12 de marzo de 2026 04:44

Blog sobre demografía y política

 «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los  remedios equivocados.»  Groucho Marx

LAS CUATRO COLUMNAS DE ESTE GOBIERNO

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Al fondo de la Avenida de la Reina María Cristina de Barcelona, justo detrás de la extraordinaria Fuente Mágica de Montjuic, se hicieron levantar no hace muchos años, por la obcecación nacionalista, cuatro columnas de estilo jónico, para restituir el monumento de las “Quatre columnes de Puig i Cadafalch”[1], icono de la catalanidad erigido en 1919 y derribado en tiempos de la dictadura de Miguel Primo de Rivera en 1928, supongo que con la intención de despejar las vistas hacia el Palacio Nacional, que iba a ser el edificio principal de la Exposición Internacional de 1929. 

La verdad es que las columnas no dicen absolutamente nada, a menos que uno esté tocado por la varita mágica del nacionalismo redentor y, además, interrumpen la vista del Palacio y la cascada que desciende desde la base del éste. Yo las llamo las cuatro columnas de la contumacia nacionalista. Este ejemplo de cómo se puede esconder una buena vista con un molesto obstáculo es totalmente aplicable a la actuación del gobierno de España actual. Una nación como la nuestra tan rica en historia, cultura, lenguas y paisajes, con unas gentes tan valiosas como diversas está siendo desfigurada, porque han plantado delante del observador exterior cuatro columnas, en las que la Moncloa está basando su proceder y con las que está rompiendo el paisaje. Estas columnas tienen nombre, son: la mentira, la ideología de género, el odio y la partitocracia.

MENTIRA

Antes y durante la campaña de las últimas elecciones el presidente Sanchez insistió, por activa y por pasiva, que no iba a formar gobierno con “los populistas”, como los llamaba él, tampoco iba a pactar apoyos parlamentarios con Bildu, o con los separatistas. Evidentemente mentía a todos los españoles, incluidos a muchos de los que le votaron, o bien se mentía a sí mismo. Da igual, MENTÍA.

Las mentiras que fue esparciendo durante la gestión de la crisis por la pandemia del COVID 19 fueron tantas y tan sonadas que fueron denunciadas hasta por la CNN. Mintió hasta incluso al referirse al momento en que el gobierno tuvo conocimiento de la peligrosidad del dichoso virus, grave asunto que se le extrañamente se le escapó al comedido Pedro Duque.

También prometió dar mayor importancia a las relaciones con el Parlamento y no abusar del empleo de los decretos ley, pero en cuanto ha descubierto esa posibilidad de evitar el proceso parlamentario habitual, o retrasar el control de la Cámara, ha abusado de ella como nadie antes. Durante esta Legislatura, el Gobierno de coalición ha usado el decreto 48 veces, frente a las 17 leyes y 9 leyes orgánicas.

Iba a garantizar una RTVE neutral, pero en cuanto llegó a la Moncloa entregó el Ente Público nada menos que a las huestes del liberticida Pablo Sanchez, que procedieron a la correspondiente purga y al desembarco de sus adoctrinadores.

Contrariamente a la transparencia prometida, ha aplicado el secreto oficial hasta para esconder los detalles de los viajes y veraneos del presidente junto a su familia y amigos. Además, se calculan unos 500 altos cargos colocados a dedo por Pedro Sánchez, o por influencia suya, sin control alguno, desde que ocupó la Moncloa, entre ellos su esposa.

 Podría seguir casi indefinidamente porque la mentira es consustancial a él, pero hay que hablar de las otras tres columnas.

IDEOLOGÍA DE GÉNERO

Es un conjunto de ideas que caracterizan al feminismo radical y que se potenciaron en Pekín, en 1995, en la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer.  En España empezó a tomar cuerpo con el cambio del concepto de violencia doméstica por el de violencia de género, en la ley del 2004 de Zapatero.

Hacía años que la izquierda había perdido el que antaño fuera su motivo de vida, la lucha de clases. Para poder seguir en la pomada de la política cambiaron la lucha de clases por la lucha de sexos, a pesar de que los avances del Estado del Bienestar no habían acabado con ciertas fracturas sociales. Convirtieron, entonces, con su habitual y chabacano machismo, a la mujer en la punta de lanza de esa nueva lucha con la que pretenden destruir el concepto de la naturaleza humana. Les da igual que sólo haya dos tipos de gametos y, por lo tanto, dos sexos distintos, para ellos ha desaparecido la identidad binaria de sexo. Para ellos la distinción entre hombre y mujer es un arquetipo social que tiene que ser eliminado, para alcanzar la igualdad total entre ambos, sin atender a las naturales diferencias.

