EL BARQUERO Y EL ESTUDIANTE
No voy a insistir en las verdades que han puesto negro sobre blanco personas de una categoría intelectual fuera de toda duda; juristas de reconocido prestigio, categoría dentro de la que no cabe la cesante presidente del Consejo de Estado, por sentencia del Consejo General del Poder Judicial; asociaciones de jueces, fiscales, inspectores de Hacienda, etc. de distinta orientación ideológica, en el caso de tener alguna; personajes políticos de otros tiempos quizás mejores, que andan más abrumados que incrédulos, en sus viejas omisiones muchos de ellos llevan la pena.
Sería una temeridad por mi parte tratar de explicar, con la claridad, fundamento y elocuencia que lo han hecho todos ellos, la inconstitucionalidad de la ley de amnistía que pretenden aprobar el PSOE y su Frente Disolvente. Como lo sería intentar hacerlo en el caso del referéndum, tan ansiado por los independentistas de uno u otro signo o territorio. O pretender explicar la injusticia que supone conceder condonaciones de deuda y beneficios económicos o fiscales diferenciados a algunos territorios, por el hecho de contar con los escaños que precisa un personaje empeñado en lograr como sea la presidencia del gobierno de España, aun a costa de la mismísima España.
Pero si me atrevo a decir tres verdades profundas e incontrovertibles, que nadie podrá negar y que espero sirvan para que todos entiendan, de una vez, qué nos estamos jugando y con quién lo estamos haciendo. Tres verdades como las que un barquero le propuso a un estudiante que dijera, si quería pasar gratis el rio Tajo, desde el pueblo de Talaván al de Casas de Millán, en la alta Extremadura.
Según cuentan el lance pudo suceder, más o menos, de la siguiente manera: el estudiante, posiblemente de Salamanca y económicamente tieso, quiso pasar gratis el río y el barquero le propuso entonces que accedería a ello si le decía “tres verdades, tan profundas e incontrovertibles, que después de oírlas no pudiera abrir la boca, y si no acertaba a expresarlas en tales términos se quedaría en tierra”. Las tres verdades que propuso el estudiante fueron:
- “El pan duro, duro, es mejor que ninguno”. A lo que el barquero contestó que eso era una buena verdad.
- “El zapato malo, malo, es mejor en el pie que no en la mano”. También era esa una buena verdad para el barquero, que boquiabierto reconoció la profundidad de esta. Por lo visto, en aquel tiempo, había quien se quitaba los zapatos para pasar por lugares embarrados.
- “Y si a todos les cobra usted lo que a mí, ¿qué hace usted aquí?”. Al barquero la última de las verdades le pareció la más profunda y dijo que la tendría muy en cuenta, sirviéndole de lección en adelante.



MIS VERDADES
De igual manera que aquel estudiante, me voy a arriesgar a proponer tres verdades que, aunque en esta ocasión no se vayan a someter a la consideración de barquero alguno, espero que sean tenidas en cuenta por los lectores, muchos de los cuales, como es de suponer, no se van a quedar boquiabiertos porque están curados de espanto, aunque a otros puede que les venga bien pensar sobre ellas un rato. Sea como fuere, espero que a todos les parezcan tan profundas e incontrovertibles como las que dijo aquel estudiante que, al final, paso el rio gratis.
La primera es que: “Los partidos nacionalistas (léase independentistas) que existen en este país no pondrán nunca fin a sus reivindicaciones porque se han dado cuenta de que los partidos de gobierno en España no tienen la categoría necesaria, ni han sabido ni querido pararles los pies a tiempo”.
La segunda es: “Los partidos que han gobernado hasta ahora en España, grandes partidos de implantación nacional se han encerrado tras la línea trazada por sus supuestas ideologías, practicando un radicalismo irracional, prefiriendo el chantaje de los partidos independentistas a un pacto de estado con algún partido nacional oponente, en aras a lograr una gobernabilidad que no pusiera en riesgo la unidad nacional y la igualdad de los españoles”.
La tercera es que: “La manera en que un personaje que tiene la mentira como herramienta política habitual y que, además, está vulnerando y retorciendo hasta el límite la Constitución y los principios de la democracia liberal y burlándose de la soberanía nacional, va a lograr mantenerse en la presidencia del gobierno, es un síntoma evidente de que el sistema político español está corrompido gravemente”.
A PROPÓSITO DE ELLAS

