CUESTIÓN DE PELUQUERÍA
Hace unos días se llevó a cabo la apertura del año judicial, acto presidido por SM el Rey y al que asistieron, entre otras muchas más autoridades y personalidades, el ministro de ministro de Presidencia, de Justicia y de Relaciones con las Cortes Felix Bolaños, el Fiscal General del Estado Álvaro García y la recién designada Presidente del Consejo General del Poder Judicial Isabel Perelló.

Tengo que reconocer la frivolidad de los comentarios espontáneos que me suscitaron los peinados de las tres personalidades mencionadas en el párrafo anterior. Al verlos en la mesa de la presidencia del acto, junto a SM el Rey, lo primero que me llamó la atención fue la extraordinaria diferencia que había entre la sencilla, elegante y lacia melena de Isabel Perelló y los cuidados pelos revueltos, puntiagudos en un caso y cuidadosamente rizados en el otro, del ministro y del Fiscal General. Puede que el asunto sea baladí, pero a mi me da la sensación de que esos dos hombretones dedican demasiado tiempo y dinero a sus pelos, lo que puede ser a costa de restárselo a sus responsabilidades y del erario. Pero, en fin, cada uno es dueño de sus complejos y sus traumas, por mí como si se ondulan.

A LA CUESTIÓN
Nada más empezar su discurso, Isabel Perelló, además de referirse a lo que simbolizaba y reafirmaba la presencia del Rey en el acto, dejó bien claro que la justicia es un pilar esencial del Estado de Derecho. Lo que significa, para el que no esté abducido por las teorías progres adoptadas por el sanchismo, que la separación de poderes es una condición que viene siendo imprescindible para librar a las naciones de los regímenes despóticos, sean impuestos desde dentro o implantados por el rancio globalismo.
El toque, dicen que feminista, vino al recordar que hace tantos años como los que ella tiene las mujeres no podían acceder a la carrera judicial y que hasta el siglo XXI las mujeres no accedieron al Tribunal Supremo. Yo no lo veo tan feminista, ha sido una realidad que hay que asumir, pues es innegable que, hasta no hace mucho, las mujeres han padecido discriminación en su vida profesional y social y aún hay techos de cristal que romper. Ella ya es un ejemplo de que en España vamos quebrando algunos, y no creo que sea por la dichosa paridad, es por la valía demostrada de tantas y tantas mujeres. Queda mucho por hacer en este aspecto, aún son pocas las mujeres que alcanzan las máximas categorías judiciales, pero parece ser que en ello estamos según sus propias palabras, seguro que ella colaborará para hacerlo realidad.
Acto seguido, recordó la situación a la que, tanto el Poder Judicial, el Tribunal Supremo y Administración de Justicia en general, han sido llevados en los últimos años. Una situación inaceptable y vergonzosa desde mi punto de vista, de la que culpo sin duda a los partidos políticos y a sus aprendices a líderes (ella se lo calló educadamente). En ese punto del discurso mencionó el gravísimo problema de las numerosas vacantes de magistrado sin cubrir, para cuya solución llamó al CGPJ a desarrollar la ingente labor de proveerlas con “transparencia y respetando estrictamente los principios de mérito y capacidad”, recordando que tienen “la obligación de garantizar que el sistema de selección de magistrados nos lleve a la elección de los mejores profesionales”.
Volvió, acto seguido, a referirse a la independencia judicial, como lo hizo nada más empezar su discurso. Una independencia que abarca tanto a la interpretación como a la aplicación de la ley. A propósito, recuerdo lo que ya he mencionado en otros artículos cuando he defendido la necesidad de respetar la labor de los jueces y magistrados: el art. 117 CE determina que son independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley. Es importante fijarse en este último aspecto, “el sometimiento al imperio de la ley”, para recordarles a los políticos que los jueces y magistrados interpretan y aplican la ley, tal y como le es dada por el poder legislativo, por lo que no viene a cuento acusarles de nada, ellos interpretan lo que los políticos dejan escrito al promulgar una ley. Si lo hacen mal o dejan resquicios a la libre interpretación es problema de ellos.
La nueva presidente del CGPJ se comprometió a velar por la independencia judicial, recordando que las críticas y discrepancias de las resoluciones judiciales, siendo posibles y habituales dentro del debate jurídico, no deben caer en el insulto, la descalificación. Esto fue una clarísima alusión al normal y deleznable comportamiento de muchos políticos, incluso con responsabilidades de gobierno, que se permiten poner a los jueces que no les son cómodos a los pies de los caballos. Al rspecto, me viene ahora a la cabeza el vergonzoso caso del presidente del gobierno, que está utilizando a la abogacía del Estado como si fuera su particular bufete de abogados, en sus querellas contra un juez de instrucción que le está resultando muy incómodo por las investigaciones que está llevando y que afectan a su entorno familiar y social. Espero que ese juez sea uno de los defendidos por el actual CGPJ. Esperemos que el compromiso de su nueva presidente se haga realidad y ponga pie en pared ante el desvergonzado intento de asalto del ejecutivo al judicial.
Hizo, igualmente, mención a la función del CGPJ en cuanto a la formación de los nuevos jueces y de la necesaria permanente actualización de los que están en ejercicio. Una función esencial, de cuyo cumplimiento depende la calidad de los conocimientos técnicos y especializados de los jueces y magistrados y, consecuentemente, la confianza de los ciudadanos en la justicia.