Para alcanzar sus objetivos la ideología de género se afana por destruir los roles que conocemos en nuestra cultura dentro de las relaciones familiares, padre, madre, marido y mujer. Como consecuencia, precisa romper todo lazo con el cristianismo tan ligado a nuestra cultura, para hacer creer que el ser humano puede considerarse libre de las exigencias de su propio cuerpo, que puede construirse a sí mismo, como si fuera Dios.

Es una ideología que se apoya en el más absoluto subjetivismo y en la satisfacción permanente del deseo, aunque esté alejado de la realidad, de lo objetivo y de la naturaleza. Para eso se han creado los movimientos que apoyan el derecho al aborto, se ha desacreditado hasta extremos inconcebibles la maternidad y se deconstruye el idioma y todo lo que pilla por medio.

El caso es que, con todo este subvencionado circo, nos están escondiendo las insoportables desigualdades económicas, el consumismo dirigido y el control poblacional que preconizan las grandes corporaciones que pretenden el control global.

ODIO

El odio es un sentimiento deleznable, por supuesto, pero difícilmente se puede caracterizar como un delito ya que, según el Código Penal (CP) “Son delitos las acciones y omisiones dolosas o imprudentes penadas por la ley”. De ninguna manera los sentimientos son acciones u omisiones, en todo caso el odio podría ser considerado un agravante, como la nocturnidad, la alevosía o el abuso de autoridad. No obstante, los agravantes son circunstancias objetivas en las que es posible apreciar una mayor gravedad del daño causado con el delito y el odio, como tal sentimiento, es difícilmente objetivable. Por eso, dentro de las circunstancias que el CP enumera como agravantes en su artículo 22, la que ocupa el 4º lugar es:

“Cometer el delito por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo, edad, orientación o identidad sexual o de género, razones de género, de aporofobia o de exclusión social, la enfermedad que padezca o su discapacidad, con independencia de que tales condiciones o circunstancias concurran efectivamente en la persona sobre la que recaiga la conducta”.

Todas estas circunstancias pueden ser reconocidas de manera objetiva, no así el odio. Lo que sucede es que para los políticos de baja estopa es más fácil la simplificación, para manejar a la opinión pública a través de los medios de persuasión (como los llama, con razón, un amigo mío). Así, cualquier personajillo con ganas de medrar, o incluso otros que ya han llegado a lo más alto de la política, califican erróneamente de “delitos de odio” actos que solo suponen una manifestación, más o menos sonora y llamativa, contra sus posiciones políticas.

Dentro de poco, si entra en vigor la nueva Ley de Memoria (mal llamada) Democrática, cualquiera que diga que Juan Negrín y Francisco Largo Caballero fueron responsables del robo del oro de las reservas del Banco de España[2], posiblemente sea acusado por incumplir alguno de los preceptos de la citada Ley, incluso pudiera ser que, en el proceso, le aplicaran alguno de los agravantes del citado artículo 22 del CP. No digo ya la que le podría caer al que se atreva a decir que Franco murió habiendo dejado a España como 8ª potencia mundial

Están inundando los medios de adoctrinamiento (o de persuasión) de noticias sobre falsos “delitos de odio” cometidos por la “intolerante y bárbara derecha”, que después, en la mayoría de los casos, resultan haber sido cometidos por otro tipo de gente, o incluso ser denuncias falsas. La manipulación chabacana de esos casos llega a tal extremo que hasta el máximo responsable del gobierno anuncia, a bombo y platillo, que se va a poner al frente de la Comisión de Seguimiento del Plan de Acción de Lucha contra los Delitos de Odio, a causa del famoso caso del “bulo del culo” que tanto mareo causó al ministro de Interior. Lo primero que debería saber don Pedro es que, cuando se constituye una comisión, está asegurado que el problema no se va a resolver e incluso puede que se eternice. Lo siguiente es que no se puede lanzar tan alegremente a una piscina, si el que tenía que llenarla de agua era Marlaska.

