Estado de la cuestión

De la observación de la pirámide poblacional española del año 2023, se pueden extraer algunos datos relevantes, tales como:
- El saldo vegetativo es negativo, ya que se producen unas 115.500 muertes más que nacimientos cada año.
- Esta pirámide presenta una forma de BULBO, con una base reducida entre 0 y 4 años de menos de un 4 % y un porcentaje de mayores de 65 años muy alto en relación a la base de la pirámide.
- El índice de fecundidad en España es de los más bajos del mundo (1,12) dato que, junto a una tasa de mortalidad de 8,96 ‰, hace de la española una sociedad envejecida.
- Los tramos de edad de 45 a 54 años corresponden al fenómeno “baby boom” de final de los 60 y los años 70.
- El porcentaje de niños (0 a 14 años) respecto a la población total es solo del 13,04%, mientras que el porcentaje de mayores de 65 años es de 20,58 %, ya que en España se goza de una alta esperanza de vida.
- El número de nacimientos en 2023 fueron 320.656, 2,6% menos que el año anterior, un descenso que viene acumulándose año tras año. El indicador coyuntural de fecundidad[1] fue de 1,12, demasiado bajo para lograr la reposición de población.
- El número de mujeres en edad de procrear (de 18 a 49 años) en 2023 era de unos 9 millones (aproximadamente un 19 % de la población total), continuando con el descenso que se inició en 2009 debido a las generaciones menos numerosas nacidas durante la crisis de natalidad de los 80 y primera mitad de los 90.
[1] Es el número de hijos que tendría cada mujer a lo largo de su vida si se mantuviera en la población la misma intensidad en la fecundidad que la observada en ese año.


- A pesar de que tres de cuatro mujeres manifiestan que desean o hubieran deseado ser madres, se sigue elevando la edad en que las mujeres tienen el primer hijo, situándose en 32,1 años. En el caso de las españolas se retrasó a los 32,6 años, mientras las extranjeras también subieron hasta los 29,7 años.
- En cuanto a matrimonios de cónyuges de distinto sexo, 165.658 parejas contrajeron matrimonio, un 4,17% menos que en el año anterior. En el 20% de los matrimonios celebrados al menos uno de ellos era extranjero. Por su parte, un 3,9% del total de matrimonios registrados en 2023 correspondieron a parejas del mismo sexo.

La población activa (PA=ocupados y parados) en 2023 se cifraba en 23.889.656 millones de personas[1], de los que 2.707.456 eran parados según las dudosas cifras oficiales. La población inactiva (PI) era de 16.742.000 y por lo tanto la tasa de actividad era del 59% aproximadamente. Comparando estas cifras con la población dependiente (PD: 65<edad<15=16,9 millones) resulta una relación de población activa y dependiente de 1,41, lo cual es difícilmente soportable.
[1] https://www.ine.es/dyngs/Prensa/es/vsEPA2023.htm

- A 1 de enero de 2024 España contaba con 48.619.695 habitantes lo que supone que en los últimos años ha habido un incremento de población. De ellos 6.502.282 eran extranjeros, es decir un 13,4% de la población. Actualmente llevamos varios años incrementando el número de extranjeros, además habría que tener en cuenta el número de ellos que aún no están censados ni regularizados.
Ninguna de las observaciones anteriormente expuestas es positiva para lograr una adecuación de la situación demográfica a las necesidades poblacionales y socio-económicas que tenemos en España. No está asegurado el relevo generacional natural. Ni siquiera la inmigración y el índice de fecundidad de las mujeres extranjeras suponen una ayuda suficiente, aunque los dos últimos años dicho índice se ha recuperado del bajón de los años de crisis económica. En definitiva, la población presenta signos de envejecimiento, a medio plazo y largo plazo. También se puede pronosticar un descenso de población española a largo plazo si las circunstancias no cambian.
Al panorama actual se ha llegado a través de una evolución, en un principio lenta y luego casi vertiginosa, que no ha sido objeto de atención por parte de los responsables políticos, a pesar de que no pocos científicos, catedráticos, profesores y estudiosos de estas materias advertían de las tendencias que estaban siguiendo los indicadores demográficos.
Cómo se nos presenta el futuro
No tengo la intención de infundir pesimismo tras haber presentado los datos objetivos de la situación demográfica y de población activa actual, tampoco de provocar alarmismo al exponer las pirámides poblacionales de los años 2031, 2051 y 2061[1], aunque puedo suponer que, a la simple inspección de las figuras, cualquiera puede pensar que las proyecciones de futuro elaboradas por el CSIC no nos presentan un futuro nada tranquilizador.
(Pirámides poblacionales de 2031, 2051 y 2061)