Respecto a la primera proposición, recuerdo que debía correr el año 1968 cuándo un sagaz conocedor de la realidad política de la Cataluña de antes, durante y después de la Guerra Civil, tras contemplar lo que entonces no fue más que un aparentemente inocente incidente de carácter catalanista, me dijo “a estos les das un dedo y enseguida te cogen el brazo entero”. Eso es exactamente lo que han venido haciendo, con la cómplice pasividad de los gobiernos nacionales. Aquel anónimo sabio de la calle tenía razón, los conocía de largo. Los independentistas, siguiendo la hoja de ruta de uno de los mayores ladrones de esta tierra, han impuesto el catalán, empleado como arma política, en todos los ámbitos, incluso sacrificando la eficacia en no pocas ocasiones, a la vez que iban arrinconando al español. Han establecido un sistema en el que se han podido escudar sagas y familias corruptas, los de siempre, por cierto, mientras los gobiernos nacionales y sus fiscales miraban para otro lado. Han llegado a tener la deuda y el déficit más alto de todas las autonomías y ahora exigen la condonación de parte o del todo, es igual, es injusto sea como sea. Han logrado dar carta de naturaleza a una historia inventada, con el vergonzoso silencio de los gobiernos nacionales, de casi todos los partidos estatales e, incluso de la Real Academia de Historia; una historia que han escrito para ser germen de odio hacia lo español.
En cuanto a la segunda verdad propuesta, nunca hemos tenido en España la experiencia de ver un gobierno de coalición entre un partido de centro-derecha y otro de izquierda. La única vez en la que pudo alcanzarse un acuerdo de ese tipo fue después de la moción de censura a Mariano Rajoy, pero las dudas de unos y la radicalización que ya se veía venir en el seno del PSOE de Sánchez lo impidió. Nunca sabremos como podía haber salido de la frustrada experiencia, pero mejor que un pacto con partidos independentistas y comunistas seguro. Tengo entendido también que, tanto el mal logrado Casado, como hace poco Feijóo, ofrecieron en sendas ocasiones algún tipo pacto o acuerdo para facilitar la investidura de Sánchez sin que tuviera que echarse a los peligrosos brazos de los independentistas. El éxito de esos intentos está a la vista, ¡qué infelices! El PSOE, siguiendo su trayectoria histórica, ha preferido el “frentismo” sin tener en absoluto en cuenta el interés nacional, que ahora ha sustituido por el interés personal de su adorado líder.

Respecto a la tercera proposición que me he permitido hacer, no hay mucho que decir. Sólo el espectáculo de ver a los representantes del gobierno de España negociando en la “neutral Suiza” con los más abyectos políticos independentistas, en presencia de un negociador, al que Sánchez llama estúpidamente “acompañante”, es una afrenta a todo el pueblo español, como titular de la soberanía nacional y a Las Cortes Generales como depositarias de ella. Es un fraude de tal calibre que me dan ganas de calificarlo como de “traición”. Resulta que un negociador experimentado en “conflictos armados” en Sudamérica, va a “ayudar” en las negociaciones entre un Estado democrático (hasta ahora lo parecía) y un fugado en el capó de un coche, un tipo que, si es capaz de provocar un conflicto armado, él lo vería desde la barrera. Han ido a negociar, poniendo en riesgo la soberanía nacional, con un esperpento de hombre cuyo partido representa solo al 1,88 % de los votos a nivel nacional, que ha logrado unos escasos 7 escaños de los 48 del Parlamento catalán y que sus votos han descendido hasta los 395.429 de un censo electoral de 5.703.459, un descenso en el que también le acompaña el otro partido chantajista, ERC, que ha bajado casi a la mitad el número de votos logrados el 23 J. Y de esas “negociaciones” sobre no sé qué conflicto saldrá una amnistía a todas luces anticonstitucional e injusta y posiblemente un referéndum de autodeterminación, como si Cataluña fuera una colonia, igual que lo fue el Congo, por ejemplo. Vaya comparaciones, ¿verdad? Por cierto, puestos a comparar, recuerdo que en el Sahara siguen esperando un referéndum de autodeterminación que, aun estando ajustado al derecho internacional, este sí, la ONU no ha logrado realizarlo. ¿Pondrá esta organización mundial a Cataluña en la lista de países colonizados a la espera de referéndum?
Debemos estar locos en este país, pero si esto sigue adelante, si nadie para los desmanes de un desmadrado Pedro Sánchez y de toda su ciega patulea del PSOE y asociados, vamos a acabar como una especie de pobre confederación celtibérica asociada a Venezuela o algo parecido. Por de pronto ahí están los de las nueces y el nogal esperando lo que salga de Suiza, para ver si ellos hacen lo propio, quizás en Escocia. Veremos como termina esta historia. Estas son las verdades del barquero, gusten o no.