14 de mayo de 2026 11:00

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

¿ALGUIEN PIENSA QUE ESTO PUEDE CAMBIAR?

HAN PASADO 90 AÑOS Y ESTAMOS IGUAL. LA DEMOCRACIA LIBERAL ESTA TOCADA Y HUNDIDA

¿Qué encontrarás en este artículo?

HACE NOVENTA AÑOS

En 1934 se publicó la primera edición de un libro de Salvador de Madariaga, un intelectual español republicano y liberal. En ese magnifico libro, “Anarquía o Jerarquía”, despliega toda su potencialidad argumental y muestra una profunda preocupación por la deriva de una República, basada en la Constitución de 1931, de la que decía que “no se corresponde ni a la realidad íntima de España ni a un concepto razonable de la vida colectiva, sean cualesquiera el tiempo y el lugar”. En él expone una concepción del Estado y la sociedad muy próxima a la de los krausistas españoles de aquella época, muchos de ellos relacionados con la Institución Libre de Enseñanza. De hecho, ese libro contiene unos capítulos que pueden considerarse un “ideario para la constitución de la tercera República”, que hubiera sido la de 1935. Como otros muchos intelectuales españoles, más o menos próximos a la mencionada corriente de filosofía política, opinaba que las democracias liberales adolecían de una cierta tendencia a la anarquía, propensión de la que exceptuaba al Reino Unido por dos razones: la primera es la particularidad de que la competición política se da entre muy pocos partidos, reduciéndose, prácticamente, al bipartidismo; la segunda es la necesidad que sienten los ingleses de resultados en términos de acción (lo que viene siendo el dejar de andarse por las ramas). Consideraba, además, desastroso el resultado que en España estaba teniendo la aplicación de la Constitución de 1931. No obstante, confesaba seguir conservando su fe en el liberalismo, aunque consideraba necesaria una profunda trasformación de la democracia liberal.

Entonces, hace noventa años y más, había en España una serie de intelectuales de diversos ámbitos de la cultura y de la ciencia, algunos dedicados a la enseñanza, que manifestaban, sin rubor alguno, sus dudas sobre la deriva que había tomado la II República. Muchos de ellos ,como he dicho, influenciados por la filosofía política de Krause y por las enseñanzas de su alumno Enrique Ahrens, cuestionaban la bondad de una democracia liberal que se había ido abriendo paso en todas las monarquías parlamentarias y, posteriormente, en las repúblicas que fueron sustituyéndolas, en países en los “…que muy librescamente han imitado las instituciones inglesas, se han tenido que dar cuenta con harto desengaño de que el sistema inglés no es de fácil trasplantación a otros suelos psicológicos[i]. Como muchos de sus coetáneos Madariaga pensaba que la psicología nacional en España adolecía de un exceso de apasionamiento demagógico que influía muy negativamente en los partidos políticos, llevándolos a un radicalismo exagerado y al abandono de la sana costumbre de respetar el debate sosegado y racional al servicio del bien común.

Conscientes de los excesos del capitalismo más duro y rancio, por su abuso de la libertad y continuo reto al Estado, convencidos, también, de que los sistemas políticos basados en el marxismo estaban destinados al fracaso, por enfrentarse a la iniciativa privada, característica intrínseca en la naturaleza humana, a la mayoría de esos intelectuales se los podría encuadrar en el entorno del liberalismo social. Pero, a la vez, conocedores de la demagogia y del irracional apasionamiento que caracterizaban al multipartidismo imperante en la democracia liberal de entonces, recomendaron una profunda revisión de esta o, incluso, su sustitución por una “democracia orgánica”, concepto del que ya he tratado en otros artículos. Solo recordaré que se trata de un sistema político diferente, aunque igualmente democrático, en el que se separan claramente las funciones económicas de las políticas.

Según el ideario de Madariaga se trataría de la división en dos estados, el económico y el político. El primero, basado en un Consejo Económico Nacional “cerebro pensador y organizador del interés nacional[ii], con capacidad de iniciar toda legislación económica o financiera, y funciones de dirección de sobre la política económica en general instituciones. Las iniciativas legislativas de ese Consejo deberían pasar por una cámara legislativa para cuestiones económicas y financieras, el Congreso Corporativo, que surgiría, por elecciones (y selecciones) sucesivas, de las diferentes corporaciones constituidas en industrias y empresas tanto privadas, como públicas o semipúblicas, con representantes de “obreros manuales, administrativos y técnicos[iii]. No es ahora cuestión de entrar en el detalle de la constitución, funciones y organización de cada una de estas instituciones, solo dejo este apunte como ejemplo de lo que podría ser una de las cámaras de esa nueva democracia. Del mismo modo, podría plantearse una cámara de representación de los territorios (municipios y provincias), en la que pudieran o no entrar representantes de los colegios profesionales, de los sindicatos o de otras organizaciones sociales. Al fin y al cabo, en todos los casos se trataría de una cámara de representación de los diversos órganos naturales de la sociedad organizados libremente. El segundo, el Estado Político, en el que los ciudadanos formarían la base del cuerpo electoral municipal, formando los concejales municipales el cuerpo electoral de los diputados provinciales o regionales que, a su vez elegirían a los diputados nacionales y estos al Gobierno de la Nación. En este momento es interesante aclarar que, para la mayoría de los partidarios de la Democracia Orgánica, la ciudadanía no debería ser una mera cuestión censal o de cumplimiento con el fisco, por el contrario, debería suponer “la omisión de actos contra el Estado y la participación en actividades beneficiosas para la colectividad[iv]. Esta segunda condición es evidentemente difícil de definir y valorar, pero en la intención no estaban errados aquellos hombres al aclarar que no todos los considerados actualmente ciudadanos se merecen el derecho a voto.

