Por mucho que se empeñen los medios no afines al sanchismo, el escandaloso asalto de los “monclovitas” a diferentes instituciones de carácter independiente y empresas públicas o participadas claves no va a adquirir la relevancia mediática que debiera en una democracia sana. No es de extrañar, la nuestra ni es del todo democracia, ni está muy sana que digamos.
Para empezar, nuestro sistema político, por mucho que diga la Constitución Española (CE)[1], no acaba de ser una democracia en el sentido pleno del concepto. En todo caso es un sistema de gobierno representativo, en el que el “soberano pueblo español” tiene, mas o menos cada cuatro años, unos pocos segundos de capacidad de elección, desde que escoge las papeletas de voto hasta que las deposita en la urna.
Tampoco puedo considerar que el nuestro sea un verdadero Estado de Derecho, desde el momento en que los partidos políticos decidieron en Las Cortes, haciendo una interpretación muy “libre” del artículo 122 de la CE, que los veinte miembros del Consejo General del Poder Judicial serían propuestos, única y exclusivamente, por sus señorías. Ese cambio, introducido en 1985 por la Ley del Orgánica del Poder Judicial, implicaba que la relación entre el Poder Legislativo y el Judicial ya no sólo se basa en que Jueces y Tribunales estaban sometidos de manera especial a las leyes emanadas del Poder Legislativo, como representante de la voluntad popular. Con ese cambio, el delicado equilibrio en que se basaba la relación entre ambos poderes se inclinó a favor del Poder Legislativo, al intervenir éste en la elección de todos los miembros del Consejo del Poder Judicial. Además, siendo realista, y observando la viciada relación entre el Poder Ejecutivo, el Legislativo y los partidos políticos, la elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial se ha convertido en un mercadeo vergonzoso, entre otras razones, porque saben que del Consejo depende el nombramiento de los jueces y magistrados que pudieran imputarles y juzgarles a ellos.
A nuestros políticos tampoco les interesa que nadie les enmiende la plana en su desarrollo legislativo. Por eso, como saben que los jueces nunca pueden declarar nula una Ley por inconstitucionalidad, ni pueden dejar de aplicarla por ese motivo y, como conocen que los jueces y magistrados, en todo caso, solo pueden presentar al Tribunal Constitucional una cuestión de inconstitucionalidad de alguna ley que estén aplicando en el ejercicio de su función, también quieren controlar al mencionado tribunal, mediante el nombramiento “pactado y políticamente equitativo” de sus vocales. La consecuencia es que El Tribunal Constitucional que, no formando parte del Poder Judicial, es la única institución que puede declarar inconstitucional una Ley o partes de ella, tampoco es independiente.
Esas son las dos principales instituciones de nuestro flamante Estado de Derecho en las que nuestros políticos, pero en especial Pedro Sánchez y sus mariachis, quieren entrar y controlar. Sería la mejor forma de asegurar la impunidad que, golpe a golpe, verso a verso, van consiguiendo. A estas dos instituciones del mundo de lo de jurisdiccional se les puede añadir la Fiscalía General del Estado, en la que ya sentaron plaza colocando a Dolores Delgado, aunque ya desde tiempos de Conde Pumpido se venía ensayando la tragedia.
No se queda la cosa ahí, para asegurar sus poltronas, necesitan asegurarse de que “el pueblo soberano”, en esos escasos segundos en los que cada cuatro años se puede sentir realmente soberano, se ha enterado de lo que debe de votar. Para ello ponen en marcha otra serie de operaciones dirigidas a controlar los medios de comunicación, también conocidos como medios de adoctrinamiento o de persuasión, según sea la buena voluntad del observador, y se gastan ingentes cantidades de dinero en una maquinaria de propaganda oficial que ya quisiera Goebbels. Colocaron a Rosa María Mateo, “la permanente interina” en RTVE, subvencionan de manera sesgada a los medios que les rinden pleitesía, sobre todo a los que babean en las entrevistas al presidente, y mantienen a una legión de incondicionales inundando las redes sociales (o asociales) de pastillas y videos tan chabacanos como infumables.
Si con todo ello no es suficiente para asegurar los efectos de su propaganda, ni para evitar que “sus retocados datos” sean contrarrestados por científicas evidencias, se lanzan, como los tártaros de aquella Rusia olvidada, al asalto del INE. Un Instituto que, por trabajar con la Estadística, parte de las Ciencias Exactas, no puede ofrecer más que resultados imparciales e informes basados en datos objetivos y contrastables. Pero no hay de que preocuparse, ellos, al final, conseguirán que la Estadística pase a formar parte de las Ciencias Sociales, que desde luego no son Exactas. Y, si no, que se lo cuenten a Tezanos que ya tenía sometido al CIS, colaborando desde hacía tiempo y de una manera notable, en la labor propagandística del sanchismo, aplicando malas artes culinarias al muy noble campo de las Ciencias Sociales.
De momento, el Banco de España (BE) está resistiendo los envites que no cesan. Su presidente fue nombrado para seis años, le deben de quedar dos y no parece que esté por la labor de dimitir, como ha hecho el director del INE ante la presión a la que ha sido sometido. Es un escollo que aún no han podido sortear, a pesar del cabreo que les produce el que los datos y las previsiones del BE, basadas en datos objetivos y en importantes herramientas de econometría, no coincidan con las que ofrecen las señoras Calviño y Montero y no digamos con los canticos al sol del “líder máximo”, en su carrera al estrellato europeo o atlantista. Sí, sí, de la OTAN, el que decía que el ministerio de Defensa era suprimible,
Donde sí han desembarcado con cierta facilidad, quizás por haberlo hecho con nocturnidad, ha sido en la CNMV. Demostración de lo cual ha sido, entre otras cosas, el plácet dado por este organismo al irregular aterrizaje de los peones del gobierno en la importante tecnológica INDRA. Vayan ustedes a saber con qué intenciones lo han hecho, pero tengan por seguro que algo traman, porque no dan puntada sin hilo en la confección de su traje a medida.
