en cuenta, le importaba un carajo que rusos, chinos, iraníes y pakistaníes estuvieran esperando la oportunidad para ocupar el espacio dejado por EEUU en esa zona estratégica, situada entre potencias nucleares o candidatos a serlo (Irán), como poco le importaba que salir de allí, sin un verdadero y eficaz acuerdo de paz, beneficiara al ISIS y a Al Qaeda.

La retirada de EEUU de Afganistán iba a significar, sin lugar a dudas, la retirada de los efectivos del resto de los países miembros de la OTAN y de los demás. Al fin y al cabo la OTAN es los EEUU y unos cuantos amigos que pasaban por ahí. Desde luego a las fuerzas de la OTAN, sin el apoyo de los EEUU, se les hacía inviable la permanencia en una zona tan alejada de Europa, dada la gran problemática del apoyo logístico e inteligencia y con unas fuerzas de combate reducidas a la mitad.

Para mayor gloria de la torpeza, Biden, aunque incumpliendo plazos, ha ordenado una retirada tan precipitada y desordenada que pasará a la historia como un hito semejante al de la caída de Constantinopla. Algunos dicen que la información proporcionada por las agencias de inteligencia y por la inteligencia militar, así como las valoraciones de la situación por parte de los asesores de la Casa Blanca, indicaban que habría un plazo de tiempo suficiente para salir de Afganistán sin presión. Cuentan, también, que calcularon que los talibanes tardarían, al menos, un par de meses en alcanzar Kabul. No me creo nada de eso, me inclino más a creer que Biden ha tirado por la calle de en medio, desoyendo a todos, porque quiere cambiar definitivamente la orientación de los esfuerzos en materia de acción exterior. Los EEUU que tenían en 2020 unos 200.000 soldados fuera de sus fronteras, en los territorios de la guerra contraterrorista mantenían solo 10.000. Los números cantan, están desplazando su interés preferente al sudeste asiático, allí se las tendrán con China. Pero, con el ejemplo que están dando en Afganistán, pocos de sus aliados o protegidos van a fiarse de ellos a partir de ahora. Los políticos marcaron los objetivos, enviaron a las tropas, a las ONG,s, a las diversas agencias y a los diplomáticos a cumplirlos con pocos medios y después les han dejado en la estacada de la manera más rastrera, dejando aquellas tierras y a aquellas gentes en manos de la barbarie, por no tener la voluntad de cumplir sus propios objetivos y de vencer. Como mínimo, por ese sentido del honor que evidentemente no tienen, debían haber dejado planificar una retirada ordenada, conteniendo al enemigo, retirando todo el material susceptible de poder ser utilizado y explotado por ellos y ofreciendo una oportunidad de salida y asilo a todos aquellos que, por haber colaborado de una u otra manera con los occidentales, iban a ser objeto de las represalias talibanes. Al fin y al cabo esa manera de salir de allí solo hubiera supuesto, según bastantes expertos, entre 5.000 y 10.000 soldados y unos cuantos meses más.

Feminismo valiente no subvencionado

En definitiva lo que se está viendo en aquellas tierras es una vergüenza para EEUU y de paso para la OTAN entera. Están dejando al pueblo afgano en manos de unos desalmados, enemigos del progreso, de la cultura y de la libertad, que no tienen respeto alguno por la vida humana. Solo me cabe la esperanza de que los intereses de Rusia, China y Pakistán dejen de favorecer a los talibanes y que la Alianza del Norte y el resto de las milicias de las otras etnias, les planten cara y, junto con los restos que queden del ejército y del gobierno afgano, derroten a los talibanes.

Zaragoza, 22 de agosto 2021

LUIS BAILE ROY

 

 

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

2 comentarios en “TALIBÁN (طالبان) ESTUDIANTES, MALDITOS ESTUDIANTES”

  1. Alea jacta est.
    Imposible crear un Estado-Nacion en un territorio dónde viven en la Edad Media o anterior y con una organización tribal. Además su Ley es el Corán y eso tiene poco futuro para modernizar y liberar a un pueblo.
    Por mi parte,que se arreglen entre ellos.
    No se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Síguenos en Feedly

follow us in feedly

Consigue mis libros

Sistema Electoral Español

Existe una considerable distancia entre la actuación de los políticos y el sentir de los votantes. Hemos llegado a tener un Congreso de los Diputados que parece más una cámara de representación territorial, con unos partidos localistas sobrerrepresentados y con una importante capacidad de chantaje.

Vacío Demográfico en España

Una descripción sencilla de la situación demográfica actual de España, sus causas y su futuro previsible. También se analizan las políticas públicas necesarias para corregir la tendencia a la baja de la tasa de natalidad.

Publicidad

Mantente al día

  • 16.304
  • 292
  • 275
  • 20 de abril de 2025
Hemeroteca

Publicidad