Evidentemente, consideraban al Estado Político por encima del Económico, las relaciones entre ambos quedarían por concretar pero, en principio parece que ese Estado Económico podría ser un freno para las fantasías o la hipotecas inconfesables del Político, logrando la “liberación d la economía nacional de toda injerencia política y su rescate de los poderes privados que hoy la esclavizan[v].

Equivocados o no, sus intenciones eran nobles y, desde mi punto de vista, en general, sin entrar en detalles del cómo realizar tamaña transformación, su ideario era para ser tomado en consideración. Pero no fueron tenidos en cuenta y todo siguió igual, engordando la bola de los errores y los vicios de aquella situación política que, como no podía ser de otra manera, terminó como el Rosario de la Aurora.


[i] Madariaga de, Salvador. “Anarquía o Jerarquía”, pág. 140. Ed. Aguilar. Tercera edición 1970 Madrid

[ii] Madariaga de, Salvador. “Anarquía o Jerarquía”, pág. 141. Ed. Aguilar. Tercera edición 1970 Madrid

[iii] Madariaga de, Salvador. “Anarquía o Jerarquía”, pág. 144. Ed. Aguilar. Tercera edición 1970 Madrid

[iv] Madariaga de, Salvador. “Anarquía o Jerarquía”, pág. 149. Ed. Aguilar. Tercera edición 1970 Madrid

[v] Madariaga de, Salvador. “Anarquía o Jerarquía”, pág. 154. Ed. Aguilar. Tercera edición 1970 Madrid

NOVENTA AÑOS DESPUÉS

Parece que muchos españoles, diría que la gran mayoría, se han acostumbrado a esta democracia liberal que, si entonces estaba tocada, ahora prácticamente está hundida. Casi toda la ciudadanía “activa o no”, casi todo hijo de vecino con derecho a voto se ha creído eso del sufragio directo, ese principio venerado y reverenciado por la democracia liberal. No han debido caer en la cuenta de que, en realidad, las elecciones en las que nos dejan votar son todas de “segundo grado”, porque el primero está en manos de las élites de los partidos que colocan por orden de su preferencia a los candidatos en listas cerradas, sin dejar la más mínima opción al votante a elegir a su representante más conocido, preferido o más fiable, fuera del partido que fuera. Eso, cuando no colocan a los llamados “paracaidistas”, a los que no conoce ni Dios, pero son de la confianza del “jefe”.

El sistema que acabo de describir, aunque esté actualmente interiorizado en el cuerpo social y por mucho que intenten darle la máxima categoría dentro de las democracias, no es más que un fiasco que ha derivado en una partitocracia, en la que la demagogia ha sustituido al debate sereno, el respeto por el que opina diferente se ha tornado en insulto y exclusión, el espíritu de servicio al bien común en corrupción y la preparación intelectual y técnica de los dirigentes políticos en un recuerdo de tiempos mejores.

Los ciudadanos “activos y no activos”, al cabo de los años de practicar los métodos de la democracia liberal en España, hemos logrado colocar en las instituciones legislativas y ejecutivas a una élite política que a duras penas podría desenvolverse en el terreno de la competencia en el que juegan las empresas privadas o, por ejemplo, en las instituciones educativas, si éstas no hubieran sido contagiadas por los vicios de nuestros políticos. Con esa alegría, con la que los convencidos de la democracia liberal acuden a las urnas en las jornadas electorales, se ha logrado mantener a una élite que ha legislado profusamente, demasiado profusamente, sobre temas de escaso interés de la mayoría de los españoles, cuando no lo han hecho pasándose por el arco del triunfo el verdadero sentir de los españoles de a pie en temas relativos a la moral y las costumbres más generalmente aceptadas, haciéndolo como si buscaran una transformación social forzada y a su gusto, una transformación de arriba abajo con el único aval de una mayoría parlamentaria que, ni por asomo, se corresponde con la mayoría social. Mientras iban perpetrando semejante asalto al sentido común, no han legislado nada válido para lograr solucionar la escasez de vivienda, el paro general real, ni mucho menos el juvenil, el descontrol de la migración, la especulación del suelo, la desmedida deuda pública, la increíblemente baja tasa de natalidad, las medidas de apoyo a las familias españolas, etc. Toda su producción legislativa en esos y otros temas de calado han sido pura espuma, no ha solucionado prácticamente nada, ergo su inutilidad ha quedado manifiesta.

En esas nos encontrábamos, cuando, para rematar la faena, la magia del sufragio universal y de la puñetera aritmética parlamentaria de una ley electoral hecha a medida de esas élites políticas, nos han regalado dos legislaturas y ya no sé cuántos gobiernos presididos por un tipo con ínfulas de rey o de presidente de república, un aspirante a autócrata, que ha llevado a esta democracia liberal a un mero esperpento, a un circo de corrupción política y económica nunca antes conocido y eso que ya hemos tenido que ver casi de todo.

Pero, a pesar de todo lo que estamos viendo a nuestro alrededor, no veo aún a un grupo de intelectuales, trabajadores, profesores, abogados, ingenieros, filósofos, y personas en general que, simplemente por sentido de servicio, hagan alguna propuesta ilusionante, que arrastre al resto de los ciudadanos a exigir el cambio de sistema político que España necesita. No soy pesimista, aunque cada vez me cuesta más mantener mi natural optimismo, por eso aún creo que estamos a tiempo de que luzca con fuerza alguna propuesta honesta y realista, que tenga más éxito que aquellas de Salvador de Madariaga, Sanz del Rio, Salmerón y Giner de los Ríos, entre otros, que no lograron hacerse un hueco hace noventa años.

Imagen de Luis Baile Roy
Luis Baile Roy

1 comentario en “¿ALGUIEN PIENSA QUE ESTO PUEDE CAMBIAR?”

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