El Tribunal de Cuentas también ha sido infectado por el virus de la autarquía. En junio de 2021 el entonces ministro Ábalos, refiriéndose al dinero reclamado por el Tribunal de Cuentas a ex altos cargos de la Generalidad por emplear recursos públicos para “el procès” decía: “las causas ante el Tribunal de Cuentas contra ex altos cargos del Govern son «piedras en el camino» en el proceso de diálogo con la Generalitat. Posteriormente, el 11 de noviembre de 2021, el Congreso dio el visto bueno a la renovación del citado tribunal, pactada por el PSOE y el PP junto a la del Tribunal Constitucional. Curiosamente, aunque no por casualidad, el 28 de febrero de 2022 se podía leer en el diario “El Mundo” la siguiente noticia: “Primera gran decisión del Tribunal de Cuentas tras su renovación y primer balón de oxígeno a los líderes independentistas acusados de malversación. La Sala de Enjuiciamiento del organismo fiscalizador ha decidido aceptar los recursos de Artur Mas, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras entre otros líderes independentistas y acepta que la Generalitat de Cataluña los avale para evitar embargos de sus bienes”. Tres meses y medio tardó el nuevo y dócil tribunal en quitar las piedras que veía Ábalos y su jefe, permitiendo que el Estado (porque la Generalidad es Estado) pague las cantidades reclamadas a unos delincuentes que dieron un golpe al mismo Estado que ahora les pagará las deudas. Kafka se quedó corto, si viviera ahora debería reescribir “El Castillo”.
Otro capítulo que el KafKa reencarnado podría incluir en su Castillo debería estar dedicado al CNI. Es difícil resumir en pocas líneas las peripecias que han ido ocurriendo alrededor del Centro Nacional de Inteligencia. La primera tropelía cometida por Sánchez contra el CNI fue la designación de Pablo Iglesias, entonces vicepresidente segundo de Asuntos Sociales y Agenda 2030, como miembro de pleno derecho de la Comisión Delegada para Asuntos de Inteligencia. Aquella “alegre” decisión, evidentemente contraria a lo estipulado en la Ley Reguladora del CNI, como luego sentenció el Tribunal Constitucional, suponía ni más ni menos que meter un burro en una cacharrería. Ya se imaginarán todos ustedes el uso que podría hacer semejante individuo con las informaciones clasificadas a las que el “presi” le estaba dando acceso. Menos mal que en el CNI reinó la cordura y, al parecer, no expusieron demasiada información al riesgo de ser utilizada por el personaje de marras.
Cuando saltó el escándalo “pegasus”, el “líder máximo”, seguido de Margarita Robles, su admiradora secreta, en lugar de decir que el CNI cumplía con su deber al espiar a los que anunciaban que volverían a dar un golpe de Estado, quiso hacerse la víctima anunciando que a él también lo habían espiado. A él, a su ministra de Defensa y al de Interior, reconociendo que la seguridad de las comunicaciones del Moncloa y el Gobierno había sido comprometida cuando, Felix Bolaños, actual ministro de la presidencia era Secretario general de la Presidencia del Gobierno, a la sazón responsable de las comprometidas comunicaciones.
La ocasión era perfecta para doblegar a los resistentes agentes de “La Casa”, como algunos llaman a la sede principal del CNI. Estos chico de la Inteligencia se habían convertido casi como aquellos galos de los cuentos de Astérix y Obélix en su inexpugnable aldea. Eso no lo podían permitir, ellos también estaban poniendo piedras en el camino de dialogo con los golpistas. La siniestra maquinaria de la Moncloa urdió entonces la maniobra más burda que pudo. Haciendo responsable al CNI de lo que fue responsabilidad de Bolaños, logró descabezar injustamente al centro de una jefa eficiente y cabal, calmando las iras de los golpistas que no soltaban bocado y colocaba en la dirección del CNI a una señora muy afín, con un extraño, corto y anodino pasado en él, ideal para controlar a la “aldea gala”.
Por lo que me han dicho, casi todos los hechos que he relatado hasta aquí, fueron justificados por Sánchez en la entrevista que graciosamente le concedió a su amigo Ferreras, el día 31 por la noche en la Sexta. No solo los justifico, sino que le echo la culpa de todos a la derechona y a unos señores gordos, fumando grandes puros en los cenáculos de Madrid. Yo no vi el espectáculo anunciado a bombo y platillo, me lo prohibía mi salud, pero me han contado que Sánchez desplegó todo su ingenio e hizo uso de todas sus mañas, para justificar cada una de las tropelías que ha venido cometiendo contra el Estado de Derecho y las instituciones a las que debería respetar su independencia. Su descaro y desparpajo no tiene fin, aprovechó el final de la cumbre de la OTAN para su exhibición personal, saliendo en el momento clave, en horario de máxima audiencia, en una cadena a su servicio y con un presentador de luto (o de lujo, no sé), total para seguir mintiendo.
La organización de la cumbre de la OTAN habrá ido bien, de los resultados y decisiones del Consejo ya hablaremos, pero todo queda eclipsado por los excesos interpretativos de este individuo que no comprende lo que significa mesura, es decir: circunspección, sensatez, cordura, moderación, prudencia, y seriedad.
3 de julio 2022
LUIS BAILE ROY
[1] Artículo 1.1 de la CE: España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político