Antes de acabar, insistió de nuevo en la necesidad de los partidos políticos y los otros poderes del Estado respeten la independencia y el trabajo de los jueces, recordándoles que ante las irregularidades que puedan cometer éstos existen mecanismos suficientes para su enmienda en las leyes procesales. Invocó la necesidad de evitar los ataques personales injustificados, que sobrepasen lo que constituye la crítica y el debate jurídico.
En tono casi épico tuvo un reconocimiento para todos sus compañeros, jueces y magistrados, que en una situación muy difícil, alargada durante muchos años, provocada por la falta de renovación del CGPJ, se han entregado totalmente al trabajo y han estado aplicando la ley “frente a cualquiera y en cualquier circunstancia”.
Acabó el discurso diciendo: “Lo más difícil puede ser sencillo si todos, y yo la primera, trabajamos con integridad, con rectitud, con independencia -que es la seña de identidad del poder judicial-, con vocación de servicio a la ciudadanía y con pleno cumplimiento y respeto a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”. Palabras que contienen lo que pueden ser las claves del éxito que le deseo: trabajo en equipo, defensa de la independencia judicial, servicio a la ciudadanía, respeto a las leyes y rectitud de comportamientos.
Ya veremos como desarrolla su función pero, en principio, me dio buena sensación. Solo le pondría una pega: no propuso ninguna modificación al sistema de elección de los miembros del CGPJ que conduzca a lograr y asegurar una mayor independencia respecto de los otros dos poderes del Estado. Pero esa postura, sea conformista o de apoyo al actual sistema de elección, entra dentro de lo normal en su caso teniendo en cuenta que pertenece a la minoritaria (8 % de los miembros de la carrera judicial) Asociación de Juezas y Jueces para la Democracia.
A su favor he de sumarle el hecho de que, al parecer, es uno de los miembros del CGPJ que Felix Bolaños había vetado, por lo que puede que no resulte lo dócil que él y su Jefe hubiesen deseado.
EL CONTRASTE
Lo puso el Fiscal General del Estado (o del señor Sánchez). Pronunció un discurso larguísimo, pesado, casi soporífero. Quiso justificar sus poco disculpables actuaciones desde que accedió a la Secretaría Técnica de la Fiscalía General del Estado de la mano de controvertida Dolores Delgado y a la jefatura de la Fiscalía General del Estado por designación del Consejo de Ministros.
Además del consabido repaso a los peligros que acechan a los ciudadanos con las nuevas formas de delincuencia, de hacer un repaso muy optimista de los resultados de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico, la violencia de género, los delitos de “odio”, etc. y de asegurar el compromiso de la Fiscalía con la igualdad y los Derechos Humanos, ha realizado una dura crítica a la acción popular que tanto está molestando en los casos de corrupción que se investigan en el entorno familiar y social del presidente del gobierno. Además, ha reivindicado un cambio en el modelo procesal para darles más protagonismo a los fiscales a costa de los jueces de instrucción. Asunto, este último, que no tendría nada de particular si en España la Fiscalía fuera realmente independiente y su jerarquización no supusiera una merma de la independencia de los fiscales.
Don Álvaro, haciendo honor a su politizada trayectoria ha alardeado de poner en marcha nuevas unidades especializadas de la Fiscalía, la de Delitos de Odio (¿?) y Discriminación y la de Derechos Humanos y Memoria Democrática, esta última encargada a su amiga y predecesora Dolores Delgado. Politización que se ha podido observar en un tedioso discurso, más propio de un político de medio pelo que de un fiscal con los méritos y capacidades que debieran adornar al cargo de Fiscal General. Pero, al fin y al cabo, este señor, hasta que fue captado por Dolores Delgado, no había pasado de dedicarse a cuestiones medioambientales en la fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Galicia. Sin embargo, desde que ha ocupado el cargo de Fiscal General, sus actuaciones han sido puestas en cuestión por la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo que anuló los nombramientos de su predecesora como fiscal de la Sala de lo Militar y, posteriormente, de la Sala de Derechos Humanos y Memoria Democrática. Por otra parte, la mayoritaria Asociación Profesional e Independiente de Fiscales recurrió su nombramiento como Fiscal General al conocerse que el CGPJ no lo había avalado por mayoría absoluta. También ha recibido una reprobación del Senado y últimamente la Sala Tercera del Tribunal Supremo anuló el ascenso de la fiscal Isabel Rodríguez desoyendo al Consejo Fiscal que había seleccionado por mayoría al fiscal Luis Rueda. Todo un récord de despropósitos.
EL ÚLTIMO BASTIÓN
Puede que el CGPJ siga siendo la única institución del Estado que aún no haya sido filtrada por las redes del Pedro Sánchez. Pronto lo veremos, todo depende de que la ridícula situación de empate entre supuestos “progresistas” y “conservadores”, cuando deba ser resuelta por el voto de calidad de su presidente, no siempre lo sea a favor de los deseos, justos o no, del gobierno y de los partidos que conforman el Frente Disolvente.
Voy a confiar, de momento, en la profesionalidad de Isabel Perelló pero, en el futuro, para evitar las dudas mejor sería cambiar el sistema de elección de los magistrados del CGPJ, de manera que asegurara una mayor posibilidad de independencia y alejara su designación de las garras de los insaciables partidos mayoritarios. Métodos para ello existen, en otros artículos[i] he propuesto algunos que no solo aseguran la independencia del Poder Judicial, sino que, además, son más democráticos, sobre todo en el de la última referencia[ii].
[i] https://bailedelosdomingos.es/el-golpe-2024-1-0-a-por-el-poder-judicial/
[ii] https://bailedelosdomingos.es/empiezo-la-ruta-veraniega/