A ver si se enteran, odio es el sentimiento que lleva a una persona a matar a un hombre por llevar unos tirantes con la bandera española, odio es lo que ofusca la mente de tal manera que se es capaz de apedrear a quien no piensa igual, odio es lo que hace que alguien queme la bandera que nos representa a todos, odio es lo que lleva a alguien a homenajear a un terrorista que tiene a sus espaldas más de 200 víctimas, de las que 39 están muertos. Y, casualmente, todos esos hechos ha sido cometidos por gente del entorno de la izquierda política y del racismo separatista, pero poco aireados por los medios de persuasión subvencionados.

PARTITOCRACIA

Aunque no es cuestión privativa del actual gobierno, puesto que nuestra democracia viene siendo maltratada desde hace muchos años, lo cierto es que el actual gobierno, con su presidente a la cabeza, se están distinguiendo por aprovechar los fallos del sistema para hacer de su capa un sayo y, si es posible, eternizarse.

Tengo la sensación personal de que, en gran cantidad de temas de importancia capital, existe una considerable distancia entre la actuación de los políticos y el sentir de una gran mayoría de los ciudadanos. Las Cortes Generales, Congreso de los Diputados y Senado, han perdido buena parte del poder que les atribuye un sistema parlamentario, como es teóricamente el nuestro, en favor de un poder ejecutivo cada vez más encarnado en la persona de un líder (o similar) de partido que, apoyado en los pocos militantes de carné, controla férreamente al partido y al grupo parlamentario correspondiente. La excesiva personalización del liderazgo en los partidos se ha traducido en el control exhaustivo del aparato dirigente y su organización entera y, mediante la disciplina de voto, en el control del grupo parlamentario olvidando que, según el Artículo 67.2 de la Constitución los miembros de las Cortes Generales no están ligados por mandato imperativo.

Para echarle más sal a la herida, nuestra ley electoral, hecha a medida de los partidos que estuvieron llamados a protagonizar la transición a la democracia, ha facilitado una situación, seguramente no prevista (¿o sí?), en la que partidos nacionalistas, guiados por intereses muy particulares, han logrado una representación desproporcionada en el Congreso de los Diputados que, además, en no pocas ocasiones, ha sido clave para que el partido en el poder lograra las mayorías parlamentarias necesarias para sacar adelante sus proyectos, previo pago del correspondiente chantaje.

Todo esto es congruente con lo que, según algunos, era el modelo de transición que se buscaba, que no era otro que aquel que consistía en desactivar la iniciativa popular, dejando inicialmente todo el proceso en manos del parlamento para luego, como en todos los sistemas parlamentarios “racionalizados”, pasar la iniciativa al ejecutivo. Solé Tura, del Partido Comunista Español (PCE), fue uno de los que más trabajó por hacer descansar el control del proceso de transición en el parlamento, no le gustaban las consultas populares, como a la mayoría de la izquierda, porque posiblemente no confiaban en la cultura política de la sociedad española y tampoco les interesaba mejorarla. 

Todos los partidos, y en particular la izquierda, han preferido bajar el listón, no empeñarse en el esfuerzo intelectual, ni en el análisis racional, han preferido la inmediatez ridícula del Twitter y las mentiras, o las verdades a medias. Esta tendencia ha llegado al extremo sumo en la actualidad, con unos dirigentes (eso se creen) que utilizan la demagogia más chabacana y el populismo macarra, ahorrándose el esfuerzo intelectual de convencer con la autoridad de los buenos argumentos a unos ciudadanos que deberían votar más con la cabeza, aunque también con corazón. Con esta forma de proceder no se corrige la presunta falta de cultura política de la sociedad española, sólo se logra que el pueblo tenga una idea negativa de la política, tan banalizada y empobrecida. Han convertido a la democracia en un mercado que oferta unos productos que, al cabo de poco tiempo, resultan defectuosos o que no responden correctamente a las expectativas. El ciudadano está decepcionado y se siente alejado de la posibilidad de participar, pero los políticos siguen a lo suyo sin rubor alguno. La democracia se ha convertido en partitocracia y la representación es, actualmente, una falacia. Pero esta situación es consentida, es más, es aprovechada por este gobierno, por sus apoyos parlamentarios y me temo que hasta por algún partido de la oposición. O les movemos de sus tronos o vamos apañados.

Zaragoza, 19 de septiembre 2021

LUIS BAILE ROY

 

 

 

 

 

 

 



[1]file:///C:/Users/lbail/AppData/Local/Temp/la_vanguardia_280106.pdf

[2]https://lapaseata.net/2021/09/14/del-oro-de-moscu/

 

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Luis Baile Roy

1 comentario en “LAS CUATRO COLUMNAS DE ESTE GOBIERNO”

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