[1] “Envejecimiento en red”, CSIC, http://envejecimiento.csic.es/estadisticas/hablando/index.html#piramides2
Aunque haya que huir de un excesivo alarmismo y de planteamientos que tengan un trasfondo político interesado y un inadecuado determinismo porque, como escribió el profesor titular de Geografía Humana de la Universidad Autónoma de Madrid, en su Análisis del Envejecimiento Demográfico, D. Julio Vinuesa Angulo: “….la prospectiva no debe imaginar el futuro como una línea única y predeterminada que prolonga el pasado. Por el contrario, ha de esforzarse en mirar hacia el futuro en su condición de múltiple e indeterminado. Al hacer valoraciones demográficas, sin embargo, es frecuente centrarse en las previsiones exclusivamente cuantitativas que resultan de la extrapolación de tendencias; por tanto, con un excesivo carácter determinista”.
Para valorar las consecuencias futuras de un proceso demográfico, sobre todo a largo plazo, hay que tener en cuenta que en el futuro el contexto sociopolítico y cultural seguramente será muy diferente al que ahora vivimos en muchos sentidos. Hay que considerar que se producirá la incorporación de un mayor número de mujeres al mercado de trabajo, que probablemente sea necesaria una mayor cualificación de la mano de obra, que la robotización habrá alcanzado cotas que no imaginamos, que posiblemente se haya alcanzado una mayor eficiencia de los sistemas productivos, etc.
Evidentemente el envejecimiento de la población es debido a una mayor y mejor asistencia sanitaria y seguramente en el futuro se producirá aún un mayor gasto sanitario, pero probablemente, se logre a una mayor calidad y eficiencia de la atención, por lo que se podrá atender a una población más longeva con un menor gasto relativo. Tampoco sabemos cómo se producirán los cambios en lo que a dependencia senil de refiere, seguramente la atención a los dependientes se hará mediante una combinación de actores públicos, de entidades privadas y de la familia. Lo único que está claro es que ya hay que mover ficha para tomar conciencia del futuro e ir preparando las transiciones adecuadas. Y, por lo que parece, no podemos ni debemos dejar todas esas decisiones y acciones en manos de los que actualmente presumen de dirigir este barco.
Fiar una buena parte de corrección de la situación demográfica futura a la inmigración es un error. La influencia de los movimientos migratorios del futuro es tan incierta, porque es difícil saber en estos momentos cómo será la situación de los países actualmente emisores, cuál será la de los países receptores y cómo se comportarán éstos ante los flujos migratorios dentro de 30, 40 o 50 años. Parece claro que las migraciones seguirán produciéndose en tanto las desigualdades y desequilibrios entre países ricos y pobres sigan estando presentes al nivel que lo están hoy día, sin que ningún nuevo elemento altere la situación. Pero hay que considerar que la intervención de adelantos en telecomunicaciones, en la robotización y en los transportes, sin duda alguna, alterarán la distribución espacial de los factores de producción y quizás de la riqueza, por lo que lógicamente los movimientos migratorios podrían cambiar, pero ¿en qué sentido? Y ¿hasta qué grado?
Cómo afrontar el futuro
Aunque pienso que la situación actual no es nada adecuada para asegurar un relevo generacional suficiente, ni para sostener en el futuro nuestro ya deteriorado estado de bienestar; por un lado aún estamos a tiempo de cambiar, por si acaso el futuro no se porta bien, algunas actitudes culturales y políticas para intentar paliar los efectos de esta sequía demográfica, aunque está ya claro que para eso tendremos que cambiar de patrones en este barco nuestro; y por otro lado no tengo porque pensar que el futuro no nos vaya a sorprender y al cabo de 40 o 50 años casi nada sea parecido a lo que suponemos y esperamos. No obstante, mucho deberá de renovarse la sociedad en el futuro, superando el excesivo individualismo, la cultura del máximo confort, del mínimo esfuerzo y de la subvención inmerecida (o corrompida), para decididamente apostar por la extensión y calidad de la formación, por la eficiencia de los medios de telecomunicación, de transporte, de producción y de los servicios, por las medidas para paliar los injustos desequilibrios sociales y por el decidido apoyo a la familia como primera célula social que, además de educar y aportar ciudadanos a la sociedad, contribuye junto a otros actores sociales al cuidado de los dependientes pequeños y mayores.
Es el momento de dejar de “no hacer política demográfica”, de dejar de lado prejuicios ideológicos trasnochados, de abandonar el seguidismo de mentalidades egoístas y aburridamente individualistas, para prestar atención a un gran problema que consiste simplemente en que:
“España, que resulta ser el menos poblado de entre los países «grandes» de la Unión Europea …….. Las causas inmediatas de este hecho son inequívocas: nacen cada vez menos niños y aumenta el número de fallecimientos”[1].
No todo se puede confiar al o al azar. Hay que hacer políticas adecuadas para prevenir lo que nos pueda llegar, manteniendo nuestras costumbres, mejorando nuestra particular forma de ser y vivir. Hay que emplear el dinero público que, al contrario de lo que dice la ministra de Hacienda, sí es de alguien, porque es de los españoles, en políticas pensadas para el pueblo, a largo plazo y con honradez. Hace poco, en un foro, una mujer de Sevilla, con toda la razón, naturalidad y una sencillez clarificadora, recordaba algunas de esas políticas que se han tenido olvidadas en España demasiado tiempo y que tienen que ver con los factores económicos, sociales y culturales que influyen en la decisión de tener hijos. Algunas propuestas de políticas eran:
1. Apoyo económico directo a la natalidad.
2. Mejora en la conciliación de la vida laboral y personal.
3. Reducción de costos asociados a la crianza.
4. Vivienda accesible.
5. Cambios culturales y de sensibilización para incentivar la natalidad.
6. Incentivos y apoyo laboral a mujeres que desean tener hijos.
7. Iniciativas específicas para mujeres y jóvenes.
[1] Julio Vinuesa Angulo.” ¿Alarmismo demográfico?, Revista de Libros, 63 (marzo de 2002) https://www.revistadelibros.com/articulo_imprimible.php?art=3602&t=articulos
¡¡¡Ahí es ná!!! A ver quien coge ese toro por los cuernos. A los políticos que se vienen relevando en el gobierno o apoyándole con sus variopintos Frentes Multicolores no les veo por la labor. Habrá que buscar algo nuevo, valiente y decidido.
1 comentario en “EL FUTURO DEMOGRÁFICO ESPAÑOL”
Excelente trabajo. Aporta información valiosa, desde un punto de vista objetivo sin la contaminación ideológica a la que estamos acostumbrados. Desgraciadamente no creo que la política cortoplacista propia de un sistema partitocrático aborde ningún tipo de medida pensando en más allá de las próximas elecciones.